Monthly Archive enero 2019

PorPedroHoyos

La Clave (1978) ¿Hay locos? (vídeo)

La clave, el mítico programa de debate de TVE presentado por José Luís Balbín, se atrevía en esta ocasión de 1978 con la cuestión, siempre incómoda, de la locura.

¿Un loco es un enfermo? “La locura siempre es en relación con los demás” se dice en un momento de las tres horas de debate.

Intervienen los psiquiatras Juan José Lopez-Ibor, Antón Seoane, Franco Basaglia y Kenneth Dewhurst; además del escritor Jose María Gironella, Víctor Conde Rodelgo (subdirector general de servicios hospitalarios) y el Dr. Valentín Corcés Pando (presidente de la Sociedad Española de Neuropsiquiatría).

El debate trasciende el ámbito académico y ubica la locura en una dimensión política, económica, social y cultural. La enfermedad viene al “no poder expresar la propia subjetividad” dice Franco Basaglia, una de las figuras históricas más críticas y brillantes de la psiquiatría. Decía Basaglia en su libro La utopía de la realidad (1972):

“Si esta relación de dominación [dominación de clase] está en la base de la relación entre hombre y hombre, ¿cómo suponer que la relación terapéutica entre médico y paciente está exenta del componente de clase implícito en toda relación social? ¿Y cómo hablar de profilaxis psiquiátrica si uno de los lugares más nocivos para la salud del ciudadano es la institución médica (hospitales, ambulatorios, dispensarios, centros de higiene mental) donde rige, en todos los niveles, la relación de dominio y de abuso implícita en la estructura de nuestra sociedad? Desde el momento en que las instituciones creadas y programadas por la prevención (primaria, secundaria, terciaria) son las mismas reproductoras de enfermedad, la prevención no sirve más que para confirmar la función de las instituciones como instrumentos de control a través de la enfermedad que, por lo tanto, será alimentada en vez de curada”.

Las ciudades son grandes manicomios

En una línea similar Antón Seoane afirma que la sociedad no quiere admitir que las ciudades son grandes manicomios. En su experiencia en el hospital psiquiátrico de Conxo encontró que a la sociedad santiaguesa le molestaba el hospital. En diferentes momentos del debate, Basaglia, Corcés Pardo o Seoane, insisten en una visión del hospital psiquiátrico como un centro de reclusión de marginados, de los económicamente pobres, o quizás de los que incomodan a los considerados normales. Pero lo que en un tiempo o sociedad se considera normal, en otra puede no serlo, y nuestra sociedad no ofrece vías para que estas personas puedan encontrar un lugar.

No se puede hacer medicina sin política

¿Los hospitales psiquiátricos son, siguiendo esta línea de pensamiento, contraproducentes? ¿Qué es un loco? ¿La enfermedad se debe a una anomalía orgánica o a una anomalía social? Kenneth Dewhurst se inclina por la primera. ¿Se puede tratar la locura eliminando el contexto social? Basaglia nos recuerda que no se puede hacer medicina sin política. ¿Son los locos realmente peligrosos? López-Ibor afirma que estadísticamente los considerados locos son menos violentos que los considerados normales. Sin embargo pareciera que les tenemos miedo, ¿por qué?.

El escritor Jose María Gironella, que pasó por un diagnóstico de depresión nerviosa, argumenta que en la psiquiatría occidental le faltó la parte afectiva, que sí conoció en los psiquiatras orientales.

Distintos puntos de vista en un debate profundo, de los que lamentablemente ya no se dan en TV. Demostración, a su vez, de lo mucho que nos condiciona el marco teórico del cuál partimos a la hora de identificar fragmentos de la realidad. Corcés Pando dice: “El grado de formación (deformación) condiciona la actitud hacia el enfermo”.

En definitiva, uno de los mejores episodios de La clave, que lo disfruten.

PorPedroHoyos

El dilema de “Hey Joe”, la canción popularizada por Hendrix, sobre la violencia de género y la destructividad humana

A mis colegas no les interesaba nada en absoluto tratar de comprender las causas de la violencia; por tanto, no les interesaba reducir la violencia, sino que parecían experimentar cierto placer imaginándose la soga en torno al cuello de Joe mientras predicaban contra la maldad humana.

Eran los años 60 y corrían tiempos más benévolos con la libertad de expresión, tanto es así que canciones que planteaban situaciones de violencia contra la mujer de una manera cruda, como Hey Joe, no suponían ningún conflicto para las feministas de entonces.

En la canción Joe mata a su mujer porque esta le engaña con otros hombres. Una vez perpetrado el crimen el Estado busca a Joe para colgarle.

Pueden escuchar la interpretación de Hey Joe que hizo Hendrix en el siguiente enlace, con la letra subtitulada al español.

A finales de los 90, siendo yo un adolescente, plantee a mis colegas de entonces el dilema que me sugería esta canción:

¿Qué es moralmente más reprobable, la mujer de Joe por engañarle con otros hombres, Joe por matar a su mujer, o el Estado por disponer que Joe debe ser colgado?

Sin dudarlo mis colegas señalaron a Joe como fuente de todo mal, y más que el acto, condenaron a la persona (en este caso personaje ficticio). Aquí comprendí, de forma cristalina, que mis compañeros, tan de izquierdas, eran una caterva de reaccionarios, como después el tiempo me demostró sobradamente.

La principal característica del reaccionario: el goce que experimenta dando rienda suelta a su pulsión de muerte.

Y es que, lo que se deduce aquí, son una serie de asuntos de no poca importancia. Para empezar, a mis colegas no les interesaba nada en absoluto tratar de comprender las causas de la violencia; por tanto, no les interesaba reducir la violencia, sino que parecían experimentar cierto placer imaginándose la soga en torno al cuello de Joe mientras predicaban contra la maldad humana. Esta es, a mi juicio, la principal característica del reaccionario, el goce que experimenta dando rienda suelta a su pulsión de muerte. El reaccionario suele ser una persona con escaso conocimiento de su mundo interior, por tanto, impermeable a la detección y autocrítica de sus impulsos violentos. Tal como indicaba el psicoanalista Wilhelm Reich en Psicología de masas del fascismo, las características reaccionarias están determinadas por la estructura de personalidad del individuo, y menos por su filiación política, a la izquierda o a la derecha. Se habla siempre de la educación, sin duda pieza básica de toda sociedad, pero nunca se habla de la crianza, y la crianza es la primera piedra de la personalidad.

La pulsión de muerte, conceptualizada por Freud en Más allá del principio del placer (1920), es un impulso destructivo que va más allá de una economía pulsional que busque placer e intente evitar el dolor. En la destrucción de la pulsión de muerte puede haber sufrimiento, mucho sufrimiento, pero también un goce inconsciente en ese sufrimiento.

Si nuestra sociedad no está preparada para el ateísmo, destruir el catolicismo, sin ofrecer nada mejor a cambio, es potencialmente destructivo.

Esto me lleva a pensar, desde mi ateísmo, sobre el papel que jugaba el catolicismo en España como freno a esta destructividad. No olvidemos que el pilar fundante del cristianismo, y sin embargo el más olvidado, es el dogma de la gracia divina: Cristo pagó con la crucifixión por nuestros pecados. Este mecanismo cultural de redención es no poco importante para equilibrar la destructividad humana. Y es que, si nuestra sociedad no esta preparada para el ateísmo, destruir la preponderancia del catolicismo sin ofrecer nada mejor a cambio, es potencialmente destructivo.

Los medios de comunicación, libres del freno moral de una cultura católica, han dado rienda suelta a ideologías posmodernas que canalizan la destructividad hacia instituciones fundantes de nuestra sociedad, como la familia o la nación. La primera nos provee de amor y estabilidad para construirnos como individuos, de la segunda emanan nuestros derechos ciudadanos.

Para terminar, no olvidemos tampoco, que la opinión pública está muy determinada por la opinión publicada.

PorPedroHoyos

Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock. Análisis psicoanalítico (video y película online)

Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock, considerada como una de las mejores películas de la historia del cine, es también una de las más enigmáticas. La historia da comienzo con un hecho traumático. El detective Scottie (James Stewart), persigue a un presunto criminal por los tejados de San Francisco, al saltar a otro edificio queda colgado de la cornisa. Su compañero trata de ayudarlo pero cae en el intento. Su compañero muere y Scottie sobrevive, pero traumatizado, desarrolla una acrofobia con un intenso vértigo. La sombra que cae al vacío de una espiral, el cartel de la película, nos abre a lo enigmático del inconsciente.

Ver video (duración: 8 minutos)

Para ver la película online.

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