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PorPedroHoyos

Joker, una película reaccionaria

En la época de subversión de valores en que vivimos, una película como Joker (Todd Phillips, 2019), se considera de izquierdas, mientras que El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008), se considera de derechas. ¿Por qué?

Es preocupante leer o escuchar algunas opiniones que se vierten sobre esta película, opiniones que tratan al Joker como un héroe de los oprimidos. En Taxi Driver (Scorsese, 1976), ocurrió un fenómeno parecido, parte del público ensalzaba a Travis por el crimen cometido (recordemos que en la aclamada película el personaje interpretado por el fulgente Robert De Niro se cargaba a unos proxenetas que explotaban sexualmente a una menor). Scorsese no dejó de manifestar su preocupación ante este fenómeno, pues lo que él pretendía mostrar era todo lo contrario, el horror de la violencia y lo execrable de un tipo que se toma la justicia por su mano. Como proponía Sartre ¿qué ocurriría si todos hiciéramos lo mismo? Pero era comprensible y literariamente coherente que las masas empatizasen con un tipo que pretendía eliminar a tipos tan execrables. Y en todo caso, la responsabilidad de Travis por sus actos no era eliminada del discurso, ni su personaje era victimizado.

En Taxi Driver había una coherencia, el guion de Paul Schrader era magistral. Un espectador sensible podía contactar con el infierno del personaje y horrorizarse en él, al tiempo que salía del cine espiritualmente fortalecido. Pero, mientras que en el cine de Scorsese siempre hay una estructura moral (que no moralina) que no exime de responsabilidad al personaje para con sus actos y el espectador, en Joker no existe nada de esto, o sencillamente esta estructura moral está subvertida. El personaje que interpreta Joaquin Phoenix es psicológicamente plano, sin conflictos de ningún tipo. Sólo unos apuntes de guion bastante ramplones sirven para tratar de justificar sus actos: sufrió abusos de pequeño, su madre los toleró, etc. Pero queda impostado, artificial, una caricatura y no un ser humano con la sangre puesta a hervir. Travis trataba de suicidarse después de cometer los asesinatos, en El Joker hay un claro guiño a Taxi Driver cuando ensaya su suicidio de la misma forma en que lo intentaba Travis. Pero finalmente El Joker no se suicida, en lo que es un giro de guion que hace aguas, que de nuevo solo se podría justificar, impostadamente, por el éxito de sus actos en el reflejo de la masa. Pero la estructura psicológica del Joker no tiene conflictos, ni pies ni cabeza, alguien que sufría de una personalidad disociada no puede eliminar de un plumazo su parte “Happy”, sin que quede rastro de ella. Esto es lo que sí resulta perturbador en la película, pero por estar mal hecha, por carecer de una visión humana sobre los personajes. Aquí estaría, a mi juicio, el pivote de la subversión moral de la que hablo.

En El caballero oscuro, a diferencia de Joker, sí hay un contacto, aunque sea al nivel de cómic, con la indefensión y la carencia de las masas, las masas aterrorizadas son manipuladas y pueden elegir malos líderes. Emociona su indefensión, sus tendencias violentas o reaccionarias, la sangre se pone un poquito a hervir. Batman se equivoca creyendo que, existiendo en Gotham un fiscal fuerte y honrado, su labor ya no tiene objeto. No puede existir Ley sin una fuerza coercitiva que la imponga. ¿Batman es de derechas? ¿El personaje que trata de llegar a un Estado de Derecho donde todos seamos iguales ante la ley, donde no se imponga la ley del más fuerte, incluida la suya propia, es de derechas? ¿Entonces qué narices es ser de izquierdas hoy día?

Películas de temáticas parecidas como El club de la lucha (David Fincher, 1999) o Network (Sidney Lumet, 1977), de las cuales sin duda también bebe Joker, no carecían de lo que sí carece Joker. Network profundizaba como pocas en la deshumanización de las relaciones en la posmodernidad, y El club de la lucha nos ofrecía una visión distópica en la que se daba rienda suelta a la más pura pulsión de muerte. Joker, por el contrario, no es ya una crítica al posmodernismo, sino que parece surgida del propio caldo ideológico de nuestros días. La rebelión de las masas en Joker no emociona, ni tiene coherencia. El Joker no es Travis, no ha matado a unos malditos explotadores de menores. Ni siquiera se han molestado en crear algún personaje que simbolice a las masas. Tanto El Joker como las masas son tratadas, en la visión de Todd Phillips, de la misma manera en que se trata hoy día a las llamadas minorías oprimidas: victimizándolas, y, por tanto, eximiéndolas de toda responsabilidad por sus actos. En definitiva, las deshumanizan, infantilizan y tutelan, sustituyendo la autoridad tradicional por otra peor. Es tan caricaturesco que no hay en Joker un verdadera comprensión del dolor humano, del origen de la violencia, o una perturbación emocional al contacto con algo que no entendemos pero que sentimos como propio, eso que a veces llamamos la condición humana. Sólo hay una mirada victimizadora que está a oscuras por la ideología.

Mientras que a Travis se le considera un personaje fascista, al Joker se le considera, bajo el paradigma ideológico actual en el cual se inscribe la película, una minoría oprimida. Travis parece tener cierta animadversión por las ahora llamadas minorías oprimidas, El Joker es sin embargo una minoría oprimida. Ambos sufren unas vidas terribles marcadas por la violencia, pero a uno se le considera un asesino fascista por matar a unos proxenetas, y al otro, que ha asesinado incluso a su propia madre, se le considera una víctima. Paradojas de la subversión de valores. Subversión que, como se puede comprobar, es no poco peligrosa y perversa.

Este constante ataque a la autoridad, a la Ley y el Orden, está desestructurando a los niños, pues se empieza a considerar que toda imposición paterna es opresión hacia el menor. La subversión perversa de valores llega a considerar como derechos del menor lo que en verdad es maltrato. Bajo esta ideología no se puede comprender el dolor humano ni ofrecer un bálsamo al mismo. Que Joker no es perturbadora lo demuestra su éxito de masas en taquilla. El ser humano tiende a cargarse al mensajero cuando este trae malas noticias del interior de su psique, no a hacerle rico mientras come palomitas. Joker tiene algunas bondades fílmicas, quizás se recuerde por la actuación de Joaquin Phoenix, pero no merece estar en el Olimpo si no queremos degradar peligrosamente nuestros criterios y nuestra visión moral del mundo. Parece que ahora ser un reaccionario ya no es casposo, es ser cool, estar en la honda.

PorPedroHoyos

Psicología de masas en el siglo XXI

El sistema de producción, por su propia lógica de crecimiento, va llenando con productos todos los huecos que angustian al ser humano. ¿Te angustia envejecer? Te ofrecemos cirugía. ¿Te angustia no tener éxito social? Te ofrecemos un coche. ¿Te angustia no pertenecer? Te ofrecemos diferentes ideologías identitarias. Y si no te angustias, te intentamos angustiar. ¿Cómo? Instaurando un Ideal inalcanzable, obligándote a ser feliz.

La caída de las grandes doctrinas universales ha dado paso al auge de ideologías sectarias.

“Las ideologías son sistemas de conceptos e ideas socializadas y vinculadas a los intereses gremiales y particulares de un grupo concreto. Hay que entender entonces que todo discurso ideológico se fundamenta en el uso de una racionalidad acrítica y adulterada, y que por configurarse en oposición a otros grupos sociales suele tener como finalidad el escarnecimiento público del contrario y su destrucción” (Hernández, 2018).

La ideología es un discurso que sostiene el síntoma (entendiendo por síntoma aquel efecto visible que remite a una posición inconsciente) y cierra la pregunta que abre todos los interrogantes angustiosos, la pregunta por la responsabilidad personal: ¿qué me pasa y qué puedo hacer con lo que me pasa?.

Pueden continuar leyendo el artículo AQUÍ.

 

PorPedroHoyos

El duelo. Dificultades actuales.

El sistema de salud mental forma parte del problema de la salud mental, y muy especialmente en la cuestión de elaboración de duelos. El mero hecho de hablar con este lenguaje clínico que impone patologías cierra, de algún modo, el discurso de la propia persona, eliminando su subjetividad. Muchos han llegado a creer que modificando pautas de conducta es suficiente para elaborar un duelo complicado y esto no es así. Abundando más, la ideología que subyace en los libros de autoayuda es, a mi juicio, represiva, pues nos hace creer que modificando el pensamiento consciente y determinadas pautas de conducta, nos sentiremos bien. ¿Qué ocurre cuando esto no se da así?

En el momento presente los tiempos de espera se han acortado o eliminado, vivimos en el tiempo de la inmediatez, se nos ha desacostumbrado a esperar. A una semana de la pérdida los pacientes ya vienen medicados con antidepresivos. El medicamento disminuye los síntomas, lo que nos permite seguir funcionando, seguir produciendo, pero también nos impide elaborar el duelo: sentir dolor, pensar en la persona amada, poder ligar la elaboración intelectual con la parte afectiva y crear un sentido.

La psiquiatría, y en parte también la psicología hegemónica, ha patologizado procesos normales que forman parte de la vida. En la tercera edición del Manual de Diagnósticos Psiquiátricos (DSM-III), del año 1980, el diagnóstico de depresión quedaba excluido si la persona padecía síntomas depresivos a consecuencia de un duelo. Este criterio se modificó arbitrariamente en la cuarta edición del manual, publicado en 1994, en este momento se considera depresión si los síntomas acaecidos por un duelo persisten más de dos meses. Es decir, si por ejemplo tu pareja ha fallecido y tu estado de ánimo depresivo dura más de dos meses, técnicamente tienes un trastorno depresivo mayor. Esto, que a todas luces es un disparate, no terminó aquí, pues en la última y más reciente edición del manual, la número V, ya no existe el criterio eximente por duelo. Es decir, que estar decaído por la muerte de una persona querida, no se considera normal y natural, sino un trastorno psicopatológico. Puedes ser diagnosticado y medicado solamente con padecer síntomas depresivos durante dos semanas.

A mi juicio, el sistema de salud mental forma parte del problema de la salud mental, y muy especialmente en la cuestión de elaboración de duelos. El mero hecho de hablar con este lenguaje clínico que impone patologías cierra, de algún modo, el discurso de la propia persona, eliminando su subjetividad. Muchos han llegado a creer que modificando pautas de conducta es suficiente para elaborar un duelo complicado y esto no es así. Abundando más, la ideología que subyace en los libros de autoayuda es, a mi juicio, represiva, pues nos hace creer que modificando el pensamiento consciente y determinadas pautas de conducta, nos sentiremos bien. ¿Qué ocurre cuando esto no se da así? La persona se culpabiliza y se hunde. Además, este pensamiento, ya tan extendido en nuestra sociedad, guarda cierta relación con la doctrina de la predestinación del irracionalismo calvinista, pues al final se concluye que cada cuál tiene lo que se merece, de tal forma que ya nadie escucha el sufrimiento del otro, sino que meramente se concluye que si esta mal es porque quiere. Esto es, sencillamente, atroz.

Muchos factores influyen en la elaboración del duelo, facilitándolo o haciéndolo más complicado.

El dolor del que se siente abandonado, sobre todo si el abandono es sorpresivo, (el duelo es más fácil si la pérdida no es inesperada), es como si volviera a sentir todos los rechazos de su vida. Si el abandono se produce por internet, sin dar la cara, sin permitir al rechazado replicar o preguntar lo que necesite, le deja en un lugar pasivo de incomprensión. Pueden surgir autorreproches, culpa y rumiaciones, que hacen muy difícil poner concentración en otras actividades.

A veces un duelo menor hace de anzuelo para un duelo más importante anterior, y la persona no se explica por qué tanto dolor.

Si el dolor nos desborda se produce un estancamiento de energías sin vía de salida, la carga aumenta, y puede haber carga de sucesivos duelos que no pudieron ser elaborados. Sencillamente puede ser algo insoportable que produce mucha angustia, se generan síntomas para tratar de canalizarlo. El duelo complicado puede dar lugar a la depresión, que sería el parón del deseo, del motor de la vida. En este punto sería absolutamente normal que se dieran ideaciones suicidas. Freud lo expresaba en Duelo y melancolía con su famosa cita “una sombra cae sobre el yo”.

Hay personas amadas que pueden ser insustituibles (o parecérnoslo), forman parte de nuestra identidad tan profundamente, que su falta nos produce una desgarradora herida narcisista. “La risa de mi hijo. He perdido la risa de mi hijo”, se lamentaba Francisco Umbral en Mortal y Rosa, su novela lírica sobre la pérdida física de su hijo pequeño. Idealizar a la persona que ya no está o culpabilizarnos por la pérdida, son formas de retener a la persona amada. Decía el poeta Antonio Machado en Yo voy soñando caminos:

En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
“ya no siento el corazón”.

Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.

En terapia tratamos de resignificar la experiencia, dotándola de sentido, hacemos un relato de lo sucedido, lo metaforizamos, esto permite desalojar dolor. En este sentido la experiencia del exfutbolista Santiago Cañizares me parece muy enriquecedora. Su relato completo se puede ver en el siguiente vídeo. El matrimonio perdió a un hijo pequeño, el sentido que le dieron a la pérdida no puede ser más bello y es indudable que les ayudó a sobrellevarlo.

Entramos aquí en la importancia de los recursos de los que dispone la persona sufriente: la disponibilidad y calidad de sus vínculos con seres queridos, con personas de apoyo con las que pueda resignificar, su nivel socioeconómico, su capacidad cognitiva, etc. La soledad, que en las sociedades occidentales crece enormemente, es, que duda cabe, un factor de riesgo.

Para Darian Leader el proceso de duelo está desapareciendo. No estamos dispuestos a escuchar. Muchas personas parecen volcar sus necesidades de amar y ser amados con sus mascotas, o con el nuevo ramillete de identidades políticas, que no dejan de ser vínculos de enorme fragilidad. Una mascota no podrá darles la comprensión y calidez de un ser humano. Sin la experiencia del vínculo se pierde el sentido de la vida. El ser humano no puede pretender reconocerse en el reflejo de una pantalla o en los ojos de un animal. Sólo un ser humano puede reconocer a otro.

La ausencia de ambivalencia, para la psicoanalista Pilar Nieto, complica el proceso. Por ambivalencia entendemos que la persona pueda sentir tanto las emociones de amor como las de odio. Especialmente preocupante es si el odio se vuelca contra uno mismo, con constantes auto-denigraciones. Es necesario poder expresar agresividad hacia fuera, de una manera no lesiva.

Cada experiencia personal es única, ¿qué pérdida original se está repitiendo? Toda ausencia nos remite a nuestras ausencias primordiales, a veces a aquello que nunca se tuvo, a los objetos que no pudieron interiorizarse, a las deprivaciones afectivas. Lo que para unos supone miedo, para otros supone terror. Lo que unos consiguen sobrellevar, a otros les impide seguir. Estamos constantemente elaborando duelos: por la pérdida de la inocencia, por la pérdida de amigos, por la pérdida de ilusiones, de trabajos, pero la peor pérdida es la del sentido, la de la capacidad de crear, de sentir. En una melancolía psicótica severa, precisamente, se deja de sentir. Ya no hay dolor, pero tampoco vida. Si la cosa se pone fea, como decía Sartre, a veces es necesario obrar sin esperanza, caminar a tientas, recomponerse con los restos del naufragio, pero sobre todo pedir ayuda, sublevarse contra los discursos del sistema, contra todo aquello que rompe vínculos, que desune a la gente.

Imagen

Adiós (1892), de Alfred Guillou.

PorPedroHoyos

Ingeniería social ¿Cómo nos manipulan? (vídeo)

La gente se siente culpable por estar mal, por estar triste, por necesitar cogerse una baja, por llorar, por tener un ataque de nervios, por decir algo políticamente incorrecto, incluso por enamorarse. Quizás deberíamos empezar a preguntarnos si las ideologías posmodernas, que tanto preconizan derechos y libertades, no están en realidad disfrazando, con sus palabras tan políticamente correctas, una novedosa ingeniería social para reprimir, de nuevo, a las masas.

Así como un pez no es consciente del medio acuoso que le rodea, el ser humano no repara en el maremágnum de identificaciones e influencias que le invaden insidiosamente.

Duración 15 minutos

Fuentes.

https://www.hoy.es/sociedad/realidad-suicidio-infantil-20180923222659-ntrc.html

https://www.mayoresudp.org/wp-content/uploads/2017/03/Informe-sobre-el-Estado-Social-de-la-Naci%C3%B3n.pdf

El estadio del espejo. Jacques Lacan.

El género en disputa. Judith Butler.

Manipulación periodística de la ocurrido en Puente Llaguno (11-04-2002)

 

Música.

Hang Massive. Once again (hang drum duo 2011)

Baba Zula. Abdülcanbaz

 

Imagen.

Daido Moriyama. Imitation (1995)

 

PorPedroHoyos

¿Cómo tratar a una persona que está sufriendo? El poder de la empatía (vídeo)

La empatía es una elección, y es una elección vulnerable, porque para poder conectarme contigo tengo que conectarme con algo en mí mismo que reconozca ese sentimiento.

El poder de la empatía es un cortometraje animado (de menos de 3 minutos), basado en una conferencia de Brené Brown sobre la empatía. Constituye, a mi juicio, una excelente guía para aquellos que desean ayudar a familiares o personas queridas que se encuentran en un momento de crisis del cual no pueden salir, pero también como pautas a tener en cuenta para poder comunicarnos entre nosotros, (estemos en crisis o no).

Es importante asimilar ciertas pautas porque la ayuda, si no se da bien, puede causar más daño. La regla número 1 es no pretender ayudar a quien no te lo está pidiendo, quizás el impulso corresponde a tu propia angustia, no a la suya, quizás puede sentir su amor propio herido. El corto muestra ejemplos cotidianos, pero, en ocasiones, las personas que más sufren, o cuyo sufrimiento es más complejo, se encuentran no sólo con la incomunicación sino con juicios severos o rechazo a su persona, lo que, lógicamente, empeora la situación.

 

Guión.

 

¿Qué es la empatía y por qué es muy diferente a la simpatía?

La empatía alimenta la conexión.

La simpatía lleva a la desconexión.

 

Theresa Wiseman es una erudita en enfermería que estudió varias profesiones en las que es importante la empatía.

Propuso 4 atributos de la empatía:

 

1.Tener perspectiva. Poder tomar la perspectiva de otra persona o reconocer esa perspectiva como la verdad de esa persona.

2. No emitir un juicio (No es fácil, con lo que disfrutamos haciéndolo).

3. Reconocer las emociones de la otra persona.

4. Comunicárselo.

 

La empatía es ser sensibles con las personas. Siempre pienso en la empatía como una especie de espacio sagrado. Cuando alguien está atrapado en un agujero profundo y grita desde el fondo, diciendo:

 

“Estoy atrapado, está oscuro, estoy abrumado”.

Bajamos, miramos y decimos:

“Oye, yo sé cómo es estar aquí abajo y no estás solo”.

 

La simpatía es:

 

“¡Uh…! Qué mal, ¿no? ¿Quieres un sándwich?”.

 

La empatía es una elección, y es una elección vulnerable, porque para poder conectarme contigo tengo que conectarme con algo en mí mismo que reconozca ese sentimiento. Casi nunca, o nunca, una respuesta empática comienza diciendo:

 

“Por lo menos…”.

 

Y lo hacemos todo el tiempo. ¿Saben por qué? Alguien acaba de compartir algo muy doloroso con nosotros y nosotros tratamos de ver lo positivo del caso:

 

– “Tuve un aborto espontáneo”.

– “Al menos sabes que puedes quedarte embarazada”.

– “Creo que mi matrimonio se está derrumbando”.

– “Al menos tienes un matrimonio”.

– “A John lo van a echar del colegio”.

– “Al menos Sara saca en todo diez”.

 

Pero una de las cosas que hacemos a veces ante conversaciones difíciles es tratar de mejorar la situación. Si comparto algo muy difícil contigo preferiría que digas:

 

“No se qué decir, pero gracias por contármelo”.

 

Porque la verdad es que casi nunca una respuesta puede mejorar la situación. Lo que mejora la situación es la conexión.

PorPedroHoyos

La Clave (1978) ¿Hay locos? (vídeo)

La clave, el mítico programa de debate de TVE presentado por José Luís Balbín, se atrevía en esta ocasión de 1978 con la cuestión, siempre incómoda, de la locura.

¿Un loco es un enfermo? “La locura siempre es en relación con los demás” se dice en un momento de las tres horas de debate.

Intervienen los psiquiatras Juan José Lopez-Ibor, Antón Seoane, Franco Basaglia y Kenneth Dewhurst; además del escritor Jose María Gironella, Víctor Conde Rodelgo (subdirector general de servicios hospitalarios) y el Dr. Valentín Corcés Pando (presidente de la Sociedad Española de Neuropsiquiatría).

El debate trasciende el ámbito académico y ubica la locura en una dimensión política, económica, social y cultural. La enfermedad viene al “no poder expresar la propia subjetividad” dice Franco Basaglia, una de las figuras históricas más críticas y brillantes de la psiquiatría. Decía Basaglia en su libro La utopía de la realidad (1972):

“Si esta relación de dominación [dominación de clase] está en la base de la relación entre hombre y hombre, ¿cómo suponer que la relación terapéutica entre médico y paciente está exenta del componente de clase implícito en toda relación social? ¿Y cómo hablar de profilaxis psiquiátrica si uno de los lugares más nocivos para la salud del ciudadano es la institución médica (hospitales, ambulatorios, dispensarios, centros de higiene mental) donde rige, en todos los niveles, la relación de dominio y de abuso implícita en la estructura de nuestra sociedad? Desde el momento en que las instituciones creadas y programadas por la prevención (primaria, secundaria, terciaria) son las mismas reproductoras de enfermedad, la prevención no sirve más que para confirmar la función de las instituciones como instrumentos de control a través de la enfermedad que, por lo tanto, será alimentada en vez de curada”.

Las ciudades son grandes manicomios

En una línea similar Antón Seoane afirma que la sociedad no quiere admitir que las ciudades son grandes manicomios. En su experiencia en el hospital psiquiátrico de Conxo encontró que a la sociedad santiaguesa le molestaba el hospital. En diferentes momentos del debate, Basaglia, Corcés Pardo o Seoane, insisten en una visión del hospital psiquiátrico como un centro de reclusión de marginados, de los económicamente pobres, o quizás de los que incomodan a los considerados normales. Pero lo que en un tiempo o sociedad se considera normal, en otra puede no serlo, y nuestra sociedad no ofrece vías para que estas personas puedan encontrar un lugar.

No se puede hacer medicina sin política

¿Los hospitales psiquiátricos son, siguiendo esta línea de pensamiento, contraproducentes? ¿Qué es un loco? ¿La enfermedad se debe a una anomalía orgánica o a una anomalía social? Kenneth Dewhurst se inclina por la primera. ¿Se puede tratar la locura eliminando el contexto social? Basaglia nos recuerda que no se puede hacer medicina sin política. ¿Son los locos realmente peligrosos? López-Ibor afirma que estadísticamente los considerados locos son menos violentos que los considerados normales. Sin embargo pareciera que les tenemos miedo, ¿por qué?.

El escritor Jose María Gironella, que pasó por un diagnóstico de depresión nerviosa, argumenta que en la psiquiatría occidental le faltó la parte afectiva, que sí conoció en los psiquiatras orientales.

Distintos puntos de vista en un debate profundo, de los que lamentablemente ya no se dan en TV. Demostración, a su vez, de lo mucho que nos condiciona el marco teórico del cuál partimos a la hora de identificar fragmentos de la realidad. Corcés Pando dice: “El grado de formación (deformación) condiciona la actitud hacia el enfermo”.

En definitiva, uno de los mejores episodios de La clave, que lo disfruten.

PorPedroHoyos

El dilema de “Hey Joe”, la canción popularizada por Hendrix, sobre la violencia de género y la destructividad humana

A mis colegas no les interesaba nada en absoluto tratar de comprender las causas de la violencia; por tanto, no les interesaba reducir la violencia, sino que parecían experimentar cierto placer imaginándose la soga en torno al cuello de Joe mientras predicaban contra la maldad humana.

Eran los años 60 y corrían tiempos más benévolos con la libertad de expresión, tanto es así que canciones que planteaban situaciones de violencia contra la mujer de una manera cruda, como Hey Joe, no suponían ningún conflicto para las feministas de entonces.

En la canción Joe mata a su mujer porque esta le engaña con otros hombres. Una vez perpetrado el crimen el Estado busca a Joe para colgarle.

Pueden escuchar la interpretación de Hey Joe que hizo Hendrix en el siguiente enlace, con la letra subtitulada al español.

A finales de los 90, siendo yo un adolescente, plantee a mis colegas de entonces el dilema que me sugería esta canción:

¿Qué es moralmente más reprobable, la mujer de Joe por engañarle con otros hombres, Joe por matar a su mujer, o el Estado por disponer que Joe debe ser colgado?

Sin dudarlo mis colegas señalaron a Joe como fuente de todo mal, y más que el acto, condenaron a la persona (en este caso personaje ficticio). Aquí comprendí, de forma cristalina, que mis compañeros, tan de izquierdas, eran una caterva de reaccionarios, como después el tiempo me demostró sobradamente.

La principal característica del reaccionario: el goce que experimenta dando rienda suelta a su pulsión de muerte.

Y es que, lo que se deduce aquí, son una serie de asuntos de no poca importancia. Para empezar, a mis colegas no les interesaba nada en absoluto tratar de comprender las causas de la violencia; por tanto, no les interesaba reducir la violencia, sino que parecían experimentar cierto placer imaginándose la soga en torno al cuello de Joe mientras predicaban contra la maldad humana. Esta es, a mi juicio, la principal característica del reaccionario, el goce que experimenta dando rienda suelta a su pulsión de muerte. El reaccionario suele ser una persona con escaso conocimiento de su mundo interior, por tanto, impermeable a la detección y autocrítica de sus impulsos violentos. Tal como indicaba el psicoanalista Wilhelm Reich en Psicología de masas del fascismo, las características reaccionarias están determinadas por la estructura de personalidad del individuo, y menos por su filiación política, a la izquierda o a la derecha. Se habla siempre de la educación, sin duda pieza básica de toda sociedad, pero nunca se habla de la crianza, y la crianza es la primera piedra de la personalidad.

La pulsión de muerte, conceptualizada por Freud en Más allá del principio del placer (1920), es un impulso destructivo que va más allá de una economía pulsional que busque placer e intente evitar el dolor. En la destrucción de la pulsión de muerte puede haber sufrimiento, mucho sufrimiento, pero también un goce inconsciente en ese sufrimiento.

Si nuestra sociedad no está preparada para el ateísmo, destruir el catolicismo, sin ofrecer nada mejor a cambio, es potencialmente destructivo.

Esto me lleva a pensar, desde mi ateísmo, sobre el papel que jugaba el catolicismo en España como freno a esta destructividad. No olvidemos que el pilar fundante del cristianismo, y sin embargo el más olvidado, es el dogma de la gracia divina: Cristo pagó con la crucifixión por nuestros pecados. Este mecanismo cultural de redención es no poco importante para equilibrar la destructividad humana. Y es que, si nuestra sociedad no esta preparada para el ateísmo, destruir la preponderancia del catolicismo sin ofrecer nada mejor a cambio, es potencialmente destructivo.

Los medios de comunicación, libres del freno moral de una cultura católica, han dado rienda suelta a ideologías posmodernas que canalizan la destructividad hacia instituciones fundantes de nuestra sociedad, como la familia o la nación. La primera nos provee de amor y estabilidad para construirnos como individuos, de la segunda emanan nuestros derechos ciudadanos.

Para terminar, no olvidemos tampoco, que la opinión pública está muy determinada por la opinión publicada.

PorPedroHoyos

Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock. Análisis psicoanalítico (video y película online)

Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock, considerada como una de las mejores películas de la historia del cine, es también una de las más enigmáticas. La historia da comienzo con un hecho traumático. El detective Scottie (James Stewart), persigue a un presunto criminal por los tejados de San Francisco, al saltar a otro edificio queda colgado de la cornisa. Su compañero trata de ayudarlo pero cae en el intento. Su compañero muere y Scottie sobrevive, pero traumatizado, desarrolla una acrofobia con un intenso vértigo. La sombra que cae al vacío de una espiral, el cartel de la película, nos abre a lo enigmático del inconsciente.

Ver video (duración: 8 minutos)

Para ver la película online.

PorPedroHoyos

Una reflexión poética sobre el odio (si no estás preparado)

El odio (si no estás preparado)

 

Si no estás preparado

si te hacen daño lo suficiente

acabas odiando

 

El odio es un susurro de carmín a la yugular

sin darte cuenta

te da placer, soberbio en tu rostro

que se tensa y deshace

y te atrapa, te caza y te esclaviza.

 

El odio se cuece en la intimidad de tu dormitorio,

es un aliento tórrido sobre tu nuca

es un iceberg de hielo punzando tu frente, se expande

desencaja tu cara.

 

La única forma de liberarte de él es haciendo daño.

Pero cada vez que haces daño él se ríe y sube otro escalón,

como un pequeño dictador a cuerda,

se hace más fuerte con tu irracionalidad, con tu debilidad y miseria.

Taladra el bloque de hielo y llena tu cerebro de escarcha.

 

Si no puedes hacer daño a aquel que te causó dolor

elegirás otra víctima asequible

y esculpirás en ella todo tu odio

 

Si odias en soledad, te sentirás despreciable

pero ay! si encuentras a más que odien como tú,

como yonqui desesperado los buscarás,

y te sentirás fuerte, seguro y justificado

en tu decorado de cartón piedra

con un enemigo claro como el alba.

 

Y como aprenderás a ser esclavo,

esclavo serás, y aquellos que te causaron sufrimiento

manipularán tu odio hacia sus propios trofeos de caza

y te usarán.

 

El odio es una puta a la que escupes todos tus errores

El odio es una mecedora de horca

El odio es un yonqui que vende a sus hijas por heroína

El odio es cocaína

El odio es un látigo coceando sin empuñadura

El odio es el ojo crispado del caballo desbocado

que demasiado tarde para reaccionar

se precipita a un abismo ignorado.

El odio es el miedo!

 

Iza ese harapo!

 

El odio hacia la inmigración

El odio hacia el raro

El odio hacia la mujer,

hacia el activista

El odio hacia el débil e ignorado

 

Pero no hacia el amo,

Nunca hacia el amo.

Porque el odio es el miedo

porque el odio es ciego

porque el odio es un yugo, que por tu miseria te aferra

 

Y en tu ceguera odias al libre

porque tú no eres libre

 

Y el odio te usará

Y te hará suyo,

Y te despedazará por dentro,

Si no estás preparado.

PorPedroHoyos

Solaris (1972), de Tarkovski. El ser humano ante el cosmos (análisis y película online)

Pocas películas tienen tal poder hipnótico y de fascinación ante el misterio como Solaris.

Allí donde Interstellar (2014), de Christopher Nolan, hace el ridículo, porque coloca a la ciencia en el lugar de Dios, clásicos como 2001 o Solaris recuperan las grandes preguntas del ser humano ante el cosmos. Tal como decía la hermana del director, Andréi resolvía problemas morales en sus películas.

Les invito a que lean mi artículo sobre este filme de culto, con un análisis psicológico, en El Cine en la Sombra.

Pueden ver la película completa, con excelente calidad y subtitulada, en el canal de la propia productora, que la disfruten:

Parte 1

Parte 2

Para ver online más películas de Tarkovski pinchen aquí.

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