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PorPedroHoyos

Psicología de masas en el siglo XXI

INTRODUCCIÓN

El sistema de producción, por su propia lógica de crecimiento, va llenando con productos todos los huecos que angustian al ser humano. ¿Te angustia envejecer? Te ofrecemos cirugía. ¿Te angustia no tener éxito social? Te ofrecemos un coche. ¿Te angustia no pertenecer? Te ofrecemos diferentes ideologías identitarias. Y si no te angustias, te intentamos angustiar. ¿Cómo? Instaurando un Ideal inalcanzable, obligándote a ser feliz.

La caída de las grandes doctrinas universales ha dado paso al auge de ideologías sectarias.

“Las ideologías son sistemas de conceptos e ideas socializadas y vinculadas a los intereses gremiales y particulares de un grupo concreto. Hay que entender entonces que todo discurso ideológico se fundamenta en el uso de una racionalidad acrítica y adulterada, y que por configurarse en oposición a otros grupos sociales suele tener como finalidad el escarnecimiento público del contrario y su destrucción” (Hernández, 2018).

La ideología es un discurso que sostiene el síntoma (entendiendo por síntoma aquel efecto visible que remite a una posición inconsciente) y cierra la pregunta que abre todos los interrogantes angustiosos, la pregunta por la responsabilidad personal: ¿qué me pasa y qué puedo hacer con lo que me pasa?

“La identidad en el contexto de la posmodernidad es la retórica del gremio… La identidad es el síntoma que singulariza a un gremio, y lo singulariza bien para enfrentarlo contra individuos que no forman parte de él, o que incluso se le oponen, bien contra Estados…

Los gremios posmodernos así configurados son insolidarios por naturaleza y a-estatales por necesidad… Son insolidarios, y por lo tanto incompatibles con una izquierda marxista, porque rechazan a los individuos que disienten de los fundamentos del gremio… Sólo una izquierda indefinida puede ser soluble en un gremio insolidario; y son a-estatales porque consideran al Estado [político] su principal enemigo… [El Estado] regula y normaliza la vida pública mediante el establecimiento de leyes que, al menos teóricamente, son iguales para todos, leyes que por lo tanto clausuran cualquier pretensión foral o diferente, de la que el gremio pretenda apropiarse…

[El gremio es] el analgésico del que disponen sus miembros frente a una sociedad política que les disgusta o incomoda, y fuera de la cual el gremio es por completo imposible… No hay gremios sin Estado… El gremio es sin duda el mejor sucedáneo de la sociedad. El individuo se siente allí dentro psicológicamente protegido a cambio de entregar su libertad, su personalidad y su persona, a las disposiciones y estructuras del grupo. El gremio es siempre un refugio para quienes profesan un fundamentalismo, una excentricidad, una anomia, una diferencia que ninguna sociedad tolera a menos que el gremio se imponga en el seno mismo de esa sociedad… Así se explica el poder de las minorías en el seno de la posmodernidad…

La única identidad de la que dispone el gremio es la identidad formal, retórica, sofística… Esa es la materialidad de la identidad posmoderna, un puro formalismo. Los miembros del gremio disfrutan de cuanto les ofrece el Estado…, pero simultáneamente se enfrentan al Estado y pretenden sentirse diferentes de los individuos no alineados, o no alienados, en su gremio. De este modo la identidad se convierte en una cuestión de sentimientos. Así uno puede sentirse Napoleón sin dejar de ser funcionario del Estado”. (Maestro, 2018).

En la sociedad política capitalista han persistido gremios, o lobbies de presión, que han empujado contra la autoridad para aflojar, derribar, o controlar instituciones que ponían límites a su ganancia, explotación o dominio. Por eso a veces se ha considerado que estas fuerzas de empuje han sido revolucionarias, y en otras ocasiones reaccionarias, según el contexto histórico, o según el juicio de quien las tuviera en cuenta.

Vamos a tratar de desentrañar hacia donde se dirige en el momento actual esta presión, y qué resultados está obteniendo.

 

LA CAÍDA DEL NOMBRE DEL PADRE

En psicoanálisis, por caída del Nombre del Padre (NP) entendemos el ocaso de la autoridad simbólica del padre (o de la figura, masculina o femenina, que hiciese las veces del mismo), en la familia.

Hay una crisis de autoridad en las familias y el padre no sabe, o no puede, ocupar su rol de autoridad y de Ideal que orienta, está tan perdido como sus hijos.

“En una época de declive del Otro simbólico, de naufragio del Ideal, de su encenagamiento sin retorno, el goce mortífero no parece encontrar ya diques simbólicos adecuados”. (Recalcati, 2014: 29). El goce entendido aquí como una satisfacción pulsional sintomática, sin límites, y por tanto, destructiva.

“El goce como fin en sí mismo es una forma radical del espíritu más reaccionario. Es mucho más transgresivo jurar amor eterno que pasar de un cuerpo a otro sin vínculo amoroso alguno. Es mucho más transgresiva la experiencia de la fidelidad a lo Mismo que el culto aleatorio a lo Nuevo. Es mucho más transgresiva la aparición del sentido del pudor que su extinción” (Recalcati 2014: 29).

¿Qué significa aceptar la Ley del NP?

“La Ley de la palabra introduce un intercambio que está en la base de todo posible pacto social: la renuncia al goce de todo, a quererlo todo, a serlo todo, a disfrutar de todo, a saberlo todo, hace posible la obtención de un Nombre, volverme humano, la inscripción en el cuerpo de la comunidad a la que pertenezco”. (Recalcati, 2014: 33). Me viene a la memoria uno de los lemas del Movimiento 15-M, que pudimos ver en pancartas: “Nos habéis quitado demasiado, ahora lo queremos TODO y lo queremos YA”.

Como he dicho en la Introducción, la ideología sostiene el síntoma, y en este sentido, el mito capitalista del hombre hecho a sí mismo, sostiene la ilusión de omnipotencia infantil. El infante, en su momento de máxima dependencia hacia sus cuidadores, desarrolla la ilusión de que ejerce sobre su entorno, que aún no ha podido construir psíquicamente, un poder omnipotente. Sorprende que, desde determinadas ideologías, tanto de derechas como de izquierdas, que abogan por el fin del Estado, se crea en esta ilusión de omnipotencia y no se reconozcan los vínculos dependientes que tenemos con nuestras personas significativas, o con la sociedad en general. Pero lo que se niega es, con frecuencia, lo que a uno le domina.

Sin la filiación a esta Ley simbólica, tejida de amor y límites, no podemos contactar con nuestra propia necesidad y carencia; y, por tanto, tampoco con nuestro deseo. Esta vulnerabilidad, al no estar delimitada por lo simbólico, que construye una falta en donde había un vacío, se vive de forma intolerable. La falta simbólica permite encauzar nuestro deseo. En nuestra sociedad “los objetos de consumo han tomado el lugar del signo del amor del Otro” (Wechsler, 2008: 119). Entre estos objetos de consumo encontramos también los movimientos sociales, que vienen a intentar suplir esta falta de referentes y de protección.

Recalcati nos pone el ejemplo de un padre con una hija anoréxica. El padre colma ilimitadamente de objetos a esta hija, pero sólo puede llegar hasta ella cuando él también ofrece su carencia, señal de amor que ella sí pudo recibir. El padre no sabe cuál es el sentido del mundo, lo que es justo o injusto, pero su capacidad para aceptar la Ley de la palabra, el signo del amor y del límite, da un sentido a la vida y una sensación de pertenencia.

“Todos hemos sido gritos que se pierden en la noche. Pero ¿qué es un grito? En el ámbito humano, expresa la exigencia de la vida de entrar en el orden del sentido, expresa la vida como llamada dirigida hacia el Otro. El grito busca en la soledad de la noche una respuesta en el Otro… La vida sólo puede entrar en el orden del sentido si el grito es aceptado por el Otro, por su presencia y por su capacidad de escucha” (Recalcati 2014: 41).

Sólo puede heredar quien ha pasado por el corte, por la experiencia de la pérdida, perder para poder ganar. Es un desgarro hacia adelante, que permite una reconquista (Recalcati, 2014).

Quien no ha pasado por esta experiencia de pérdida, es como un recipiente con agujeros, nada le llena, es como un adicto que siempre necesita mayor dosis, o un capitalista que necesita mayores ganancias. Demasiado, pero nunca suficiente. Las experiencias pseudo libertarias del posmodernismo, son experiencias reaccionarias donde se goza del síntoma, legitimado socialmente en la ideología, sin afrontar la angustia de la responsabilidad. Es una rebeldía contra todo orden o autoridad, porque no se ha podido asumir ninguna herencia. Más que transgredir una Ley, a la que nunca se han filiado, parecen querer inconscientemente convocarla porque están perdidos sin ella. Una generación a la que echamos la culpa por haberla abandonado.

Encontramos ya la ideología que legitima el síntoma en obras como El Anti-Edipo (1972), de Gilles Deleuze y Félix Guattari. Estos autores reprochan al psicoanálisis estar al servicio del poder.

“Para Deleuze y Guattari la palabra sujeto, al igual que la palabra responsabilidad, es, en efecto, digna de proscripción, al igual que, de hecho, las de Ley, castración, carencia, Nombre del Padre. El hijo-Anti-Edipo elogia en sentido único la fuerza acéfala del instinto, lo que provoca, sin embargo, que resbale fatalmente hacia una perspectiva de naturalización vitalista (y algo fascista) de la condición humana” (Recalcati, 2014: 113-114).

No debe sorprender que a un adolescente le seduzca la rebeldía desprovista de Ley, máxime si son estas ideologías las que más fácilmente llegan a sus sentidos. Wilhelm Reich llegó a decir que “no hay un solo hombre vivo que en su estructura no lleve los elementos del sentir y pensar fascistas (..) El fascismo es una amalgama entre emociones rebeldes e ideas sociales reaccionarias (..) La rebeldía fascista se origina siempre allí donde una emoción revolucionaria es convertida en ilusión por miedo a la verdad”. (Reich, 1980: 12-13).

Para transgredir hay que estar inscripto en la Ley, pero lo que vemos hoy día por doquier no es una rebeldía sana contra una norma que se considera injusta, sino un goce mortífero y destructivo, sostenido en ideologías perversas que, lejos de ser el sostén del Nombre del Padre, someten al sujeto en una anomia y en un paradigma que se asemeja a un mensaje de doble vínculo, altamente psicotizante. Doble vínculo porque afirman una cosa y la contraria, “somos demócratas pero nos saltamos las leyes democráticas”. No es rebeldía, por tanto, sino sumisión a un goce mortífero, destructivo, reaccionario.

Para Recalcati heredar es reconocer que mi palabra viene siempre de la palabra del Otro, asumir nuestra constitución como carente, el reconocimiento de nuestra dependencia constituyente, atribuir valor a la Ley de la palabra, se hereda la posibilidad del deseo, se hereda una pasión, un testimonio, un ejemplo.

Se pueden producir dos fracasos al heredar:

– Quedar sometido al pasado. Sería más propio de las ideologías de derecha.

– Quedar en una pseudo-libertad sin vínculos ni deudas simbólicas. Más propio de las izquierdas. (Recalcati, 2014).

La caída de las grandes doctrinas coloca a los padres precisamente en un lugar de máxima responsabilidad. Pero los padres están tan perdidos como los hijos, y dejan de servir como sostén, referente o pilar.

Hace poco tiempo leí el comentario de una mujer en una famosa red social, a propósito de la crianza de los menores, que decía: “No le ensenes, déjalo a su bola, un bebé marca su propia trayectoria, la que a él le gusta, basta de marcar caminos”. Una muestra de la ideología pretendidamente libertaria, pero liberticida en verdad, que se extiende hoy día en nuestra sociedad, de forma insidiosa e imparable.

 

EL PROBLEMA DE LA SEXUACIÓN

Remito en este punto a mi artículo titulado Niños transgénero ¿Quién sabe lo correcto?, publicado en La Razón Comunista, el 7 de noviembre de 2019, del cual extraigo a continuación un resumen, sin dejar de recomendar su lectura completa para una mejor comprensión.

Para Lacan, interpretado por Millot, el síntoma transexual guarda relación con una falta de Nombre del Padre (NP). En la teoría lacaniana el inconsciente está estructurado de forma similar a un lenguaje (Lacan 1987). Para significarse un significante, como en un diccionario, debe remitirse a otro significante. El significante fundamental que da orden a nuestra psique sería este NP, que a su vez metaforiza el deseo materno. Es la función paterna la que, como he dicho, ejerce esta función de corte, de límite, al deseo materno, permitiendo la sexuación, la separación psíquica y también física, del infante y su figura materna. El infante se pregunta sobre qué desea su madre, quiere ser el objeto de su deseo, pero cuando la madre empieza a mirar hacia otros lugares que no son él (hacia su marido, hacia su trabajo, hacia sus hobbies…), permite que dé comienzo esta función paterna que rompe, por decirlo así, el idilio.

Siguiendo a Millot, la falta de NP en el caso del varón puede tener un efecto de feminización. Niño y madre quedan en una relación dual dejando al primero sin desarrollar su sexuación.

A su vez, se observan casos en que hay una merma en las posibilidades identificatorias del varón al padre, una inconsistencia imaginaria de la virilidad. En esta falta de sexuación por carencia de NP, hay un sostenimiento imaginario de la masculinidad, tan frágil que, como en el caso Schreber (Freud 1911), podría dar lugar a experiencias delirantes de emasculación.

En casos de psicosis la identificación a La Mujer puede poner límites a esa falta de límites que experimenta el sujeto. El síntoma transexual podría funcionar, precisamente, como una suplencia de la psicosis dando estabilidad.

Las identificaciones de género no son suficientes para sexuarse, pero pueden facilitar o dificultar el proceso. Desde que las nuevas políticas de género se vienen aplicando ya tenemos algunas cifras y son alarmantes: según el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, entre 2010 y 2015 los casos de niños transgénero han aumentado un 1000% (Fuentes 2017).

Judith Butler, el referente mundial de la ideología queer, dice en su libro El género en disputa: “La posición feminista argumenta que el género debería ser derrocado, suprimido o convertido en algo ambiguo, precisamente porque siempre es un signo de subordinación de la mujer…”. (Butler, 2007: 15).

Para Butler el orden de género establece una jerarquía que, en sí misma, oprime a la mujer y a los individuos de géneros o conductas sexuales no normativas. Por tanto, su propuesta es eliminarlo.

La ONU ha llegado a afirmar que existen 112 géneros distintos (Nota 4). Este dato, que la propaganda vende como un aumento de la inclusividad o de la libertad de elección, es en verdad un indicativo de las dificultades de sexuación, y ante las dificultades sólo queda el recurso de sostenerse en identidades líquidas.

[Si] ojeamos las guías educativas de la UNESCO, en su Educación de la sexualidad y prevención de las ITS y el VIH/sida desde los enfoques de género, de derechos y sociocultural de 2011, encontramos una persistente obsesión en eliminar las posibles identificaciones de género, por ejemplo: “Tener en cuenta las características de algunos juguetes…, la no existencia de “juguetes sexuados”, puesto que la esencia está en el rol que el niño o la niña desarrolle con él, se juega con todos por igual” (p. 27) (Nota 7).

Pero si por un lado observamos una serie de directrices que podrían dificultar la sexuación, debido a la confusión de géneros que podrían generar, por otro lado observamos directrices que podrían sexualizar prematuramente a los menores, como la recomendación de juegos eróticos infantiles del Plan Skolae. Una sexualización prematura, cuando los niños aún no pueden comprender ni tienen recursos para afrontar la sexualidad, puede ser traumática. (Hoyos, 2019).

El síntoma transexual, entendiendo por síntoma aquello consciente que remite a una configuración inconsciente, puede darse en cualquier estructura psíquica, pero las formas que pueden generar más sufrimiento podrían tener que ver con una caída del NP, en su función de corte, de sexuación. La ideología, la legislación y los nuevos planes educativos, no respondiendo al conocimiento científico, podrían estar dificultando el proceso de maduración (sexuación), de los menores.

 

EL POLO DEPRESIVO Y EL POLO PARANOICO EN LA ESTRUCTURA DE LAS MASAS.

“Para desterrar la religión de nuestra civilización europea sería preciso sustituirla por otro sistema de doctrinas, y este sistema adoptaría desde un principio todos los caracteres psicológicos de la religión, la misma santidad, rigidez e intolerancia, e impondría al pensamiento, para su defensa, idénticas prohibiciones” (Freud, 1927: 188).

Así como el psiquismo del individuo se funda en la Ley, análogamente ocurre con las primeras civilizaciones. Si la Ley ha aplastado demasiado al individuo, los sentimientos hostiles y la culpa se dan de forma concomitante. Siguiendo la hipótesis freudiana en Tótem y Tabú, todas las religiones posteriores al totemismo son ensayos de solucionar el problema de la culpa, o de la ambivalencia de sentimientos hacia el complejo paterno (Freud, 1913). En ese sentido el cristianismo pareció encontrar una solución relativa al conflicto con el relato del sacrificio de Cristo y el sacramento de la eucaristía. O, al menos, puso fin a los sacrificios humanos que tenían como fin primordial expiar la culpa.

Para Freud la religión responde a una necesidad de protección paternal. Cumple, entre otras funciones psíquicas, la de espantar los terrores de la naturaleza, el Destino y la muerte, compensarle por las privaciones y las injusticias de la civilización, o del daño infligido por otros hombres (Freud, 1927: 155). La esencia de la religiosidad no está en la conciencia de la pequeñez e impotencia humanas, sino en la reacción que busca auxilio contra ella (Freud, 1927: 170). En este sentido el cientificismo pareciera haber tomado el relevo tras la caída de la religión, proveyendo de sentimientos de omnipotencia ante el Destino inexorable; pero va aún más allá, pues ha creado su propio apocalipsis, y su propio sistema para lavar pecados (Nota 1). El problema es que el cientificismo carece de la riqueza de representaciones, de la doctrina ética, de reminiscencias históricas transfiguradas, de símbolos, de mitos esclarecedores sobre el deseo, la condición humana y su conciencia de pequeñez con respecto al padre primordial, la naturaleza y el cosmos, de las religiones avanzadas. El cientificismo es enemigo de la ciencia, síntoma que inhibe la pulsión de saber, es el hijo prepotente sin filiación, como le sucede a Chris Kelvin, el personaje de la película Solaris, de Andrei Tarkovsky (Nota 2).

La falta de referentes, la anomia de la sociedad actual, las crecientes dificultades para estructurarse psíquicamente por la carencia de vínculos familiares sólidos, dejan al individuo en la inestabilidad de una identidad imaginaria, sin el forjado simbólico que conferiría estabilidad y capacidad de tolerar la diferencia. El capitalismo le ofrece aquí al individuo un amplio catálogo de ideologías para identificarse y sostenerse. Pero se trata de pseudo identidades que cubren la falta de maduración, en un entramado que no ofrece vínculos humanos fuertes (que sí podrían estabilizar), pues no tolera la alteridad, sino que permanece en el infierno de lo igual, sin posibilidad de tomar responsabilidad sobre uno mismo.

Para autores como J.M. Álvarez o F. Colina, una dimensión psíquica fundamental del ser humano oscila entre el polo paranoico y el polo depresivo (Álvarez y Colina, 2016). Desde el punto de vista ideal y patológico del concepto, el depresivo tiende a culparse por lo que sucede a su alrededor. Por el contrario, el paranoico se saca la culpa de encima, él es inocente y la maldad está en el otro. Ambos polos juegan un papel defensivo fundamental contra las angustias humanas más primitivas y también en la estructura psíquica de las masas.

El sentimiento de culpa tiene que ver con una instancia moral interiorizada. Llamamos superyó a la instancia psíquica que comprende dos estructuras: el ideal del yo, y un observatorio crítico. El superyó como identificación con la instancia parental, encarna la Ley y prohíbe su transgresión (Laplanche y Pontalis, 1996). Como nos indica Freud en El malestar en la cultura, la frustración exterior, como puede ser la producida por una crisis económica, el fracaso o la desgracia…, intensifica la severidad del juicio del superyó (Freud, 1930), como si nos retirase el amor. El resultado es un aumento del sentimiento de culpabilidad. La severidad del superyó, nos indica Freud, corresponde a nuestra propia agresión contra el objeto. En la clínica adolescente actual es habitual observar una agresividad exacerbada hacia los padres, que a veces se vuelca contra uno mismo.

Si hemos dicho que las ideologías ofrecen pseudo identidades, también ofrecen una canalización de la culpa. El individuo anómico atrapado en el polo depresivo, aplastado por la culpa, carente de deseo, de pasión, encuentra en el grupo un Ideal al cual se identifica. Los miembros del grupo se convierten paranoicamente en víctimas inocentes de un enemigo concreto, u opresión abstracta exterior, que les oprime. El Ideal del grupo ofrece satisfacción narcisista en la experiencia colectiva, sentimientos de superioridad moral con respecto a los miembros del exterior, que son despreciados, perseguidos, silenciados o difamados. Se castiga la disidencia y la libertad de opinión.

Pero ¿qué busca inconscientemente un grupo así conformado? Si un denominador común puede establecerse en este tipo de gremios es su rechazo a la Ley. Sienten una fascinación completamente idealista por formas de organización más primitivas que, vistas hoy, supondrían un profundo atraso.

“El sueño de toda forma de totalitarismo es encontrar la pureza de un Origen (la Raza, la Naturaleza, la Historia) que preceda a la Ley de la palabra” (Recalcati, 2014: 53).

 

EL INDIVIDUO DESAPARECE EN LA MASA

Según Freud, la formación colectiva atenúa la neurosis o la hace desaparecer. De entre estas formaciones, la ilusión religiosa sería la más enérgica protección frente a la neurosis. El neurótico se ve obligado a sustituir las formaciones colectivas por formaciones sintomáticas. (Freud, 1921: 79).

Para el individuo tomar conciencia de su posición material como explotado o peón en el engranaje capitalista, es una afrenta a su narcisismo. Como hemos venido diciendo, el psiquismo se funda en la Ley, pero esta Ley, necesaria para humanizarnos, nos convierte en neuróticos. El animal sacia sus instintos aquí y ahora, o cuando encuentra oportunidad; sin embargo, el animal humano debe reprimirse para que podamos convivir en sociedad. El problema es que esta represión genera síntomas. Es precisamente en el momento en que el individuo no consigue sostenerse en sus síntomas, cuando se genera angustia. En la clínica actual observamos las dificultades crecientes que tiene el sujeto para estructurarse psíquicamente, precisamente para conseguir hacer síntomas neuróticos que le confieran estabilidad. La hipótesis que planteo consiste en que, a una menor estructuración psíquica, en ausencia de vínculos de amor fuertes y estables, el sujeto se puede ver arrojado, en su indigencia psíquica, a buscar amparo en la masa. A este respecto nos puede servir de ilustración el testimonio de Sara Winter, ex lideresa de Femen Brasil. Sobrecoge escuchar su valiente y duro relato sobre una infancia de violencia, y su lucha contra un profundo sentimiento de abandono. ¿Encontró refugio en la organización Femen?

Si algo sabemos los psicólogos es que no se puede atacar directamente el síntoma del paciente, pues nos encontraríamos con una oposición frontal, e incluso violenta. Los medios de comunicación, mostrando un mundo caótico, sin orden ni Ley, golpean incansablemente el edificio del sujeto en busca del trauma original, de nuestros sentimientos de miedo e indefensión infantiles. Apelan a nuestras primitivas angustias psicóticas depresivas-paranoicas. El individuo así golpeado diariamente, en el maremágnum angustioso de un sistema económico en el cual nada está asegurado y todo es profundamente inestable, se somete en busca de refugio o protección.  El individuo atenúa el golpe a su narcisismo identificándose con el Ideal de la clase dominante, desaparece en la masa junto a su espíritu crítico, y se contenta con las migajas que le caen del festín de los de arriba.

Chesterton, el escritor inglés, en una de las famosas citas que se le recuerdan, dijo: “Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en cualquier cosa” (Nota 3).

En occidente declinó el predominio de la religión, pero no así el hombre religioso que busca consuelo en un padre espiritual. El paternalismo del cristianismo, fundado en el amor al prójimo, es sustituido por la tutela del Estado, en forma de grupos identitarios que se pelean entre sí, rompen y dividen la sociedad, atacando, incluso, los cimientos del Estado de Derecho.

 

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Los medios de comunicación han convertido la política en una escenificación y la sociedad en un espectáculo donde la tragedia humana se consume como cualquier otro producto. Basta pasearse un rato por programas como Al rojo vivo, de La Sexta, para observar que utilizan el formato thriller para repasar la actualidad política. Antonio García Ferreras destaca por su maestría a la hora de crear suspense, como si de un Hitchcock de la televisión se tratase.

Al igual que han confundido las categorías y el orden de género, lo mismo han hecho con las categorías políticas que, aunque limitadas, servían para ordenar lo que ahora consiguen confundir. Las categorías desde las que pensamos la realidad están viciadas y sirven para enfrentarnos entre izquierda y derecha constantemente por asuntos que, las más de las veces, sólo existen en la ideología. La ideología, como sostén neurótico, actúa como unas gafas que distorsionan y reducen el ángulo de realidad que somos capaces de aprehender. El ser humano piensa y ve el mundo a través del lenguaje, y el lenguaje mediático es perverso. Basta solamente observar que a los ejércitos que utilizan para invadir países los nominan como fuerzas de paz.

Si una dimensión filosófica domina en los mensajes mediáticos, es la dimensión idealista, con un desprecio exacerbado por la realidad. Alberto Garzón, el líder de IU, llegó a decir en un tweet sobre la cuestión catalana: “Que España es un país plurinacional no es una opinión, es una constatación. La nación existe en tanto que haya un amplio grupo de personas que crean que existe” (Nota 4).

Por esa misma regla de tres, si un grupo amplio de personas (habría que ver cómo se define la cantidad suficiente), creen que viven en Marte, quiere decir, impepinablemente, que viven en Marte.

El que primero inscribe en el psiquismo humano es quien tiene todas las de ganar, pues el individuo queda aferrado a su discurso en su parte más vulnerable. Cualquier medio de comunicación (informativos, series, películas, movimientos sociales, ONGs, redes sociales, etc) es herramienta susceptible de transmitir ideología y manipular. La ideología es problemática porque se interioriza sin darnos cuenta vehiculizada en mensajes sensacionalistas o alarmistas. En ningún momento se da una toma de conciencia previa, una discusión argumentada sobre las ideas. Simplemente se absorbe sin pasar por ningún tamiz consciente o racional. La propaganda nos afecta a todos e invade todos los aspectos de nuestra vida. Cuando vemos un anuncio de Coca-cola, no vemos solamente el anuncio de un refresco, estamos comprando la chispa de la vida; hay toda una ideología en este concepto que funciona a nivel inconsciente. La campaña de Adidas, Impossible is Nothing (Nota 5), también esconde una insidiosa ideología. Los mensajes publicitarios apelan a los sentimientos infantiles de omnipotencia, apelan a no renunciar a la totalidad, a pretender seguir queriendo todo, teniendo todo, satisfaciéndonos en todo, ser todo o saberlo todo. El capitalismo es un tren desbocado que para no descarrilar debe eliminar todo límite. Esto es, sencillamente, enloquecedor.

El tratamiento del discurso es siempre sensacionalista, la impronta emocional que deja, a veces incluso traumática, hace difícil el acceso a la palabra y la racionalidad. El ser humano piensa la realidad a través del lenguaje, y lo que no ha sido siquiera nombrado, se absorbe o se expulsa sin pensar.

La actualidad es utilizada como escenario para transmitir ideología. Si el escenario no interesa será silenciado. Si interesa se vehiculiza. Así, por ejemplo, de la guerra en Yemen apenas han dedicado espacio alguno. Sabemos que el grupo terrorista Boko Haram en Nigeria secuestra varones adolescentes, la cifra asciende a 10.000 varones; sin embargo esto no fue noticia hasta que no decidieron secuestrar a 276 mujeres, momento en el cual la noticia inundó todas las televisiones (Jiménez, 2019). ¿Les interesa informar o les interesa transmitir una ideología?

Los medios ofrecen figuras identificatorias, profesionales, generadores de opinión o intelectuales, que se conforman como el Ideal de toda una sociedad. La bajeza moral y la decadencia intelectual que destilan los personajes que pululan por los platós de televisión es de sobra conocida por todos. Los debates se reducen a un griterío histérico mediante el cual se conduce al espectador a trincheras dicotómicas, donde los proyectiles biliosos jamás dejan ver el marco completo de la cuestión. El espectáculo no puede ser más degradante. La política se reduce a un eslogan que pretende llamar la atención y los políticos aplican las decisiones que se generan en los despachos de los poderosos; el nombre del partido político Podemos, es, directamente, un eslogan (Nota 6).

El Ideal es la instancia psíquica que nos observa críticamente, y el Ideal capitalista cada vez se parece más a un niño malcriado y con ínfulas, que tras una máscara de cinismo esconde a un ser sumamente desvalido encerrado en un armario con siete candados.

 

EPÍLOGO

Vivimos una época de desestructuración psíquica del individuo, nos tienen agarrados, dicho en plata, por los huevos, y la mente humana tiene eficaces mecanismos para protegerse de su angustiosa verdad. El individuo reaccionario es aquel que combina sentimientos rebeldes con una enorme sumisión. Todos los individuos llevamos un reaccionario en nuestro interior, y nos debatimos entre pulsiones de ternura y pulsiones agresivas. “La cultura ha de ser defendida contra el individuo” (Freud, 1927: 143) Y hoy especialmente vivimos tiempos destructivos. Tiempos de anomia, desunión y narcisismo, de incapacidad de amar, de anemia del deseo, de individualismo sin individualidad, de cinismo, ignorancia y confusión, de caída de toda torre moral, de ideologías que se interiorizan sin darnos cuenta y legitiman nuestros síntomas. Tiempos en los que se empuja al individuo a la satisfacción egoísta de sus pulsiones, y al hedonismo y la felicidad como fines en sí mismos. Tiempos en los que el sufrimiento se vive de forma especialmente dolorosa bajo el imperativo de ser felices y expulsar lo negativo, pero es lo negativo lo que hay que poner en primera línea.

La moderna ingeniería social utiliza los movimientos sociales para hacer golpes de Estado de falsa bandera. Genera problemas donde no los había para después ofrecer soluciones que van contra el interés de la amplia mayoría social.

La esperanza está en la decisión de tomar la responsabilidad de lo que a cada uno le toca, de afrontar lo que cada uno pueda afrontar, de coger el timón del conocimiento frente al naufragio humanista de las ideologías y el infierno de lo igual, de ese ser humano disminuido agrediéndose frente al espejo.

A nuestros jóvenes hoy, para nuestra vergüenza, sólo se les insulta y se les culpa porque nosotros les hemos abandonado. Tenemos que estar con nuestros jóvenes, protegerles del sistema educativo, advertirles del sistema de propaganda que nubla su juicio, ofrecerles un ejemplo de fe, pasión y esperanza. Un pilar que no pueda ser derribado. De nosotros depende.

 

NOTAS

  1. PREDICCIONES | MEJOR QUE NO SE CUMPLAN. 2020: El Mediterráneo sin playas Y EL NORTE de España está salpicado de palmeras; la gente no lleva abrigo en invierno ante la subida de las temperaturas….Así será la vida si se cumple el informe de la ONU. Recuperado de El Mundo (25 de febrero de 2001): https://www.elmundo.es/cronica/2001/CR280/CR280-13.html
  2. Puede visionar la película Solaris, de Andrei Tarkovsky, junto con un artículo sobre la misma, en el siguiente enlace: https://hoyospsicologo.com/solaris-1972-de-andrei-tarkovski-el-ser-humano-ante-el-cosmos-y-su-conciencia/
  3. Recuperado de: https://www.revistadelibros.com/resenas/podemos-vivir-sin-dios
  4. Alberto Garzón. Recuperado de: https://twitter.com/iunida/status/984495940567478273?fbclid=IwAR1Kk6lT8A9YAcU0hkN0kYqLQapy4Xv3Hzuu8N5Ewlwgg56nyA1oxuJEkX8
  5. Recuperado de: http://theorangemarket.com/impossible-is-nothing-de-adidas/
  6. El eslogan de <<Podemos>> se utilizó anteriormente en la campaña presidencial de 2008 de Barack Obama, bajo la forma de “Yes We Can”.

 

REFERENCIAS

Álvarez, J. M., Colina F. (2016). Las voces de la locura. España: Xoroi.

Freud, S. (1913). Obras completas Vol. XIII. Tótem y tabú y otras obras. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1921). Psicología de las masas. Más allá del principio del placer. El porvenir de una ilusión. España (1984): Alianza Editorial.

Freud, S. (1927). Psicología de las masas. Más allá del principio del placer. El porvenir de una ilusión. España (1984): Alianza Editorial.

Freud, S. (1930) Obras completas. Volumen 17: Ensayos CLIII-CLXV. El porvenir de una ilusión, El malestar en la cultura y otros ensayos. España: Orbis.

Hernández, P. (2018, diciembre 3). Corrupción ideológica en las artes. Fundación Gustavo Bueno. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=iq6RWrAf9is&feature=share

Hoyos, P. (2019, noviembre 7). Niños transgénero ¿Quién sabe lo correcto?. La razón comunista.

Jiménez, D. (2019). La deshumanización del varón. Pasado, presente y futuro del sexo masculino. España: Psimática.

Laplanche, J., Pontalis, J-B. (1996). Diccionario de psicoanálisis. España: Paidos.

Maestro, J. G. (2018, enero 12). Teoría de la «Identidad»: gremios, lobbies y sociedades humanas no gubernamentales. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=gXxmJHTpThU&feature=youtu.be

Recalcati, M. (2014). El complejo de Telémaco. Padres e hijos tras el ocaso del progenitor. España: Anagrama.

Wechsler, E. (2008). Arrebatos femeninos, obsesiones masculinas. Clínica psicoanalítica hoy. Argentina: Letra Viva.

 

IMAGEN

1. Brueghel el Viejo, P. (1568). La parábola de los ciegos.

2. El Roto.

PorPedroHoyos

El duelo. Dificultades actuales.

El sistema de salud mental forma parte del problema de la salud mental, y muy especialmente en la cuestión de elaboración de duelos. El mero hecho de hablar con este lenguaje clínico que impone patologías cierra, de algún modo, el discurso de la propia persona, eliminando su subjetividad. Muchos han llegado a creer que modificando pautas de conducta es suficiente para elaborar un duelo complicado y esto no es así. Abundando más, la ideología que subyace en los libros de autoayuda es, a mi juicio, represiva, pues nos hace creer que modificando el pensamiento consciente y determinadas pautas de conducta, nos sentiremos bien. ¿Qué ocurre cuando esto no se da así?

En el momento presente los tiempos de espera se han acortado o eliminado, vivimos en el tiempo de la inmediatez, se nos ha desacostumbrado a esperar. A una semana de la pérdida los pacientes ya vienen medicados con antidepresivos. El medicamento disminuye los síntomas, lo que nos permite seguir funcionando, seguir produciendo, pero también nos impide elaborar el duelo: sentir dolor, pensar en la persona amada, poder ligar la elaboración intelectual con la parte afectiva y crear un sentido.

La psiquiatría, y en parte también la psicología hegemónica, ha patologizado procesos normales que forman parte de la vida. En la tercera edición del Manual de Diagnósticos Psiquiátricos (DSM-III), del año 1980, el diagnóstico de depresión quedaba excluido si la persona padecía síntomas depresivos a consecuencia de un duelo. Este criterio se modificó arbitrariamente en la cuarta edición del manual, publicado en 1994, en este momento se considera depresión si los síntomas acaecidos por un duelo persisten más de dos meses. Es decir, si por ejemplo tu pareja ha fallecido y tu estado de ánimo depresivo dura más de dos meses, técnicamente tienes un trastorno depresivo mayor. Esto, que a todas luces es un disparate, no terminó aquí, pues en la última y más reciente edición del manual, la número V, ya no existe el criterio eximente por duelo. Es decir, que estar decaído por la muerte de una persona querida, no se considera normal y natural, sino un trastorno psicopatológico. Puedes ser diagnosticado y medicado solamente con padecer síntomas depresivos durante dos semanas.

A mi juicio, el sistema de salud mental forma parte del problema de la salud mental, y muy especialmente en la cuestión de elaboración de duelos. El mero hecho de hablar con este lenguaje clínico que impone patologías cierra, de algún modo, el discurso de la propia persona, eliminando su subjetividad. Muchos han llegado a creer que modificando pautas de conducta es suficiente para elaborar un duelo complicado y esto no es así. Abundando más, la ideología que subyace en los libros de autoayuda es, a mi juicio, represiva, pues nos hace creer que modificando el pensamiento consciente y determinadas pautas de conducta, nos sentiremos bien. ¿Qué ocurre cuando esto no se da así? La persona se culpabiliza y se hunde. Además, este pensamiento, ya tan extendido en nuestra sociedad, guarda cierta relación con la doctrina de la predestinación del irracionalismo calvinista, pues al final se concluye que cada cuál tiene lo que se merece, de tal forma que ya nadie escucha el sufrimiento del otro, sino que meramente se concluye que si esta mal es porque quiere. Esto es, sencillamente, atroz.

Muchos factores influyen en la elaboración del duelo, facilitándolo o haciéndolo más complicado.

El dolor del que se siente abandonado, sobre todo si el abandono es sorpresivo, (el duelo es más fácil si la pérdida no es inesperada), es como si volviera a sentir todos los rechazos de su vida. Si el abandono se produce por internet, sin dar la cara, sin permitir al rechazado replicar o preguntar lo que necesite, le deja en un lugar pasivo de incomprensión. Pueden surgir autorreproches, culpa y rumiaciones, que hacen muy difícil poner concentración en otras actividades.

A veces un duelo menor hace de anzuelo para un duelo más importante anterior, y la persona no se explica por qué tanto dolor.

Si el dolor nos desborda se produce un estancamiento de energías sin vía de salida, la carga aumenta, y puede haber carga de sucesivos duelos que no pudieron ser elaborados. Sencillamente puede ser algo insoportable que produce mucha angustia, se generan síntomas para tratar de canalizarlo. El duelo complicado puede dar lugar a la depresión, que sería el parón del deseo, del motor de la vida. En este punto sería absolutamente normal que se dieran ideaciones suicidas. Freud lo expresaba en Duelo y melancolía con su famosa cita “una sombra cae sobre el yo”.

Hay personas amadas que pueden ser insustituibles (o parecérnoslo), forman parte de nuestra identidad tan profundamente, que su falta nos produce una desgarradora herida narcisista. “La risa de mi hijo. He perdido la risa de mi hijo”, se lamentaba Francisco Umbral en Mortal y Rosa, su novela lírica sobre la pérdida física de su hijo pequeño. Idealizar a la persona que ya no está o culpabilizarnos por la pérdida, son formas de retener a la persona amada. Decía el poeta Antonio Machado en Yo voy soñando caminos:

En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
“ya no siento el corazón”.

Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.

En terapia tratamos de resignificar la experiencia, dotándola de sentido, hacemos un relato de lo sucedido, lo metaforizamos, esto permite desalojar dolor. En este sentido la experiencia del exfutbolista Santiago Cañizares me parece muy enriquecedora. Su relato completo se puede ver en el siguiente vídeo. El matrimonio perdió a un hijo pequeño, el sentido que le dieron a la pérdida no puede ser más bello y es indudable que les ayudó a sobrellevarlo.

Entramos aquí en la importancia de los recursos de los que dispone la persona sufriente: la disponibilidad y calidad de sus vínculos con seres queridos, con personas de apoyo con las que pueda resignificar, su nivel socioeconómico, su capacidad cognitiva, etc. La soledad, que en las sociedades occidentales crece enormemente, es, que duda cabe, un factor de riesgo.

Para Darian Leader el proceso de duelo está desapareciendo. No estamos dispuestos a escuchar. Muchas personas parecen volcar sus necesidades de amar y ser amados con sus mascotas, o con el nuevo ramillete de identidades políticas, que no dejan de ser vínculos de enorme fragilidad. Una mascota no podrá darles la comprensión y calidez de un ser humano. Sin la experiencia del vínculo se pierde el sentido de la vida. El ser humano no puede pretender reconocerse en el reflejo de una pantalla o en los ojos de un animal. Sólo un ser humano puede reconocer a otro.

La ausencia de ambivalencia, para la psicoanalista Pilar Nieto, complica el proceso. Por ambivalencia entendemos que la persona pueda sentir tanto las emociones de amor como las de odio. Especialmente preocupante es si el odio se vuelca contra uno mismo, con constantes auto-denigraciones. Es necesario poder expresar agresividad hacia fuera, de una manera no lesiva.

Cada experiencia personal es única, ¿qué pérdida original se está repitiendo? Toda ausencia nos remite a nuestras ausencias primordiales, a veces a aquello que nunca se tuvo, a los objetos que no pudieron interiorizarse, a las deprivaciones afectivas. Lo que para unos supone miedo, para otros supone terror. Lo que unos consiguen sobrellevar, a otros les impide seguir. Estamos constantemente elaborando duelos: por la pérdida de la inocencia, por la pérdida de amigos, por la pérdida de ilusiones, de trabajos, pero la peor pérdida es la del sentido, la de la capacidad de crear, de sentir. En una melancolía psicótica severa, precisamente, se deja de sentir. Ya no hay dolor, pero tampoco vida. Si la cosa se pone fea, como decía Sartre, a veces es necesario obrar sin esperanza, caminar a tientas, recomponerse con los restos del naufragio, pero sobre todo pedir ayuda, sublevarse contra los discursos del sistema, contra todo aquello que rompe vínculos, que desune a la gente.

Imagen

Adiós (1892), de Alfred Guillou.

PorPedroHoyos

Ingeniería social ¿Cómo nos manipulan? (vídeo)

La gente se siente culpable por estar mal, por estar triste, por necesitar cogerse una baja, por llorar, por tener un ataque de nervios, por decir algo políticamente incorrecto, incluso por enamorarse. Quizás deberíamos empezar a preguntarnos si las ideologías posmodernas, que tanto preconizan derechos y libertades, no están en realidad disfrazando, con sus palabras tan políticamente correctas, una novedosa ingeniería social para reprimir, de nuevo, a las masas.

Así como un pez no es consciente del medio acuoso que le rodea, el ser humano no repara en el maremágnum de identificaciones e influencias que le invaden insidiosamente.

Duración 15 minutos

Fuentes.

https://www.hoy.es/sociedad/realidad-suicidio-infantil-20180923222659-ntrc.html

https://www.mayoresudp.org/wp-content/uploads/2017/03/Informe-sobre-el-Estado-Social-de-la-Naci%C3%B3n.pdf

El estadio del espejo. Jacques Lacan.

El género en disputa. Judith Butler.

Manipulación periodística de la ocurrido en Puente Llaguno (11-04-2002)

 

Música.

Hang Massive. Once again (hang drum duo 2011)

Baba Zula. Abdülcanbaz

 

Imagen.

Daido Moriyama. Imitation (1995)

 

PorPedroHoyos

¿Cómo tratar a una persona que está sufriendo? El poder de la empatía (vídeo)

La empatía es una elección, y es una elección vulnerable, porque para poder conectarme contigo tengo que conectarme con algo en mí mismo que reconozca ese sentimiento.

El poder de la empatía es un cortometraje animado (de menos de 3 minutos), basado en una conferencia de Brené Brown sobre la empatía. Constituye, a mi juicio, una excelente guía para aquellos que desean ayudar a familiares o personas queridas que se encuentran en un momento de crisis del cual no pueden salir, pero también como pautas a tener en cuenta para poder comunicarnos entre nosotros, (estemos en crisis o no).

Es importante asimilar ciertas pautas porque la ayuda, si no se da bien, puede causar más daño. La regla número 1 es no pretender ayudar a quien no te lo está pidiendo, quizás el impulso corresponde a tu propia angustia, no a la suya, quizás puede sentir su amor propio herido. El corto muestra ejemplos cotidianos, pero, en ocasiones, las personas que más sufren, o cuyo sufrimiento es más complejo, se encuentran no sólo con la incomunicación sino con juicios severos o rechazo a su persona, lo que, lógicamente, empeora la situación.

 

Guión.

 

¿Qué es la empatía y por qué es muy diferente a la simpatía?

La empatía alimenta la conexión.

La simpatía lleva a la desconexión.

 

Theresa Wiseman es una erudita en enfermería que estudió varias profesiones en las que es importante la empatía.

Propuso 4 atributos de la empatía:

 

1.Tener perspectiva. Poder tomar la perspectiva de otra persona o reconocer esa perspectiva como la verdad de esa persona.

2. No emitir un juicio (No es fácil, con lo que disfrutamos haciéndolo).

3. Reconocer las emociones de la otra persona.

4. Comunicárselo.

 

La empatía es ser sensibles con las personas. Siempre pienso en la empatía como una especie de espacio sagrado. Cuando alguien está atrapado en un agujero profundo y grita desde el fondo, diciendo:

 

“Estoy atrapado, está oscuro, estoy abrumado”.

Bajamos, miramos y decimos:

“Oye, yo sé cómo es estar aquí abajo y no estás solo”.

 

La simpatía es:

 

“¡Uh…! Qué mal, ¿no? ¿Quieres un sándwich?”.

 

La empatía es una elección, y es una elección vulnerable, porque para poder conectarme contigo tengo que conectarme con algo en mí mismo que reconozca ese sentimiento. Casi nunca, o nunca, una respuesta empática comienza diciendo:

 

“Por lo menos…”.

 

Y lo hacemos todo el tiempo. ¿Saben por qué? Alguien acaba de compartir algo muy doloroso con nosotros y nosotros tratamos de ver lo positivo del caso:

 

– “Tuve un aborto espontáneo”.

– “Al menos sabes que puedes quedarte embarazada”.

– “Creo que mi matrimonio se está derrumbando”.

– “Al menos tienes un matrimonio”.

– “A John lo van a echar del colegio”.

– “Al menos Sara saca en todo diez”.

 

Pero una de las cosas que hacemos a veces ante conversaciones difíciles es tratar de mejorar la situación. Si comparto algo muy difícil contigo preferiría que digas:

 

“No se qué decir, pero gracias por contármelo”.

 

Porque la verdad es que casi nunca una respuesta puede mejorar la situación. Lo que mejora la situación es la conexión.

PorPedroHoyos

La Clave (1978) ¿Hay locos? (vídeo)

La clave, el mítico programa de debate de TVE presentado por José Luís Balbín, se atrevía en esta ocasión de 1978 con la cuestión, siempre incómoda, de la locura.

¿Un loco es un enfermo? “La locura siempre es en relación con los demás” se dice en un momento de las tres horas de debate.

Intervienen los psiquiatras Juan José Lopez-Ibor, Antón Seoane, Franco Basaglia y Kenneth Dewhurst; además del escritor Jose María Gironella, Víctor Conde Rodelgo (subdirector general de servicios hospitalarios) y el Dr. Valentín Corcés Pando (presidente de la Sociedad Española de Neuropsiquiatría).

El debate trasciende el ámbito académico y ubica la locura en una dimensión política, económica, social y cultural. La enfermedad viene al “no poder expresar la propia subjetividad” dice Franco Basaglia, una de las figuras históricas más críticas y brillantes de la psiquiatría. Decía Basaglia en su libro La utopía de la realidad (1972):

“Si esta relación de dominación [dominación de clase] está en la base de la relación entre hombre y hombre, ¿cómo suponer que la relación terapéutica entre médico y paciente está exenta del componente de clase implícito en toda relación social? ¿Y cómo hablar de profilaxis psiquiátrica si uno de los lugares más nocivos para la salud del ciudadano es la institución médica (hospitales, ambulatorios, dispensarios, centros de higiene mental) donde rige, en todos los niveles, la relación de dominio y de abuso implícita en la estructura de nuestra sociedad? Desde el momento en que las instituciones creadas y programadas por la prevención (primaria, secundaria, terciaria) son las mismas reproductoras de enfermedad, la prevención no sirve más que para confirmar la función de las instituciones como instrumentos de control a través de la enfermedad que, por lo tanto, será alimentada en vez de curada”.

Las ciudades son grandes manicomios

En una línea similar Antón Seoane afirma que la sociedad no quiere admitir que las ciudades son grandes manicomios. En su experiencia en el hospital psiquiátrico de Conxo encontró que a la sociedad santiaguesa le molestaba el hospital. En diferentes momentos del debate, Basaglia, Corcés Pardo o Seoane, insisten en una visión del hospital psiquiátrico como un centro de reclusión de marginados, de los económicamente pobres, o quizás de los que incomodan a los considerados normales. Pero lo que en un tiempo o sociedad se considera normal, en otra puede no serlo, y nuestra sociedad no ofrece vías para que estas personas puedan encontrar un lugar.

No se puede hacer medicina sin política

¿Los hospitales psiquiátricos son, siguiendo esta línea de pensamiento, contraproducentes? ¿Qué es un loco? ¿La enfermedad se debe a una anomalía orgánica o a una anomalía social? Kenneth Dewhurst se inclina por la primera. ¿Se puede tratar la locura eliminando el contexto social? Basaglia nos recuerda que no se puede hacer medicina sin política. ¿Son los locos realmente peligrosos? López-Ibor afirma que estadísticamente los considerados locos son menos violentos que los considerados normales. Sin embargo pareciera que les tenemos miedo, ¿por qué?.

El escritor Jose María Gironella, que pasó por un diagnóstico de depresión nerviosa, argumenta que en la psiquiatría occidental le faltó la parte afectiva, que sí conoció en los psiquiatras orientales.

Distintos puntos de vista en un debate profundo, de los que lamentablemente ya no se dan en TV. Demostración, a su vez, de lo mucho que nos condiciona el marco teórico del cuál partimos a la hora de identificar fragmentos de la realidad. Corcés Pando dice: “El grado de formación (deformación) condiciona la actitud hacia el enfermo”.

En definitiva, uno de los mejores episodios de La clave, que lo disfruten.

PorPedroHoyos

El dilema de “Hey Joe”, la canción popularizada por Hendrix, sobre la violencia de género y la destructividad humana

A mis colegas no les interesaba nada en absoluto tratar de comprender las causas de la violencia; por tanto, no les interesaba reducir la violencia, sino que parecían experimentar cierto placer imaginándose la soga en torno al cuello de Joe mientras predicaban contra la maldad humana.

Eran los años 60 y corrían tiempos más benévolos con la libertad de expresión, tanto es así que canciones que planteaban situaciones de violencia contra la mujer de una manera cruda, como Hey Joe, no suponían ningún conflicto para las feministas de entonces.

En la canción Joe mata a su mujer porque esta le engaña con otros hombres. Una vez perpetrado el crimen el Estado busca a Joe para colgarle.

Pueden escuchar la interpretación de Hey Joe que hizo Hendrix en el siguiente enlace, con la letra subtitulada al español.

A finales de los 90, siendo yo un adolescente, plantee a mis colegas de entonces el dilema que me sugería esta canción:

¿Qué es moralmente más reprobable, la mujer de Joe por engañarle con otros hombres, Joe por matar a su mujer, o el Estado por disponer que Joe debe ser colgado?

Sin dudarlo mis colegas señalaron a Joe como fuente de todo mal, y más que el acto, condenaron a la persona (en este caso personaje ficticio). Aquí comprendí, de forma cristalina, que mis compañeros, tan de izquierdas, eran una caterva de reaccionarios, como después el tiempo me demostró sobradamente.

La principal característica del reaccionario: el goce que experimenta dando rienda suelta a su pulsión de muerte.

Y es que, lo que se deduce aquí, son una serie de asuntos de no poca importancia. Para empezar, a mis colegas no les interesaba nada en absoluto tratar de comprender las causas de la violencia; por tanto, no les interesaba reducir la violencia, sino que parecían experimentar cierto placer imaginándose la soga en torno al cuello de Joe mientras predicaban contra la maldad humana. Esta es, a mi juicio, la principal característica del reaccionario, el goce que experimenta dando rienda suelta a su pulsión de muerte. El reaccionario suele ser una persona con escaso conocimiento de su mundo interior, por tanto, impermeable a la detección y autocrítica de sus impulsos violentos. Tal como indicaba el psicoanalista Wilhelm Reich en Psicología de masas del fascismo, las características reaccionarias están determinadas por la estructura de personalidad del individuo, y menos por su filiación política, a la izquierda o a la derecha. Se habla siempre de la educación, sin duda pieza básica de toda sociedad, pero nunca se habla de la crianza, y la crianza es la primera piedra de la personalidad.

La pulsión de muerte, conceptualizada por Freud en Más allá del principio del placer (1920), es un impulso destructivo que va más allá de una economía pulsional que busque placer e intente evitar el dolor. En la destrucción de la pulsión de muerte puede haber sufrimiento, mucho sufrimiento, pero también un goce inconsciente en ese sufrimiento.

Si nuestra sociedad no está preparada para el ateísmo, destruir el catolicismo, sin ofrecer nada mejor a cambio, es potencialmente destructivo.

Esto me lleva a pensar, desde mi ateísmo, sobre el papel que jugaba el catolicismo en España como freno a esta destructividad. No olvidemos que el pilar fundante del cristianismo, y sin embargo el más olvidado, es el dogma de la gracia divina: Cristo pagó con la crucifixión por nuestros pecados. Este mecanismo cultural de redención es no poco importante para equilibrar la destructividad humana. Y es que, si nuestra sociedad no esta preparada para el ateísmo, destruir la preponderancia del catolicismo sin ofrecer nada mejor a cambio, es potencialmente destructivo.

Los medios de comunicación, libres del freno moral de una cultura católica, han dado rienda suelta a ideologías posmodernas que canalizan la destructividad hacia instituciones fundantes de nuestra sociedad, como la familia o la nación. La primera nos provee de amor y estabilidad para construirnos como individuos, de la segunda emanan nuestros derechos ciudadanos.

Para terminar, no olvidemos tampoco, que la opinión pública está muy determinada por la opinión publicada.

PorPedroHoyos

Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock. Análisis psicoanalítico (video y película online)

Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock, considerada como una de las mejores películas de la historia del cine, es también una de las más enigmáticas. La historia da comienzo con un hecho traumático. El detective Scottie (James Stewart), persigue a un presunto criminal por los tejados de San Francisco, al saltar a otro edificio queda colgado de la cornisa. Su compañero trata de ayudarlo pero cae en el intento. Su compañero muere y Scottie sobrevive, pero traumatizado, desarrolla una acrofobia con un intenso vértigo. La sombra que cae al vacío de una espiral, el cartel de la película, nos abre a lo enigmático del inconsciente.

Ver video (duración: 8 minutos)

Para ver la película online.

PorPedroHoyos

Una reflexión poética sobre el odio (si no estás preparado)

El odio (si no estás preparado)

 

Si no estás preparado

si te hacen daño lo suficiente

acabas odiando

 

El odio es un susurro de carmín a la yugular

sin darte cuenta

te da placer, soberbio en tu rostro

que se tensa y deshace

y te atrapa, te caza y te esclaviza.

 

El odio se cuece en la intimidad de tu dormitorio,

es un aliento tórrido sobre tu nuca

es un iceberg de hielo punzando tu frente, se expande

desencaja tu cara.

 

La única forma de liberarte de él es haciendo daño.

Pero cada vez que haces daño él se ríe y sube otro escalón,

como un pequeño dictador a cuerda,

se hace más fuerte con tu irracionalidad, con tu debilidad y miseria.

Taladra el bloque de hielo y llena tu cerebro de escarcha.

 

Si no puedes hacer daño a aquel que te causó dolor

elegirás otra víctima asequible

y esculpirás en ella todo tu odio

 

Si odias en soledad, te sentirás despreciable

pero ay! si encuentras a más que odien como tú,

como yonqui desesperado los buscarás,

y te sentirás fuerte, seguro y justificado

en tu decorado de cartón piedra

con un enemigo claro como el alba.

 

Y como aprenderás a ser esclavo,

esclavo serás, y aquellos que te causaron sufrimiento

manipularán tu odio hacia sus propios trofeos de caza

y te usarán.

 

El odio es una puta a la que escupes todos tus errores

El odio es una mecedora de horca

El odio es un yonqui que vende a sus hijas por heroína

El odio es cocaína

El odio es un látigo coceando sin empuñadura

El odio es el ojo crispado del caballo desbocado

que demasiado tarde para reaccionar

se precipita a un abismo ignorado.

El odio es el miedo!

 

Iza ese harapo!

 

El odio hacia la inmigración

El odio hacia el raro

El odio hacia la mujer,

hacia el activista

El odio hacia el débil e ignorado

 

Pero no hacia el amo,

Nunca hacia el amo.

Porque el odio es el miedo

porque el odio es ciego

porque el odio es un yugo, que por tu miseria te aferra

 

Y en tu ceguera odias al libre

porque tú no eres libre

 

Y el odio te usará

Y te hará suyo,

Y te despedazará por dentro,

Si no estás preparado.

PorPedroHoyos

Solaris (1972), de Tarkovski. El ser humano ante el cosmos (análisis y película online)

Pocas películas tienen tal poder hipnótico y de fascinación ante el misterio como Solaris.

Allí donde Interstellar (2014), de Christopher Nolan, hace el ridículo, porque coloca a la ciencia en el lugar de Dios, clásicos como 2001 o Solaris recuperan las grandes preguntas del ser humano ante el cosmos. Tal como decía la hermana del director, Andréi resolvía problemas morales en sus películas.

Les invito a que lean mi artículo sobre este filme de culto, con un análisis psicológico, en El Cine en la Sombra.

Pueden ver la película completa, con excelente calidad y subtitulada, en el canal de la propia productora, que la disfruten:

Parte 1

Parte 2

Para ver online más películas de Tarkovski pinchen aquí.

PorPedroHoyos

En defensa de la NEGATIVIDAD (vídeo)

Pueden ver el vídeo aquí (12 minutos), o leer la entrada.

Lo negativo nos indica que algo va mal, ya sea en un individuo, en una sociedad o en una familia. Somos una sociedad que no admite lo negativo, que pretende vivir en la demanda de que todo sea positivo. Veamos el sufrimiento psíquico que esta actitud genera.

Lo negativo se manifiesta en crisis. La palabra crisis viene del griego “Krinein”, que significa “separar” o “decidir”. De aquí se deriva el termino “crítica”, que significa análisis, y “criterio”, razonamiento. La crisis es algo que se rompe, una irrupción violenta de la negatividad que había sido desatendida y que obliga a pensar, a analizar.

En un sistema económico sostenido por ideologías que niegan las contradicciones y los límites, la crisis es inevitable. Los límites y contradicciones representan lo negativo, pero para que una empresa supranacional no entre en crisis, por el colapso de la demanda o la sobreproducción, necesita un crecimiento ilimitado. ¿Cómo pretende obtenerlo? Abarcando más nichos de mercado, absorbiendo otras empresas, conquistando otros mercados (a veces mediante la guerra), abaratando costes, generando explotación humana.

Sólo una negación enorme puede negar lo negativo, por más que lo negativo esté ahí, y sea real. Se necesitan fuertes estructuras ideológicas y múltiples altavoces propagandísticos para mantener la ideología.

Lo negativo, decía René Lourau, pone en marcha un analizador que revela la estructura de las instituciones, el inconsciente social que permanecía oculto.

  1. El amor como negatividad

Dice Byung-Chul Hang en su libro La agonía del Eros:

“El amor se positiva hoy para convertirse en una fórmula de disfrute. De ahí que deba engendrar ante todo sentimientos agradables. No es una acción, ni una narración, ni un drama, sino una emoción y excitación sin consecuencias. Está libre de la negatividad de la herida, del asalto o de la caída. Caer (en el amor) sería ya demasiado negativo. Pero, precisamente, esta negatividad constituye el amor: <<El amor no es una posibilidad, no se debe a nuestra iniciativa, es sin razón, nos invade y nos hiere>>. La sociedad del rendimiento, dominada por el poder, en la que todo es posible, todo es iniciativa y proyecto, no tiene ningún acceso al amor como herida y pasión”.

En una línea parecida decía Erich Fromm en El arte de amar, sobre el amor en el capitalismo:

“Dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio”.

Pero enamorarse no es lo mismo que amar, el enamoramiento es fusión e idealización, para amar necesitas reconocer al otro, con sus virtudes y defectos, no como objeto, sino como sujeto, y el reconocimiento de esa alteridad implica un reconocimiento de lo negativo.

Hoy cada día más, se tratan de borrar las diferencias sexuales, sin darnos cuenta de que el hombre y la mujer se atraen, precisamente, porque son diferentes y complementarios. Es deseable una igualdad de oportunidades, pero NO ser iguales.

  1. El consumo como negación de la falta, aniquila el deseo

El consumo masivo, además, en un intento de tapar la falta, nuestras carencias, lo negativo, en un atiborramiento de consumo positivo, sea del tipo que sea, no deja espacio para desear. Por lo tanto deviene en apatía y caída de la líbido.

Si el objeto falla, no se repara, se tira y se compra otro.

  1. Libros de autoayuda

Los libros de autoayuda, en su vertiente más ideológica, convierten el pensamiento positivo en pura metafísica. Por ejemplo, el psicólogo Wayne Dyer, uno de los autores de más ventas, llega a afirmar pensamientos como el siguiente: “Una vez que creas en ti mismo y ves tu alma divina y preciosa, automáticamente te convertirás en un ser que puede crear milagros”. Muchos de estos libros están repletos de frases en las que se insinúa que puedes cambiar tu realidad meramente cambiando tu pensamiento, como si tuvieses superpoderes. Además, se transmite un individualismo muy dañino, forma parte ya de la ideología de todos que para amar a otro debes amarte a ti mismo antes. Esto tiene importantes matices, ¿cómo vamos a amarnos si nadie nos ha amado antes, o si estamos dañados para poder recibir amor? Una vez el ser humano ha superado la etapa del narcisismo primario se nutre del amor que da a los demás y recibe de los demás. No existe individuo sin los demás. Decía Viktor Korman que lo psíquico es lo social subjetivado. Nuestra identidad se construye a base de identificaciones con los demás.

  1. Mamá, dime NO

El ser humano comienza a estructurarse psíquicamente con la negación, en el momento en que la persona que hace de figura materna dice NO al niño. Gracias a la irrupción de lo negativo el niño podrá ir conociendo los límites a sus demandas. Esto le permitirá generar recursos psíquicos para tolerar la frustración y la progresiva separación de la figura materna (ganancia de autonomía). Si este proceso, por no poder aceptar lo negativo, no se diera suficientemente, podría generar una falla, que más adelante degeneraría en el llamado Trastorno por déficit de atención (con o sin hiperactividad), popularmente conocido como TDAH. Sin lo negativo no hay individuación. Si no se llega a ser sujeto, los demás serán objetos para llenar nuestro narcisismo.

Esta escasa tolerancia a la frustración, esta no aceptación de lo negativo, de la pérdida de la omnipotencia infantil, ¿no puede estar en la base de la cultura del éxito sin esfuerzo, de la cultura de “lo quiero bueno, bonito, barato, breve y ahora”?.

  1. La presión por ser positivos

Decía Pessoa que un optimista es un tonto simpático y un pesimista un tonto antipático. ¿Exceso de positividad el primero y exceso de negatividad el segundo? Mejor sería tratar de ser realistas. No son pocas las empresas que fracasan, porque por un exceso de positividad, no se vieron las amenazas que las hacían zozobrar.

A muchas personas les va bien un poco de pensamiento positivo, por ejemplo decirse a sí mismo que todo va a ir bien, en un momento bajo. Pero ¿qué ocurre, si en este clima de negación de lo negativo, una persona fracasa una y otra vez tratando de ser positivo? Lo que suele ocurrir es que la persona se culpa a sí misma. Al no permitir la entrada de lo negativo no se dispara el analizador, la persona puede entrar en círculos viciosos peligrosísimos.

La presión por lo positivo, por ser feliz, por tener éxito, puede llevar a muchas personas con dificultades para aceptar lo negativo, a la parálisis. El fracaso sería un golpe demasiado duro para su amor propio.

La negación de nuestra falta, de nuestras carencias, nos hace esclavos de los mensajes de un mundo cada vez más artificial. El sistema de propaganda y la publicidad están orientados a infantilizarnos, a negar esta falta constitutiva del ser humano, nos venden ilusiones de completud, de omnipotencia, de éxito sobre los demás, de elitismo. Negamos hasta la vejez, con liposucciones o liftings, vivimos como si la muerte no existiera, y nos hacemos esclavos también de ella. Y cuanto más vulnerables nos hacen más nos atrapan por estos goces secundarios, sustitutivos del deseo, de la libertad personal.

  1. La negatividad de la diferencia sexual anatómica

El niño comienza su proceso fundante, el complejo de Edipo, con el trabajo de reconocer la diferencia sexual anatómica. El reconocimiento rompe su ilusión de completud. Las políticas que promueven la androginia, la no diferenciación, que todos seamos iguales o pensemos igual, ponen en riesgo los procesos estructurantes del niño. Sin la negatividad de lo diferente no puede haber individuación. Caídas las grandes doctrinas universales, caída la estabilidad familiar, la persona se verá abocada a una precaria búsqueda de falsas identidades en los grupos políticos identitarios.  En la masa desaparecerá como individuo, será dependiente de la identidad del grupo, una identidad paranoica basada en un enemigo común.

Para la dialéctica hegeliana la negatividad era el límite que permitía diferenciar al ser y darle sentido. El análisis racional sólo puede darse mediante una negatividad. La clase explotada, el trabajo excesivo, las guerras, la pobreza, son la negatividad, la contradicción que permite la racionalidad. Sin la irrupción de lo negativo no puede haber cambios, ni revoluciones, sino estancamiento o retroceso.

  1. La soberbia cientificista

Una sociedad que pretende negar los límites con la ciencia es una sociedad en la que el ser humano está desconociéndose a sí mismo, olvidando los clásicos. Recordemos a Ícaro, cuando con sus alas se elevó tan alto que los rayos del sol las derritieron, recordemos a Sísifo.

  1. Victimismo

Sin la irrupción de lo negativo no habría aprendizaje. El victimismo sustituye la responsabilidad, las identidades son débiles y nos aferramos a sectas, haciendo rígido nuestro pensamiento y severo nuestro juicio. Se persigue la disidencia, se reduce la libertad de expresión.

  1. ¿Cómo podríamos saber…?

¿Cómo podríamos saber que estamos rotos, si no sintiéramos angustia? ¿Cómo podríamos saber que amamos, si no se nos encogiera el corazón ante el ser amado? ¿Cómo podríamos saber del llanto y del socorro, si taponásemos nuestros oídos y nuestra humanidad? ¿Cómo podríamos saber que estamos perdidos, si no se nos dejase andar?.

Fuentes

El análisis institucional (1970). René Lourau. Amorrortu.

La agonía del Eros. Byung-Chul Hang

El arte de amar. Erich Fromm

http://etimologias.dechile.net/?crisis

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