Category Archive Cine

Lo que Mejor… Imposible nos enseña del TOC y la estructura obsesiva

En el año 1997 fueron muchos los que se enamoraron de Mejor… imposible (As Good as It Gets), de James L. Brooks. La comedia estaba protagonizada por un personaje obsesivo, maleducado, homófobo, ególatra y misántropo que, sin embargo, nos caía muy bien.

Melvin y el TOC

Melvin Udall (interpretado por Jack Nicholson), está diagnosticado con el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).

Su vida esta muy limitada debido a la necesidad imperiosa de realizar una serie de rituales compulsivos para calmar la angustia de pensamientos intrusivos: cerrar cinco veces el cerrojo de la puerta, lavarse las manos con un jabón nuevo cada vez, utilizar en el restaurante cubiertos de plástico, no pisar las líneas de las aceras, etc.

El obsesivo y la imposibilidad del deseo

Vamos a centrarnos ahora en la estructura de personalidad obsesiva, que puede ir acompañada de síntomas de TOC, o no. Para Lacan, la característica principal del obsesivo es su imposibilidad de sostener el deseo (Pascual, 2014).

El obsesivo aplasta su deseo parapetado en una coraza, que en el caso de Melvin está construida a base de sarcasmo y aparente cinismo. ¿Puede amar Melvin?

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Solaris, de Tarkovski. Análisis psicoanalítico (vídeo)

¿Cómo reaccionaríamos si nuestros deseos más inconfesables, o nuestras culpas más profundas, se materializaran, como un cadáver que sale a la superficie, a la vista de todos? Tarkovski, el gran director soviético, toma la novela de ciencia ficción de Stanislav Lem para hablar de lo que le interesa, la conciencia humana y el sentido del cosmos.

Bienvenidos al universo Solaris, “la vergüenza salvará a la humanidad”.

ver en youtube

Pueden ver la película Solaris online subtitulada AQUÍ

El análisis es abierto para no cerrar significados a los que aún no han visto la película. ¿Qué os sugiere a vosotros Solaris?

Joker, una película reaccionaria

En la época de subversión de valores en que vivimos, una película como Joker (Todd Phillips, 2019), se considera de izquierdas, mientras que El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008), se considera de derechas. ¿Por qué?

Es preocupante leer o escuchar algunas opiniones que se vierten sobre esta película, opiniones que tratan al Joker como un héroe de los oprimidos. En Taxi Driver (Scorsese, 1976), ocurrió un fenómeno parecido, parte del público ensalzaba a Travis por el crimen cometido (recordemos que en la aclamada película el personaje interpretado por el fulgente Robert De Niro se cargaba a unos proxenetas que explotaban sexualmente a una menor). Scorsese no dejó de manifestar su preocupación ante este fenómeno, pues lo que él pretendía mostrar era todo lo contrario, el horror de la violencia y lo execrable de un tipo que se toma la justicia por su mano. Como proponía Sartre ¿qué ocurriría si todos hiciéramos lo mismo? Pero era comprensible y literariamente coherente que las masas empatizasen con un tipo que pretendía eliminar a tipos tan execrables. Y en todo caso, la responsabilidad de Travis por sus actos no era eliminada del discurso, ni su personaje era victimizado.

En Taxi Driver había una coherencia, el guion de Paul Schrader era magistral. Un espectador sensible podía contactar con el infierno del personaje y horrorizarse en él, al tiempo que salía del cine espiritualmente fortalecido. Pero, mientras que en el cine de Scorsese siempre hay una estructura moral (que no moralina) que no exime de responsabilidad al personaje para con sus actos y el espectador, en Joker no existe nada de esto, o sencillamente esta estructura moral está subvertida. El personaje que interpreta Joaquin Phoenix es psicológicamente plano, sin conflictos de ningún tipo. Sólo unos apuntes de guion bastante ramplones sirven para tratar de justificar sus actos: sufrió abusos de pequeño, su madre los toleró, etc. Pero queda impostado, artificial, una caricatura y no un ser humano con la sangre puesta a hervir. Travis trataba de suicidarse después de cometer los asesinatos, en El Joker hay un claro guiño a Taxi Driver cuando ensaya su suicidio de la misma forma en que lo intentaba Travis. Pero finalmente El Joker no se suicida, en lo que es un giro de guion que hace aguas, que de nuevo solo se podría justificar, impostadamente, por el éxito de sus actos en el reflejo de la masa. Pero la estructura psicológica del Joker no tiene conflictos, ni pies ni cabeza, alguien que sufría de una personalidad disociada no puede eliminar de un plumazo su parte “Happy”, sin que quede rastro de ella. Esto es lo que sí resulta perturbador en la película, pero por estar mal hecha, por carecer de una visión humana sobre los personajes. Aquí estaría, a mi juicio, el pivote de la subversión moral de la que hablo.

En El caballero oscuro, a diferencia de Joker, sí hay un contacto, aunque sea al nivel de cómic, con la indefensión y la carencia de las masas, las masas aterrorizadas son manipuladas y pueden elegir malos líderes. Emociona su indefensión, sus tendencias violentas o reaccionarias, la sangre se pone un poquito a hervir. Batman se equivoca creyendo que, existiendo en Gotham un fiscal fuerte y honrado, su labor ya no tiene objeto. No puede existir Ley sin una fuerza coercitiva que la imponga. ¿Batman es de derechas? ¿El personaje que trata de llegar a un Estado de Derecho donde todos seamos iguales ante la ley, donde no se imponga la ley del más fuerte, incluida la suya propia, es de derechas? ¿Entonces qué narices es ser de izquierdas hoy día?

Películas de temáticas parecidas como El club de la lucha (David Fincher, 1999) o Network (Sidney Lumet, 1977), de las cuales sin duda también bebe Joker, no carecían de lo que sí carece Joker. Network profundizaba como pocas en la deshumanización de las relaciones en la posmodernidad, y El club de la lucha nos ofrecía una visión distópica en la que se daba rienda suelta a la más pura pulsión de muerte. Joker, por el contrario, no es ya una crítica al posmodernismo, sino que parece surgida del propio caldo ideológico de nuestros días. La rebelión de las masas en Joker no emociona, ni tiene coherencia. El Joker no es Travis, no ha matado a unos malditos explotadores de menores. Ni siquiera se han molestado en crear algún personaje que simbolice a las masas. Tanto El Joker como las masas son tratadas, en la visión de Todd Phillips, de la misma manera en que se trata hoy día a las llamadas minorías oprimidas: victimizándolas, y, por tanto, eximiéndolas de toda responsabilidad por sus actos. En definitiva, las deshumanizan, infantilizan y tutelan, sustituyendo la autoridad tradicional por otra peor. Es tan caricaturesco que no hay en Joker un verdadera comprensión del dolor humano, del origen de la violencia, o una perturbación emocional al contacto con algo que no entendemos pero que sentimos como propio, eso que a veces llamamos la condición humana. Sólo hay una mirada victimizadora que está a oscuras por la ideología.

Mientras que a Travis se le considera un personaje fascista, al Joker se le considera, bajo el paradigma ideológico actual en el cual se inscribe la película, una minoría oprimida. Travis parece tener cierta animadversión por las ahora llamadas minorías oprimidas, El Joker es sin embargo una minoría oprimida. Ambos sufren unas vidas terribles marcadas por la violencia, pero a uno se le considera un asesino fascista por matar a unos proxenetas, y al otro, que ha asesinado incluso a su propia madre, se le considera una víctima. Paradojas de la subversión de valores. Subversión que, como se puede comprobar, es no poco peligrosa y perversa.

Este constante ataque a la autoridad, a la Ley y el Orden, está desestructurando a los niños, pues se empieza a considerar que toda imposición paterna es opresión hacia el menor. La subversión perversa de valores llega a considerar como derechos del menor lo que en verdad es maltrato. Bajo esta ideología no se puede comprender el dolor humano ni ofrecer un bálsamo al mismo. Que Joker no es perturbadora lo demuestra su éxito de masas en taquilla. El ser humano tiende a cargarse al mensajero cuando este trae malas noticias del interior de su psique, no a hacerle rico mientras come palomitas. Joker tiene algunas bondades fílmicas, quizás se recuerde por la actuación de Joaquin Phoenix, pero no merece estar en el Olimpo si no queremos degradar peligrosamente nuestros criterios y nuestra visión moral del mundo. Parece que ahora ser un reaccionario ya no es casposo, es ser cool, estar en la honda.

Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock. Análisis psicoanalítico (video y película online)

Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock, considerada como una de las mejores películas de la historia del cine, es también una de las más enigmáticas. La historia da comienzo con un hecho traumático. El detective Scottie (James Stewart), persigue a un presunto criminal por los tejados de San Francisco, al saltar a otro edificio queda colgado de la cornisa. Su compañero trata de ayudarlo pero cae en el intento. Su compañero muere y Scottie sobrevive, pero traumatizado, desarrolla una acrofobia con un intenso vértigo. La sombra que cae al vacío de una espiral, el cartel de la película, nos abre a lo enigmático del inconsciente.

Ver video (duración: 8 minutos)

Para ver la película online.

Solaris (1972), de Tarkovski. El ser humano ante el cosmos (análisis y película online)

Pocas películas tienen tal poder hipnótico y de fascinación ante el misterio como Solaris.

Allí donde Interstellar (2014), de Christopher Nolan, hace el ridículo, porque coloca a la ciencia en el lugar de Dios, clásicos como 2001 o Solaris recuperan las grandes preguntas del ser humano ante el cosmos. Tal como decía la hermana del director, Andréi resolvía problemas morales en sus películas.

Les invito a que lean mi artículo sobre este filme de culto, con un análisis psicológico, en El Cine en la Sombra.

Pueden ver la película completa en el canal de la propia productora (no olviden activar los subtítulos en español), que la disfruten:

Parte 1

Parte 2

 

En la ciudad blanca. La vida late suavemente en 35 mm

En la ciudad blanca (1983) de Alain Tanner, es una película distinta a todas, ni si quiera parece una película, así como Bruno Ganz, su protagonista, tampoco parece un actor. O quizás la protagonista es Lisboa, que es no sólo escenario, sino tiempo suspendido.

El personaje experimenta lo que los psicólogos llamamos una fuga disociativa, en el cine lo pudimos ver un año después con Harry Dean Stanton en Paris, Texas, vagando ido por el desierto americano, hasta que recupera la voz y puede comenzar a ordenar todo lo que se rompió en mil pedazos. Aquí Paul (Bruno Ganz), también ha perdido la palabra, pero en lugar de fugarse por el desierto, se pierde en los interminables adoquines de Lisboa.

Este bellísimo poema visual nos evoca a Pessoa: el misterio de la realidad que se resiste a ser comprendida por el pensamiento, la dialéctica del pensamiento y del sueño, la incomunicación humana… Pero también encontramos ciertos paralelismos con Meursault, el personaje de El extranjero de Albert Camus. Paul, como Meursault, también es un extranjero, parece haber abolido toda normal moral, parece ensimismado, no en sus pensamientos, sino en sentir los estímulos del mundo externo. Paul y Meursault parecen haber suspendido el tiempo cuando salen al balcón en camiseta interior de tirantes y sienten la extrañeza de todas las sensaciones de vida. Paul parece necesitar llenarse de sensaciones, volver a respirar, volver a soñar, volver a contemplar un paisaje, una mujer bella o a unos parroquianos del bar vibrar con un partido de fútbol. Meursault reposa su cabeza en el pecho de su amiga y dice “late suavemente”, Paul toca la armónica mientras contempla a su amiga bailar al ritmo, y el espectador siente, como pocas veces antes, la vida latiendo suavemente en 35 mm.

Les invito a leer mi crítica de En la ciudad blanca en El cine en la sombra. Pinchen aquí.

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