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Lo que la ansiedad esconde. Una aproximación más allá del síntoma (vídeo)

La ansiedad, como significante en sí, no dice nada sobre lo que nos pasa. La ansiedad es un tapón socialmente aceptado para no hablar de lo que nos angustia. Y como todo tapón que tapa una salida, angustia en sí mismo. Somos una sociedad angustiada. Se nos obliga a gozar ilimitadamente, a ser cuasi-perfectos, a ser felices. ¿Cómo va a tener cabida la angustia, que es algo tan negativo? Veamos todo lo que la ansiedad esconde.

Tiempo de visionado: 10 minutos.

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“Song of the angels. William-Adolphe Bouguereau” de Alexey Kondalov.

Música

“Groove Grove” Kevin MacLeod (YouTube Audio Library).

“After all” Geographer.

“Gnossienne No.1” Erik Satie.

“Invierno (Las cuatro estaciones)” Antonio Vivaldi.

Fuentes

Freud, S. (1926). Inhibición, síntoma y angustia. Amorrortu

Lacan, J.. Seminario 3. Psicosis. Paidós.

Lacan, J.. Seminario 10. La angustia. Paidós.

Martín, A.  (2018). La ansiedad que no cesa. España: Xoroi Edicions.

Recalcati, M. (2007). Lo homogéneo y su reverso. Clínica psicoanalítica de la anorexia-bulimia en el pequeño grupo monosintomático. España: Miguel Gómez Ediciones.

Adueñarse del nombre propio: El nombre propio en psicoanálisis

En la elección del nombre confluyen los deseos de los padres hacia el hijo. Adueñarse del nombre supone aceptar el legado que nos inscribe en el mundo social, pero también podar lo que nos impide separarnos y escribir nuestra propia historia. Hacer propio el nombre propio es un proceso ineludible para todo sujeto, es una tarea que nunca termina. Veamos qué significa el nombre propio.

El nombre propio en el psicoanálisis

El nombre propio no es un mero deíctico. Para el antropólogo Lévi-Strauss el nombre propio clasifica al sujeto en un clan, que implica mandatos y prohibiciones (Ledezma, 2016). En el nombre elegido se depositan deseos reprimidos e ideales narcisistas que los padres tienen con respecto a los hijos que van a nacer (Marcer y Kicillof, 1990). El sujeto puede identificarse con estas depositaciones para llegar a ser, sin darse cuenta, algo que en realidad no es (Mazzuca, citado por Ledezma, 2016). Por eso todos los seres humanos tenemos que resignificar nuestro nombre, o, dicho de otro modo, adueñarlos de él. De lo contrario podemos estar viviendo una especie de guion fantasmático de nuestros padres, dificultando nuestra separación psíquica de ellos.

¿Pueden presentarse dificultades para realizar el proceso, siempre inacabado, de adueñarse del nombre propio?

La literatura clínica nos dice que sí. Algunos nombres se han solidificado y producen padecimiento, el sujeto ha quedado identificado a un signo cerrado (Zelis, 2012).

Nos dice Juan Eduardo Tesone, en su libro En las huellas del nombre propio: “Se atribuye un nombre a un niño, pero a veces se atribuye un niño a un nombre” (Tesone, 2011: 15). Veamos un ejemplo:

El caso de René

René, de 5 años, retraído y víctima de una desestructuración psicótica evaluado en el marco de una consulta en un Servicio de psiquiatría infantil de París, había nacido tras el fallecimiento de su hermano mayor. Su identidad sólo era reconocida como renacimiento del hermano mayor muerto, corno instrumento para negar el cadáver, cuyos signos de descomposición persistían sin embargo en él (Tesone, 2011: 82).

En francés René es homófono de renacido. Representaba un hijo nuevo para negar el duelo por el hijo muerto.

El nombre propio para llenar los agujeros de la identidad

Hay una “íntima relación de los cambios de nombre con las luchas de identidad. Los nombres tienen un fuerte valor afectivo y simbolizan una parte importante de la identidad de una persona” (Falk, 1975-1976: 647).

La pertinencia de un cambio de nombre debe analizarse con el máximo cuidado, pues podría entrañar una negación del proceso de castración simbólica, o separación de las figuras parentales. O también, una pérdida de identidad potencialmente desestructurante.

Para Lacan, el nombre propio esta hecho para llenar los agujeros de la identidad, para ofrecer una falsa apariencia de sutura (Zelis, 2012). Es célebre el caso del escritor James Joyce. Con la producción de su obra literaria Joyce consigue hacerse un nombre propio. La escritura recosía el desgarro psicótico por la carencia de Nombre del Padre. Recalcati nos ofrece un caso más actual, el de una joven psicótica que decidió dedicarse a copiar las grandes obras de la pintura contemporánea. Hacerse copiadora de la obra de los padres estabilizó su psicosis. Le permitió forjarse un nombre propio socialmente reconocido (Recalcati, 2003).

Conclusiones

En la literatura del Antiguo Testamento, los nombres tenían un gran significado y se les daban diversas interpretaciones. El nombre de los doce hijos de Jacob, por ejemplo, recibe una aclaración detallada. El primero, Rubén, fue nombrado por su madre, Lea, que había estado celosa del amor de Jacob por su rival Raquel y logró darle un hijo a Jacob antes que Raquel, con la esperanza de ganarse el amor de su esposo de esta manera: Rubén significa “he aquí … ¡un hijo!” (Génesis 29:32). (Falk, 1975-1976: 647).

En definitiva, los padres eligen el nombre que mejor condensa, desde el fondo de su inconsciente, el mosaico de deseos y expectativas del hijo por nacer (Tesone, 2011:109). El que nombra tiene cierto poder sobre el nombrado, y así lo entendían, por ejemplo, en el Antiguo Egipto. El nombre propio era secreto, pues su revelación otorgaba poder sobre la persona interpelada para dominarlo (Tesone, 2011).

Las mayores perturbaciones pueden venir, como hemos visto, cuando el nombre viene a negar duelos anteriores, cuando el hijo, de una u otra manera, viene a suplir las carencias de los padres y va a ser colocado como su sostén narcisista. Pero incluso en el mejor de los escenarios la apropiación del nombre, y el hacerse un nombre, es siempre tarea ineludible de todo análisis y de toda vida. Con una crianza suficientemente buena no debería ser una carga, sino una aventura.

Referencias bibliográficas

Falk, A. (1975-1976). Identity and name changes. The Psychoanalytic Review, 62(4), 647-657.

Ledezma, A. (2016). ¿Nombrarse o ser nombrado? El nombre como depositación. Revista Winb Lu. Esc. De Psicología. Universidad de Costa Rica, 11(2), 31-39.

Marcer, C., Kicillof, D. (1990). Introducción al psicoanálisis de la elección de los nombres propios. Revista de Psicoanálisis de Buenos Aires, 47(1), 129-39.

Recalcati, M. (2003). Clínica del vacío. Anorexias, dependencias, psicosis. Madrid: Síntesis.

Tesone, J. E. (2011). En las huellas del nombre propio: Lo que los otros inscriben en nosotros. Buenos Aires: Letra Viva.

Zelis, O. (2012). La función del nombre en psicoanálisis: articulación entre las concepciones de J. Lacan y C. S. Peirce. IV Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología. XIX Jornadas de Investigación. VIII Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología – Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires. Recuperado de: https://www.aacademica.org/000-072/921

IMAGEN: Recorte de Magritte, R. (1937) La reproduction interdite. Museum Boijmans Van Beuningen in Rotterdam.

Lo que Mejor… Imposible nos enseña del TOC y la estructura obsesiva

En el año 1997 fueron muchos los que se enamoraron de Mejor… imposible (As Good as It Gets), de James L. Brooks. La comedia estaba protagonizada por un personaje obsesivo, maleducado, homófobo, ególatra y misántropo que, sin embargo, nos caía muy bien.

Melvin y el TOC

Melvin Udall (interpretado por Jack Nicholson), está diagnosticado con el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).

Su vida esta muy limitada debido a la necesidad imperiosa de realizar una serie de rituales compulsivos para calmar la angustia de pensamientos intrusivos: cerrar cinco veces el cerrojo de la puerta, lavarse las manos con un jabón nuevo cada vez, utilizar en el restaurante cubiertos de plástico, no pisar las líneas de las aceras, etc.

El obsesivo y la imposibilidad del deseo

Vamos a centrarnos ahora en la estructura de personalidad obsesiva, que puede ir acompañada de síntomas de TOC, o no. Para Lacan, la característica principal del obsesivo es su imposibilidad de sostener el deseo (Pascual, 2014).

El obsesivo aplasta su deseo parapetado en una coraza, que en el caso de Melvin está construida a base de sarcasmo y aparente cinismo. ¿Puede amar Melvin?

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La palabra y el duelo en el COVID-19

Hemos perdido seres queridos, trabajos, empresas, certezas… ¿Cómo afrontar psíquicamente las pérdidas, el duelo? ¿Qué consecuencias psicológicas nos dejan estos trágicos meses de COVID-19? ¿De qué forma pueden sanarnos la palabra y la escucha?

Comparto mi entrevista para la Asociación Nacional de Afectados por el Covid-19 (ANACOVID), con Alberto Pérez Boix.

Depresión ¿Qué estamos haciendo mal?

Según la OMS el número de personas en el mundo con depresión o ansiedad aumentó en cerca de un 50% entre 1990 y 2013. Más recientemente, entre 2005 y 2015, los casos de depresión han aumentado un 18%. La depresión encabeza la lista de causas de enfermedad. ¿Qué esta pasando?

¿Realmente esta aumentando el número de personas deprimidas?

Es posible que el número de diagnósticos haya crecido debido a la progresiva laxitud de los criterios diagnósticos.

En la tercera edición del Manual de Diagnósticos Psiquiátricos (DSM-III), del año 1980, el diagnóstico de depresión quedaba excluido si la persona padecía síntomas depresivos a consecuencia de un duelo. Este criterio se modificó arbitrariamente en la cuarta edición del manual, publicado en 1994, en este momento se considera depresión si los síntomas acaecidos por un duelo persisten más de dos meses. Es decir, si por ejemplo tu pareja ha fallecido y tu estado de ánimo depresivo dura más de dos meses, técnicamente tienes un trastorno depresivo mayor. Esto, que a todas luces es un disparate, no terminó aquí, pues en la última y más reciente edición del manual, la número V, ya no existe el criterio eximente por duelo. Es decir, que estar decaído por la muerte de una persona querida, no se considera normal y natural, sino un trastorno psicopatológico. Puedes ser diagnosticado solamente con padecer síntomas depresivos durante dos semanas.

¿Qué es una depresión?

Si la tristeza y el llanto dura largo tiempo, tal estado es melancólico” (aforismo 23 del libro VI de los aforismos de Hipócrates (460-370 a.C)).

Desde tiempos de Hipócrates lo que hoy conocemos por depresión se nombraba como melancolía.

Decía Freud en el Manuscrito G:

“El afecto correspondiente a la melancolía es el del duelo […]; es decir, el anhelo de algo perdido”

Ese algo perdido puede ser una persona, un pilar que te sostenía, una posibilidad de satisfacción del deseo, etc. Pueden ser personas, objetos externos o internos.

  • La depresión puede venir como un duelo del deseo, no hay posibilidad de satisfacción, lo que la persona ha perdido es insustituible. No deseamos, no obtenemos placer, nos inhibimos.
  • La depresión puede venir por un conflicto inconsciente con el deseo. El deseo está prohibido por tu sistema moral.
  • La depresión puede venir por un sentimiento de culpa abrumador y una necesidad de castigo.

En todos los casos la depresión esta relacionada con una pérdida que no puede, o que no pudo, tramitarse.

Al no poder tramitarse seguimos sintomáticamente adheridos a esa pérdida que no soltamos. Sólo cuando podemos soltar es cuando la pérdida se convierte en falta, y la falta nos impele a volver a desear.  “Toda la actividad humana está motivada por el deseo o el impulso”, decía el filósofo Bertrand Russell.

Por tanto, el deseo se renueva si el duelo se procesa adecuadamente, tenemos que permitirnos estar tristes un tiempo, recogernos en nosotros mismos. Decía Flaubert que la melancolía es un recuerdo que se ignora. Una falta remite a otra y a otra y a otra, llegando así a la falta original, la pérdida del paraíso maternal. La vida es un camino donde hay ganancias y pérdidas, perdemos personas y cosas que amamos.

¿Qué ocurre si no podemos perder?

“La sombra del objeto cae sobre el yo”

Freud

Según Duelo y Melancolía, de Sigmund Freud, un duelo puede problematizarse y convertirse en depresión. Supongamos una persona que desde pequeño ha recibido poco amor, si forma una pareja es posible que sus sentimientos de sí mismo necesiten demasiado del amor de su pareja. Si es dejado se sentirá abandonado, no puede destruir la identificación con su pareja, la natural agresividad que le despierta el rechazo puede dirigirse contra sí mismo. Decía Freud que es como si una sombra cayera sobre el yo.

La persona no puede tramitar la pérdida en falta. El sufrimiento será   inmenso, los sentimientos de sí mismo se verán atacados. Menosprecio, inferioridad, sentimientos de fracaso, incapacidad para sentir placer, inhibición en las actividades diarias, tristeza, vacío, incluso sentimientos de suicidio, pueden darse en grado sumo.

¿Qué estamos haciendo mal?

Lo primero que habría que decir en este punto es el problema de la sobremedicación y la falta de tratamientos adecuados. Según la OMS el 50% de las personas con depresión no reciben tratamiento. Pero aunque lo reciban, puede que no sea el adecuado. En depresiones exógenas, originadas por conflictos inconscientes, la medicación no surtirá ningún efecto beneficioso, pero sí puede crear dependencia.

¿Es útil referirnos a la depresión como una enfermedad?

¿Estaba Hamlet, el célebre personaje de la obra homónima de Shakespeare, deprimido? ¿Le habría servido de algo tomar medicación y salir más a hacer deporte? Más bien parece que estaba atrapado en una conflictiva edípica muy compleja.

Cada caso es único, en ocasiones la persona acude a consulta tan angustiada que recibir una etiqueta diagnóstica puede calmarle lo suficiente y prepararle para iniciar un tratamiento. Pero con frecuencia referirnos a la melancolía como una enfermedad -la depresión-, despersonaliza y elimina la subjetividad. Con frecuencia la persona acude a consulta pidiendo una cura para su depresión. La persona no se responsabiliza de su dolor, al cual no le dota de sentido subjetivo, sino que pide ser curado pasivamente. Esto en no pocas ocasiones cronifica el problema.

Es necesario permitir la tristeza para no deprimirnos

Por paradójico que parezca, es necesario permitir la tristeza para no deprimirnos. En nuestra sociedad actual parece haber una tendencia a negar esta falta originaria del ser humano, esta falta que permite aceptar la pérdida. La publicidad y el sistema de propaganda nos vende una ideología que, ilusoriamente, pretende sostener nuestros deseos de omnipotencia. Miles de productos y distracciones para negar el dolor de la pérdida. No se permite estar triste. Si no hacemos un duelo que permita renovar el deseo nos entregamos al consumismo o las adicciones. El poeta Baudelaire hablaba del spleen de París, una especie de sentimiento de hastío, un vacío que, tanto más se horada cuánto más negamos la pérdida con el consumo.

Epílogo

 En síntesis, no sabemos si la depresión aumenta en el mundo, pues los criterios diagnósticos están viciados, un duelo antaño normal, ahora supone medicación. La depresión tiene que ver con la pérdida y el duelo por esa pérdida, si este se problematiza podemos entrar en bucles de sufrimiento muy peligrosos. La sociedad española esta sobremedicada pudiendo generar relaciones de dependencia con la medicación y cronicidad del trastorno.

Hablando de melancolía recuperamos la subjetividad de los dolores humanos. Se ha identificado a Saturno como el dios de la melancolía, de la agricultura y las cosechas, que también necesitan su período de duelo. Para los griegos Saturno era el titán Cronos. Cronos lo tenía todo, copulaba con su hermana Rea y devoraba a todos sus hijos. No tenía falta, todo lo devoraba; pero tampoco permitía que algo creciera y le destronase de su omnipotencia. Quizás como sociedad empezamos a parecernos a Cronos, quizás necesitemos a un Zeus, que protegido por Rea y criado por Gea, la Madre Tierra, haga regurgitar a Cronos todo lo que ha devorado, para que desalojando todo el dolor que evitábamos sentir, aceptemos la falta, recuperemos el deseo y la capacidad de amar.

Fuentes

http://www.who.int/es/news-room/detail/13-04-2016-investing-in-treatment-for-depression-and-anxiety-leads-to-fourfold-return

http://www.rtve.es/noticias/20170407/depresion-sigue-aumento-encabeza-lista-causas-enfermedad/1519429.shtml

DSM III.

http://displus.sk/DSM/subory/dsm3.pdf

DSM IV.

http://www.psygnos.net/biblioteca//DSM/Dsm.htm

DSM V.

www.psicoaragon.es/wp-content/uploads/2017/06/DSM-5.pdf

Duelo y Melancolía. Sigmund Freud.

https://psicovalero.files.wordpress.com/2014/11/sigmund-freud-duelo-y-melancolc3ada-1915-1917-t14.pdf

Manuscrito G. Sigmund Freud.

http://psicopsi.com/Manuscrito_G_Melancolia_sin_fecha_7_de_enero_de_1895.asp

Libro VI de los aforismos de Hipócrates.

Imagen

Subway (1950). George Tooker.

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