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PorPedroHoyos

Psicología de masas en el siglo XXI

El sistema de producción, por su propia lógica de crecimiento, va llenando con productos todos los huecos que angustian al ser humano. ¿Te angustia envejecer? Te ofrecemos cirugía. ¿Te angustia no tener éxito social? Te ofrecemos un coche. ¿Te angustia no pertenecer? Te ofrecemos diferentes ideologías identitarias. Y si no te angustias, te intentamos angustiar. ¿Cómo? Instaurando un Ideal inalcanzable, obligándote a ser feliz.

La caída de las grandes doctrinas universales ha dado paso al auge de ideologías sectarias.

“Las ideologías son sistemas de conceptos e ideas socializadas y vinculadas a los intereses gremiales y particulares de un grupo concreto. Hay que entender entonces que todo discurso ideológico se fundamenta en el uso de una racionalidad acrítica y adulterada, y que por configurarse en oposición a otros grupos sociales suele tener como finalidad el escarnecimiento público del contrario y su destrucción” (Hernández, 2018).

La ideología es un discurso que sostiene el síntoma (entendiendo por síntoma aquel efecto visible que remite a una posición inconsciente) y cierra la pregunta que abre todos los interrogantes angustiosos, la pregunta por la responsabilidad personal: ¿qué me pasa y qué puedo hacer con lo que me pasa?.

Pueden continuar leyendo el artículo AQUÍ.

 

PorPedroHoyos

El duelo. Dificultades actuales.

El sistema de salud mental forma parte del problema de la salud mental, y muy especialmente en la cuestión de elaboración de duelos. El mero hecho de hablar con este lenguaje clínico que impone patologías cierra, de algún modo, el discurso de la propia persona, eliminando su subjetividad. Muchos han llegado a creer que modificando pautas de conducta es suficiente para elaborar un duelo complicado y esto no es así. Abundando más, la ideología que subyace en los libros de autoayuda es, a mi juicio, represiva, pues nos hace creer que modificando el pensamiento consciente y determinadas pautas de conducta, nos sentiremos bien. ¿Qué ocurre cuando esto no se da así?

En el momento presente los tiempos de espera se han acortado o eliminado, vivimos en el tiempo de la inmediatez, se nos ha desacostumbrado a esperar. A una semana de la pérdida los pacientes ya vienen medicados con antidepresivos. El medicamento disminuye los síntomas, lo que nos permite seguir funcionando, seguir produciendo, pero también nos impide elaborar el duelo: sentir dolor, pensar en la persona amada, poder ligar la elaboración intelectual con la parte afectiva y crear un sentido.

La psiquiatría, y en parte también la psicología hegemónica, ha patologizado procesos normales que forman parte de la vida. En la tercera edición del Manual de Diagnósticos Psiquiátricos (DSM-III), del año 1980, el diagnóstico de depresión quedaba excluido si la persona padecía síntomas depresivos a consecuencia de un duelo. Este criterio se modificó arbitrariamente en la cuarta edición del manual, publicado en 1994, en este momento se considera depresión si los síntomas acaecidos por un duelo persisten más de dos meses. Es decir, si por ejemplo tu pareja ha fallecido y tu estado de ánimo depresivo dura más de dos meses, técnicamente tienes un trastorno depresivo mayor. Esto, que a todas luces es un disparate, no terminó aquí, pues en la última y más reciente edición del manual, la número V, ya no existe el criterio eximente por duelo. Es decir, que estar decaído por la muerte de una persona querida, no se considera normal y natural, sino un trastorno psicopatológico. Puedes ser diagnosticado y medicado solamente con padecer síntomas depresivos durante dos semanas.

A mi juicio, el sistema de salud mental forma parte del problema de la salud mental, y muy especialmente en la cuestión de elaboración de duelos. El mero hecho de hablar con este lenguaje clínico que impone patologías cierra, de algún modo, el discurso de la propia persona, eliminando su subjetividad. Muchos han llegado a creer que modificando pautas de conducta es suficiente para elaborar un duelo complicado y esto no es así. Abundando más, la ideología que subyace en los libros de autoayuda es, a mi juicio, represiva, pues nos hace creer que modificando el pensamiento consciente y determinadas pautas de conducta, nos sentiremos bien. ¿Qué ocurre cuando esto no se da así? La persona se culpabiliza y se hunde. Además, este pensamiento, ya tan extendido en nuestra sociedad, guarda cierta relación con la doctrina de la predestinación del irracionalismo calvinista, pues al final se concluye que cada cuál tiene lo que se merece, de tal forma que ya nadie escucha el sufrimiento del otro, sino que meramente se concluye que si esta mal es porque quiere. Esto es, sencillamente, atroz.

Muchos factores influyen en la elaboración del duelo, facilitándolo o haciéndolo más complicado.

El dolor del que se siente abandonado, sobre todo si el abandono es sorpresivo, (el duelo es más fácil si la pérdida no es inesperada), es como si volviera a sentir todos los rechazos de su vida. Si el abandono se produce por internet, sin dar la cara, sin permitir al rechazado replicar o preguntar lo que necesite, le deja en un lugar pasivo de incomprensión. Pueden surgir autorreproches, culpa y rumiaciones, que hacen muy difícil poner concentración en otras actividades.

A veces un duelo menor hace de anzuelo para un duelo más importante anterior, y la persona no se explica por qué tanto dolor.

Si el dolor nos desborda se produce un estancamiento de energías sin vía de salida, la carga aumenta, y puede haber carga de sucesivos duelos que no pudieron ser elaborados. Sencillamente puede ser algo insoportable que produce mucha angustia, se generan síntomas para tratar de canalizarlo. El duelo complicado puede dar lugar a la depresión, que sería el parón del deseo, del motor de la vida. En este punto sería absolutamente normal que se dieran ideaciones suicidas. Freud lo expresaba en Duelo y melancolía con su famosa cita “una sombra cae sobre el yo”.

Hay personas amadas que pueden ser insustituibles (o parecérnoslo), forman parte de nuestra identidad tan profundamente, que su falta nos produce una desgarradora herida narcisista. “La risa de mi hijo. He perdido la risa de mi hijo”, se lamentaba Francisco Umbral en Mortal y Rosa, su novela lírica sobre la pérdida física de su hijo pequeño. Idealizar a la persona que ya no está o culpabilizarnos por la pérdida, son formas de retener a la persona amada. Decía el poeta Antonio Machado en Yo voy soñando caminos:

En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
“ya no siento el corazón”.

Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.

En terapia tratamos de resignificar la experiencia, dotándola de sentido, hacemos un relato de lo sucedido, lo metaforizamos, esto permite desalojar dolor. En este sentido la experiencia del exfutbolista Santiago Cañizares me parece muy enriquecedora. Su relato completo se puede ver en el siguiente vídeo. El matrimonio perdió a un hijo pequeño, el sentido que le dieron a la pérdida no puede ser más bello y es indudable que les ayudó a sobrellevarlo.

Entramos aquí en la importancia de los recursos de los que dispone la persona sufriente: la disponibilidad y calidad de sus vínculos con seres queridos, con personas de apoyo con las que pueda resignificar, su nivel socioeconómico, su capacidad cognitiva, etc. La soledad, que en las sociedades occidentales crece enormemente, es, que duda cabe, un factor de riesgo.

Para Darian Leader el proceso de duelo está desapareciendo. No estamos dispuestos a escuchar. Muchas personas parecen volcar sus necesidades de amar y ser amados con sus mascotas, o con el nuevo ramillete de identidades políticas, que no dejan de ser vínculos de enorme fragilidad. Una mascota no podrá darles la comprensión y calidez de un ser humano. Sin la experiencia del vínculo se pierde el sentido de la vida. El ser humano no puede pretender reconocerse en el reflejo de una pantalla o en los ojos de un animal. Sólo un ser humano puede reconocer a otro.

La ausencia de ambivalencia, para la psicoanalista Pilar Nieto, complica el proceso. Por ambivalencia entendemos que la persona pueda sentir tanto las emociones de amor como las de odio. Especialmente preocupante es si el odio se vuelca contra uno mismo, con constantes auto-denigraciones. Es necesario poder expresar agresividad hacia fuera, de una manera no lesiva.

Cada experiencia personal es única, ¿qué pérdida original se está repitiendo? Toda ausencia nos remite a nuestras ausencias primordiales, a veces a aquello que nunca se tuvo, a los objetos que no pudieron interiorizarse, a las deprivaciones afectivas. Lo que para unos supone miedo, para otros supone terror. Lo que unos consiguen sobrellevar, a otros les impide seguir. Estamos constantemente elaborando duelos: por la pérdida de la inocencia, por la pérdida de amigos, por la pérdida de ilusiones, de trabajos, pero la peor pérdida es la del sentido, la de la capacidad de crear, de sentir. En una melancolía psicótica severa, precisamente, se deja de sentir. Ya no hay dolor, pero tampoco vida. Si la cosa se pone fea, como decía Sartre, a veces es necesario obrar sin esperanza, caminar a tientas, recomponerse con los restos del naufragio, pero sobre todo pedir ayuda, sublevarse contra los discursos del sistema, contra todo aquello que rompe vínculos, que desune a la gente.

Imagen

Adiós (1892), de Alfred Guillou.

PorPedroHoyos

Ingeniería social ¿Cómo nos manipulan? (vídeo)

La gente se siente culpable por estar mal, por estar triste, por necesitar cogerse una baja, por llorar, por tener un ataque de nervios, por decir algo políticamente incorrecto, incluso por enamorarse. Quizás deberíamos empezar a preguntarnos si las ideologías posmodernas, que tanto preconizan derechos y libertades, no están en realidad disfrazando, con sus palabras tan políticamente correctas, una novedosa ingeniería social para reprimir, de nuevo, a las masas.

Así como un pez no es consciente del medio acuoso que le rodea, el ser humano no repara en el maremágnum de identificaciones e influencias que le invaden insidiosamente.

Duración 15 minutos

Fuentes.

https://www.hoy.es/sociedad/realidad-suicidio-infantil-20180923222659-ntrc.html

https://www.mayoresudp.org/wp-content/uploads/2017/03/Informe-sobre-el-Estado-Social-de-la-Naci%C3%B3n.pdf

El estadio del espejo. Jacques Lacan.

El género en disputa. Judith Butler.

Manipulación periodística de la ocurrido en Puente Llaguno (11-04-2002)

 

Música.

Hang Massive. Once again (hang drum duo 2011)

Baba Zula. Abdülcanbaz

 

Imagen.

Daido Moriyama. Imitation (1995)

 

PorPedroHoyos

¿Cómo tratar a una persona que está sufriendo? El poder de la empatía (vídeo)

La empatía es una elección, y es una elección vulnerable, porque para poder conectarme contigo tengo que conectarme con algo en mí mismo que reconozca ese sentimiento.

El poder de la empatía es un cortometraje animado (de menos de 3 minutos), basado en una conferencia de Brené Brown sobre la empatía. Constituye, a mi juicio, una excelente guía para aquellos que desean ayudar a familiares o personas queridas que se encuentran en un momento de crisis del cual no pueden salir, pero también como pautas a tener en cuenta para poder comunicarnos entre nosotros, (estemos en crisis o no).

Es importante asimilar ciertas pautas porque la ayuda, si no se da bien, puede causar más daño. La regla número 1 es no pretender ayudar a quien no te lo está pidiendo, quizás el impulso corresponde a tu propia angustia, no a la suya, quizás puede sentir su amor propio herido. El corto muestra ejemplos cotidianos, pero, en ocasiones, las personas que más sufren, o cuyo sufrimiento es más complejo, se encuentran no sólo con la incomunicación sino con juicios severos o rechazo a su persona, lo que, lógicamente, empeora la situación.

 

Guión.

 

¿Qué es la empatía y por qué es muy diferente a la simpatía?

La empatía alimenta la conexión.

La simpatía lleva a la desconexión.

 

Theresa Wiseman es una erudita en enfermería que estudió varias profesiones en las que es importante la empatía.

Propuso 4 atributos de la empatía:

 

1.Tener perspectiva. Poder tomar la perspectiva de otra persona o reconocer esa perspectiva como la verdad de esa persona.

2. No emitir un juicio (No es fácil, con lo que disfrutamos haciéndolo).

3. Reconocer las emociones de la otra persona.

4. Comunicárselo.

 

La empatía es ser sensibles con las personas. Siempre pienso en la empatía como una especie de espacio sagrado. Cuando alguien está atrapado en un agujero profundo y grita desde el fondo, diciendo:

 

“Estoy atrapado, está oscuro, estoy abrumado”.

Bajamos, miramos y decimos:

“Oye, yo sé cómo es estar aquí abajo y no estás solo”.

 

La simpatía es:

 

“¡Uh…! Qué mal, ¿no? ¿Quieres un sándwich?”.

 

La empatía es una elección, y es una elección vulnerable, porque para poder conectarme contigo tengo que conectarme con algo en mí mismo que reconozca ese sentimiento. Casi nunca, o nunca, una respuesta empática comienza diciendo:

 

“Por lo menos…”.

 

Y lo hacemos todo el tiempo. ¿Saben por qué? Alguien acaba de compartir algo muy doloroso con nosotros y nosotros tratamos de ver lo positivo del caso:

 

– “Tuve un aborto espontáneo”.

– “Al menos sabes que puedes quedarte embarazada”.

– “Creo que mi matrimonio se está derrumbando”.

– “Al menos tienes un matrimonio”.

– “A John lo van a echar del colegio”.

– “Al menos Sara saca en todo diez”.

 

Pero una de las cosas que hacemos a veces ante conversaciones difíciles es tratar de mejorar la situación. Si comparto algo muy difícil contigo preferiría que digas:

 

“No se qué decir, pero gracias por contármelo”.

 

Porque la verdad es que casi nunca una respuesta puede mejorar la situación. Lo que mejora la situación es la conexión.

PorPedroHoyos

El dilema de “Hey Joe”, la canción popularizada por Hendrix, sobre la violencia de género y la destructividad humana

A mis colegas no les interesaba nada en absoluto tratar de comprender las causas de la violencia; por tanto, no les interesaba reducir la violencia, sino que parecían experimentar cierto placer imaginándose la soga en torno al cuello de Joe mientras predicaban contra la maldad humana.

Eran los años 60 y corrían tiempos más benévolos con la libertad de expresión, tanto es así que canciones que planteaban situaciones de violencia contra la mujer de una manera cruda, como Hey Joe, no suponían ningún conflicto para las feministas de entonces.

En la canción Joe mata a su mujer porque esta le engaña con otros hombres. Una vez perpetrado el crimen el Estado busca a Joe para colgarle.

Pueden escuchar la interpretación de Hey Joe que hizo Hendrix en el siguiente enlace, con la letra subtitulada al español.

A finales de los 90, siendo yo un adolescente, plantee a mis colegas de entonces el dilema que me sugería esta canción:

¿Qué es moralmente más reprobable, la mujer de Joe por engañarle con otros hombres, Joe por matar a su mujer, o el Estado por disponer que Joe debe ser colgado?

Sin dudarlo mis colegas señalaron a Joe como fuente de todo mal, y más que el acto, condenaron a la persona (en este caso personaje ficticio). Aquí comprendí, de forma cristalina, que mis compañeros, tan de izquierdas, eran una caterva de reaccionarios, como después el tiempo me demostró sobradamente.

La principal característica del reaccionario: el goce que experimenta dando rienda suelta a su pulsión de muerte.

Y es que, lo que se deduce aquí, son una serie de asuntos de no poca importancia. Para empezar, a mis colegas no les interesaba nada en absoluto tratar de comprender las causas de la violencia; por tanto, no les interesaba reducir la violencia, sino que parecían experimentar cierto placer imaginándose la soga en torno al cuello de Joe mientras predicaban contra la maldad humana. Esta es, a mi juicio, la principal característica del reaccionario, el goce que experimenta dando rienda suelta a su pulsión de muerte. El reaccionario suele ser una persona con escaso conocimiento de su mundo interior, por tanto, impermeable a la detección y autocrítica de sus impulsos violentos. Tal como indicaba el psicoanalista Wilhelm Reich en Psicología de masas del fascismo, las características reaccionarias están determinadas por la estructura de personalidad del individuo, y menos por su filiación política, a la izquierda o a la derecha. Se habla siempre de la educación, sin duda pieza básica de toda sociedad, pero nunca se habla de la crianza, y la crianza es la primera piedra de la personalidad.

La pulsión de muerte, conceptualizada por Freud en Más allá del principio del placer (1920), es un impulso destructivo que va más allá de una economía pulsional que busque placer e intente evitar el dolor. En la destrucción de la pulsión de muerte puede haber sufrimiento, mucho sufrimiento, pero también un goce inconsciente en ese sufrimiento.

Si nuestra sociedad no está preparada para el ateísmo, destruir el catolicismo, sin ofrecer nada mejor a cambio, es potencialmente destructivo.

Esto me lleva a pensar, desde mi ateísmo, sobre el papel que jugaba el catolicismo en España como freno a esta destructividad. No olvidemos que el pilar fundante del cristianismo, y sin embargo el más olvidado, es el dogma de la gracia divina: Cristo pagó con la crucifixión por nuestros pecados. Este mecanismo cultural de redención es no poco importante para equilibrar la destructividad humana. Y es que, si nuestra sociedad no esta preparada para el ateísmo, destruir la preponderancia del catolicismo sin ofrecer nada mejor a cambio, es potencialmente destructivo.

Los medios de comunicación, libres del freno moral de una cultura católica, han dado rienda suelta a ideologías posmodernas que canalizan la destructividad hacia instituciones fundantes de nuestra sociedad, como la familia o la nación. La primera nos provee de amor y estabilidad para construirnos como individuos, de la segunda emanan nuestros derechos ciudadanos.

Para terminar, no olvidemos tampoco, que la opinión pública está muy determinada por la opinión publicada.

PorPedroHoyos

Una reflexión poética sobre el odio (si no estás preparado)

El odio (si no estás preparado)

 

Si no estás preparado

si te hacen daño lo suficiente

acabas odiando

 

El odio es un susurro de carmín a la yugular

sin darte cuenta

te da placer, soberbio en tu rostro

que se tensa y deshace

y te atrapa, te caza y te esclaviza.

 

El odio se cuece en la intimidad de tu dormitorio,

es un aliento tórrido sobre tu nuca

es un iceberg de hielo punzando tu frente, se expande

desencaja tu cara.

 

La única forma de liberarte de él es haciendo daño.

Pero cada vez que haces daño él se ríe y sube otro escalón,

como un pequeño dictador a cuerda,

se hace más fuerte con tu irracionalidad, con tu debilidad y miseria.

Taladra el bloque de hielo y llena tu cerebro de escarcha.

 

Si no puedes hacer daño a aquel que te causó dolor

elegirás otra víctima asequible

y esculpirás en ella todo tu odio

 

Si odias en soledad, te sentirás despreciable

pero ay! si encuentras a más que odien como tú,

como yonqui desesperado los buscarás,

y te sentirás fuerte, seguro y justificado

en tu decorado de cartón piedra

con un enemigo claro como el alba.

 

Y como aprenderás a ser esclavo,

esclavo serás, y aquellos que te causaron sufrimiento

manipularán tu odio hacia sus propios trofeos de caza

y te usarán.

 

El odio es una puta a la que escupes todos tus errores

El odio es una mecedora de horca

El odio es un yonqui que vende a sus hijas por heroína

El odio es cocaína

El odio es un látigo coceando sin empuñadura

El odio es el ojo crispado del caballo desbocado

que demasiado tarde para reaccionar

se precipita a un abismo ignorado.

El odio es el miedo!

 

Iza ese harapo!

 

El odio hacia la inmigración

El odio hacia el raro

El odio hacia la mujer,

hacia el activista

El odio hacia el débil e ignorado

 

Pero no hacia el amo,

Nunca hacia el amo.

Porque el odio es el miedo

porque el odio es ciego

porque el odio es un yugo, que por tu miseria te aferra

 

Y en tu ceguera odias al libre

porque tú no eres libre

 

Y el odio te usará

Y te hará suyo,

Y te despedazará por dentro,

Si no estás preparado.

PorPedroHoyos

En defensa de la NEGATIVIDAD (vídeo)

Pueden ver el vídeo aquí (12 minutos), o leer la entrada.

Lo negativo nos indica que algo va mal, ya sea en un individuo, en una sociedad o en una familia. Somos una sociedad que no admite lo negativo, que pretende vivir en la demanda de que todo sea positivo. Veamos el sufrimiento psíquico que esta actitud genera.

Lo negativo se manifiesta en crisis. La palabra crisis viene del griego “Krinein”, que significa “separar” o “decidir”. De aquí se deriva el termino “crítica”, que significa análisis, y “criterio”, razonamiento. La crisis es algo que se rompe, una irrupción violenta de la negatividad que había sido desatendida y que obliga a pensar, a analizar.

En un sistema económico sostenido por ideologías que niegan las contradicciones y los límites, la crisis es inevitable. Los límites y contradicciones representan lo negativo, pero para que una empresa supranacional no entre en crisis, por el colapso de la demanda o la sobreproducción, necesita un crecimiento ilimitado. ¿Cómo pretende obtenerlo? Abarcando más nichos de mercado, absorbiendo otras empresas, conquistando otros mercados (a veces mediante la guerra), abaratando costes, generando explotación humana.

Sólo una negación enorme puede negar lo negativo, por más que lo negativo esté ahí, y sea real. Se necesitan fuertes estructuras ideológicas y múltiples altavoces propagandísticos para mantener la ideología.

Lo negativo, decía René Lourau, pone en marcha un analizador que revela la estructura de las instituciones, el inconsciente social que permanecía oculto.

  1. El amor como negatividad

Dice Byung-Chul Hang en su libro La agonía del Eros:

“El amor se positiva hoy para convertirse en una fórmula de disfrute. De ahí que deba engendrar ante todo sentimientos agradables. No es una acción, ni una narración, ni un drama, sino una emoción y excitación sin consecuencias. Está libre de la negatividad de la herida, del asalto o de la caída. Caer (en el amor) sería ya demasiado negativo. Pero, precisamente, esta negatividad constituye el amor: <<El amor no es una posibilidad, no se debe a nuestra iniciativa, es sin razón, nos invade y nos hiere>>. La sociedad del rendimiento, dominada por el poder, en la que todo es posible, todo es iniciativa y proyecto, no tiene ningún acceso al amor como herida y pasión”.

En una línea parecida decía Erich Fromm en El arte de amar, sobre el amor en el capitalismo:

“Dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio”.

Pero enamorarse no es lo mismo que amar, el enamoramiento es fusión e idealización, para amar necesitas reconocer al otro, con sus virtudes y defectos, no como objeto, sino como sujeto, y el reconocimiento de esa alteridad implica un reconocimiento de lo negativo.

Hoy cada día más, se tratan de borrar las diferencias sexuales, sin darnos cuenta de que el hombre y la mujer se atraen, precisamente, porque son diferentes y complementarios. Es deseable una igualdad de oportunidades, pero NO ser iguales.

  1. El consumo como negación de la falta, aniquila el deseo

El consumo masivo, además, en un intento de tapar la falta, nuestras carencias, lo negativo, en un atiborramiento de consumo positivo, sea del tipo que sea, no deja espacio para desear. Por lo tanto deviene en apatía y caída de la líbido.

Si el objeto falla, no se repara, se tira y se compra otro.

  1. Libros de autoayuda

Los libros de autoayuda, en su vertiente más ideológica, convierten el pensamiento positivo en pura metafísica. Por ejemplo, el psicólogo Wayne Dyer, uno de los autores de más ventas, llega a afirmar pensamientos como el siguiente: “Una vez que creas en ti mismo y ves tu alma divina y preciosa, automáticamente te convertirás en un ser que puede crear milagros”. Muchos de estos libros están repletos de frases en las que se insinúa que puedes cambiar tu realidad meramente cambiando tu pensamiento, como si tuvieses superpoderes. Además, se transmite un individualismo muy dañino, forma parte ya de la ideología de todos que para amar a otro debes amarte a ti mismo antes. Esto tiene importantes matices, ¿cómo vamos a amarnos si nadie nos ha amado antes, o si estamos dañados para poder recibir amor? Una vez el ser humano ha superado la etapa del narcisismo primario se nutre del amor que da a los demás y recibe de los demás. No existe individuo sin los demás. Decía Viktor Korman que lo psíquico es lo social subjetivado. Nuestra identidad se construye a base de identificaciones con los demás.

  1. Mamá, dime NO

El ser humano comienza a estructurarse psíquicamente con la negación, en el momento en que la persona que hace de figura materna dice NO al niño. Gracias a la irrupción de lo negativo el niño podrá ir conociendo los límites a sus demandas. Esto le permitirá generar recursos psíquicos para tolerar la frustración y la progresiva separación de la figura materna (ganancia de autonomía). Si este proceso, por no poder aceptar lo negativo, no se diera suficientemente, podría generar una falla, que más adelante degeneraría en el llamado Trastorno por déficit de atención (con o sin hiperactividad), popularmente conocido como TDAH. Sin lo negativo no hay individuación. Si no se llega a ser sujeto, los demás serán objetos para llenar nuestro narcisismo.

Esta escasa tolerancia a la frustración, esta no aceptación de lo negativo, de la pérdida de la omnipotencia infantil, ¿no puede estar en la base de la cultura del éxito sin esfuerzo, de la cultura de “lo quiero bueno, bonito, barato, breve y ahora”?.

  1. La presión por ser positivos

Decía Pessoa que un optimista es un tonto simpático y un pesimista un tonto antipático. ¿Exceso de positividad el primero y exceso de negatividad el segundo? Mejor sería tratar de ser realistas. No son pocas las empresas que fracasan, porque por un exceso de positividad, no se vieron las amenazas que las hacían zozobrar.

A muchas personas les va bien un poco de pensamiento positivo, por ejemplo decirse a sí mismo que todo va a ir bien, en un momento bajo. Pero ¿qué ocurre, si en este clima de negación de lo negativo, una persona fracasa una y otra vez tratando de ser positivo? Lo que suele ocurrir es que la persona se culpa a sí misma. Al no permitir la entrada de lo negativo no se dispara el analizador, la persona puede entrar en círculos viciosos peligrosísimos.

La presión por lo positivo, por ser feliz, por tener éxito, puede llevar a muchas personas con dificultades para aceptar lo negativo, a la parálisis. El fracaso sería un golpe demasiado duro para su amor propio.

La negación de nuestra falta, de nuestras carencias, nos hace esclavos de los mensajes de un mundo cada vez más artificial. El sistema de propaganda y la publicidad están orientados a infantilizarnos, a negar esta falta constitutiva del ser humano, nos venden ilusiones de completud, de omnipotencia, de éxito sobre los demás, de elitismo. Negamos hasta la vejez, con liposucciones o liftings, vivimos como si la muerte no existiera, y nos hacemos esclavos también de ella. Y cuanto más vulnerables nos hacen más nos atrapan por estos goces secundarios, sustitutivos del deseo, de la libertad personal.

  1. La negatividad de la diferencia sexual anatómica

El niño comienza su proceso fundante, el complejo de Edipo, con el trabajo de reconocer la diferencia sexual anatómica. El reconocimiento rompe su ilusión de completud. Las políticas que promueven la androginia, la no diferenciación, que todos seamos iguales o pensemos igual, ponen en riesgo los procesos estructurantes del niño. Sin la negatividad de lo diferente no puede haber individuación. Caídas las grandes doctrinas universales, caída la estabilidad familiar, la persona se verá abocada a una precaria búsqueda de falsas identidades en los grupos políticos identitarios.  En la masa desaparecerá como individuo, será dependiente de la identidad del grupo, una identidad paranoica basada en un enemigo común.

Para la dialéctica hegeliana la negatividad era el límite que permitía diferenciar al ser y darle sentido. El análisis racional sólo puede darse mediante una negatividad. La clase explotada, el trabajo excesivo, las guerras, la pobreza, son la negatividad, la contradicción que permite la racionalidad. Sin la irrupción de lo negativo no puede haber cambios, ni revoluciones, sino estancamiento o retroceso.

  1. La soberbia cientificista

Una sociedad que pretende negar los límites con la ciencia es una sociedad en la que el ser humano está desconociéndose a sí mismo, olvidando los clásicos. Recordemos a Ícaro, cuando con sus alas se elevó tan alto que los rayos del sol las derritieron, recordemos a Sísifo.

  1. Victimismo

Sin la irrupción de lo negativo no habría aprendizaje. El victimismo sustituye la responsabilidad, las identidades son débiles y nos aferramos a sectas, haciendo rígido nuestro pensamiento y severo nuestro juicio. Se persigue la disidencia, se reduce la libertad de expresión.

  1. ¿Cómo podríamos saber…?

¿Cómo podríamos saber que estamos rotos, si no sintiéramos angustia? ¿Cómo podríamos saber que amamos, si no se nos encogiera el corazón ante el ser amado? ¿Cómo podríamos saber del llanto y del socorro, si taponásemos nuestros oídos y nuestra humanidad? ¿Cómo podríamos saber que estamos perdidos, si no se nos dejase andar?.

Fuentes

El análisis institucional (1970). René Lourau. Amorrortu.

La agonía del Eros. Byung-Chul Hang

El arte de amar. Erich Fromm

http://etimologias.dechile.net/?crisis

PorPedroHoyos

En la ciudad blanca. La vida late suavemente en 35 mm

En la ciudad blanca (1983) de Alain Tanner, es una película distinta a todas, ni si quiera parece una película, así como Bruno Ganz, su protagonista, tampoco parece un actor. O quizás la protagonista es Lisboa, que es no sólo escenario, sino tiempo suspendido.

El personaje experimenta lo que los psicólogos llamamos una fuga disociativa, en el cine lo pudimos ver un año después con Harry Dean Stanton en Paris, Texas, vagando ido por el desierto americano, hasta que recupera la voz y puede comenzar a ordenar todo lo que se rompió en mil pedazos. Aquí Paul (Bruno Ganz), también ha perdido la palabra, pero en lugar de fugarse por el desierto, se pierde en los interminables adoquines de Lisboa.

Este bellísimo poema visual nos evoca a Pessoa: el misterio de la realidad que se resiste a ser comprendida por el pensamiento, la dialéctica del pensamiento y del sueño, la incomunicación humana… Pero también encontramos ciertos paralelismos con Meursault, el personaje de El extranjero de Albert Camus. Paul, como Meursault, también es un extranjero, parece haber abolido toda normal moral, parece ensimismado, no en sus pensamientos, sino en sentir los estímulos del mundo externo. Paul y Meursault parecen haber suspendido el tiempo cuando salen al balcón en camiseta interior de tirantes y sienten la extrañeza de todas las sensaciones de vida. Paul parece necesitar llenarse de sensaciones, volver a respirar, volver a soñar, volver a contemplar un paisaje, una mujer bella o a unos parroquianos del bar vibrar con un partido de fútbol. Meursault reposa su cabeza en el pecho de su amiga y dice “late suavemente”, Paul toca la armónica mientras contempla a su amiga bailar al ritmo, y el espectador siente, como pocas veces antes, la vida latiendo suavemente en 35 mm.

Les invito a leer mi crítica de En la ciudad blanca en El cine en la sombra. Pinchen aquí.

PorPedroHoyos

Los que fracasan al triunfar. El caso de Franz Kafka

Ver vídeo aquí 

(Tiempo de visionado: 9 minutos)

Es fácil entender la inhibición que le puede sobrevenir a una persona como consecuencia de una serie de fracasos continuos, pero más difícil parece dilucidar qué le ocurre a una persona cuando se boicotea a sí misma para no ver cumplido un deseo de éxito; o que enferma, de alguna manera, cuando el éxito se consuma.

Freud, en su texto Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico, nos explica que cuando la frustración exterior cede al cumplimiento del deseo surge una frustración interior, un conflicto con los poderes de la conciencia moral impiden disfrutar del éxito. En otras palabras, un conflicto inconsciente nos genera culpa. Estas fuerzas de la conciencia moral se entraman íntimamente con el complejo de Edipo, como quizás lo hace nuestra conciencia de culpa en general.

Pero para profundizar un poco vamos a conocer el caso real del célebre escritor Franz Kafka

Franz Kafka, nacido en Praga en 1883, escribió obras como El proceso o La metamorfosis, que supusieron un enorme impacto en la literatura universal. Un aspecto fundamental que marcó su vida y su escritura fue la relación que tuvo con su padre. En noviembre de 1919 Kafka escribe una carta a su padre, publicada póstumamente en 1952 con el título Carta al padre.

Carta al padre

En este texto Kafka, con una valentía, lucidez y sinceridad excepcionales, relata el carácter maltratador que su padre tuvo con él desde la infancia, y las consecuencias psíquicas que le dejó esta relación. Escribe Kafka:

“Tú estabas dotado para mí de eso tan enigmático que poseen los tiranos, cuyo derecho está basado en la propia persona, no en el pensamiento…

Yo estaba bajo tu enorme peso, en todo mi pensar, incluido el que no coincidía con el tuyo, y sobre todo en ése. Todos esos pensamientos aparentemente autónomos estaban hipotecados desde un principio por tu juicio desfavorable; soportar eso hasta la realización completa y duradera del pensamiento era casi imposible. No hablo aquí de ningún pensamiento elevado sino de cualquier pequeña empresa de la infancia. Sólo hacía falta ser feliz por cualquier cosa, estar encantado con ella, llegar a casa y decirlo, y la respuesta era un suspiro irónico, un sacudir la cabeza, un tamborileo sobre la mesa…

Esos desengaños del niño no eran desengaños de la vida corriente sino que, por tratarse de tu persona, medida de todas las cosas, llegaban hasta la médula. El coraje, la decisión, el optimismo, la alegría por esto o por aquello no se mantenían hasta el final cuando tú estabas en contra o incluso cuando uno sólo suponía que tú estabas en contra; y eso se podía suponer en casi todo lo que yo hacía”.

Este padre no adopta un papel de autoridad, sino un papel autoritario. El padre, el espejo idealizado donde todo niño construye su identidad y sus sentimientos de sí mismo, lo encuentra Kafka convertido en un tirano que le devuelve gestos burlones y desprecio. El niño necesita su aprobación pero nada de lo que hace le sirve, el conflicto fundamental que persiste en el Kafka adulto es expresado por el propio autor de la siguiente manera:

“Vivía bajo unas leyes que sólo habían sido inventadas para mí y que además, sin saber por qué, nunca podía cumplir del todo…

Yo vivía en perpetua ignominia: o bien obedecía tus órdenes, y eso era ignominia, pues tales órdenes sólo tenían vigencia para mí; o me rebelaba, y también era ignominia, pues cómo podía yo rebelarme contra ti; o bien no podía obedecer, por no tener, por ejemplo, tu fuerza, ni tu apetito ni tu habilidad, y tú sin embargo me lo pedías como lo más natural; ésa era, por supuesto, la mayor ignominia. De este género eran, no las reflexiones, sino los sentimientos de aquel niño”.

Kafka ha recibido un llenado narcisista tan insuficiente que se aferra a la identificación paterna, quedando atrapado en un conflicto donde haga lo que haga sentirá el duro juicio de su conciencia moral. Una conciencia moral muy primitiva y precariamente construida, y por tanto cruel en extremo. Las consecuencias son explicadas también por el propio autor:

“Cuando yo empezaba a hacer algo que no te gustaba y tú me amenazabas con el fracaso, mi respeto a tu opinión era tan grande que ese fracaso, aunque tal vez viniese más tarde, ya era inevitable. Perdí la confianza en lo que hacía. Era inseguro, dubitativo. Cuantos más años iba teniendo, tanto mayor era el material que tú podías presentarme como prueba de mi nulidad; poco a poco empezaste a tener realmente razón, en cierto sentido”.

En varias ocasiones insiste en que no puede liberarse de su padre. El autor sólo puede canalizar este conflicto nuclear, aparentemente irresoluble, desarrollando una neurosis obsesiva que se manifiesta, sobre todo, en una enorme inhibición de su vida pulsional, en una evasión de la vida y sus grandes decisiones. Tanto es así, que Kafka podría haber obtenido éxito con su literatura y con su futuro matrimonio, pero abortó ambos proyectos, no se casó y apenas quiso publicar en vida, poco antes de morir pidió que se destruyera su obra.

“La opinión que tenía de mí dependía de ti mucho más que de ninguna otra cosa, de un éxito exterior por ejemplo. Eso era un estímulo que duraba un instante, y fuera de eso, nada; pero en el otro lado, tu peso empujaba cada vez con más fuerza hacia abajo”.

Finalmente aborta su proyecto de matrimonio:

“El matrimonio es, sin duda, garantía de la más radical autoliberación e independencia. Yo tendría una familia, lo máximo que se puede alcanzar según mi opinión, o sea, también lo máximo que has alcanzado tú, yo sería igual a ti, toda la antigua y perpetuamente nueva ignominia y tiranía habrían pasado a la historia. Eso sería en efecto maravilloso, pero ahí está también el problema. Es demasiado, tanto no se puede alcanzar…

Para llegar a eso habría que invalidar todo lo sucedido, o sea, tendríamos que eliminarnos a nosotros mismos”.

“Tengo que renunciar”.

“Tengo que elegir la nada”.

La carta nunca fue entregada a su padre. La culpa pareció perseguir a Kafka toda su vida. Josef K., el personaje protagonista de El proceso, amanece un día con dos funcionarios de justicia al pie de su cama anunciándole que ha sido acusado en un proceso judicial. El señor K. es culpable de algo y no sabe de qué, a partir de ahí comenzará un proceso truculento donde nada parece tener sentido, donde haga lo que haga es inútil. ¿Hasta qué punto la vida de Franz Kafka se asemejó a esta pesadilla?.

Con un sufrimiento como el de Kafka, la terapia cognitivo-conductual, en teoría, chocaría frontalmente, pues el propio autor ha llegado él solito a la expresión de la creencia nuclear distorsionada de su neurosis, y sin embargo la neurosis persiste. Expresar el conflicto no supone resolverlo, Kafka habría necesitado atravesar sus fantasmas de completud, conectar con las emociones desplazadas, en especial el odio y la agresividad volcada sobre sí mismo, habría necesitado jugar su relación fantasmática con su padre en la seguridad de una relación honesta. Recordar para dejar de repetir, conectar con su agresividad para liberarla.

No pudo ser pero creo que sin duda Kafka es un buen ejemplo de los que fracasan al triunfar.

Fuentes

Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico. Sigmund Freud. Obras Completas Editorial Amorrortu vol. 14. 1916.

Carta al padre. Franz Kafka.

PorPedroHoyos

Depresión. ¿Qué estamos haciendo mal?

Según la OMS el número de personas en el mundo con depresión o ansiedad aumentó en cerca de un 50% entre 1990 y 2013. Más recientemente, entre 2005 y 2015, los casos de depresión han aumentado un 18%. La depresión encabeza la lista de causas de enfermedad. ¿Qué esta pasando?

¿Realmente esta aumentando el número de personas deprimidas?

Es posible que el número de diagnósticos haya crecido debido a la progresiva laxitud de los criterios diagnósticos.

En la tercera edición del Manual de Diagnósticos Psiquiátricos (DSM-III), del año 1980, el diagnóstico de depresión quedaba excluido si la persona padecía síntomas depresivos a consecuencia de un duelo. Este criterio se modificó arbitrariamente en la cuarta edición del manual, publicado en 1994, en este momento se considera depresión si los síntomas acaecidos por un duelo persisten más de dos meses. Es decir, si por ejemplo tu pareja ha fallecido y tu estado de ánimo depresivo dura más de dos meses, técnicamente tienes un trastorno depresivo mayor. Esto, que a todas luces es un disparate, no terminó aquí, pues en la última y más reciente edición del manual, la número V, ya no existe el criterio eximente por duelo. Es decir, que estar decaído por la muerte de una persona querida, no se considera normal y natural, sino un trastorno psicopatológico. Puedes ser diagnosticado solamente con padecer síntomas depresivos durante dos semanas.

¿Qué es una depresión?

Si la tristeza y el llanto dura largo tiempo, tal estado es melancólico” (aforismo 23 del libro VI de los aforismos de Hipócrates (460-370 a.C)).

Desde tiempos de Hipócrates lo que hoy conocemos por depresión se nombraba como melancolía.

Decía Freud en el Manuscrito G:

“El afecto correspondiente a la melancolía es el del duelo […]; es decir, el anhelo de algo perdido”

Ese algo perdido puede ser una persona, un pilar que te sostenía, una posibilidad de satisfacción del deseo, etc. Pueden ser personas, objetos externos o internos.

  • La depresión puede venir como un duelo del deseo, no hay posibilidad de satisfacción, lo que la persona ha perdido es insustituible. No deseamos, no obtenemos placer, nos inhibimos.
  • La depresión puede venir por un conflicto inconsciente con el deseo. El deseo está prohibido por tu sistema moral.
  • La depresión puede venir por un sentimiento de culpa abrumador y una necesidad de castigo.

En todos los casos la depresión esta relacionada con una pérdida que no puede, o que no pudo, tramitarse.

Al no poder tramitarse seguimos sintomáticamente adheridos a esa pérdida que no soltamos. Sólo cuando podemos soltar es cuando la pérdida se convierte en falta, y la falta nos impele a volver a desear.  “Toda la actividad humana está motivada por el deseo o el impulso”, decía el filósofo Bertrand Russell.

Por tanto, el deseo se renueva si el duelo se procesa adecuadamente, tenemos que permitirnos estar tristes un tiempo, recogernos en nosotros mismos. Decía Flaubert que la melancolía es un recuerdo que se ignora. Una falta remite a otra y a otra y a otra, llegando así a la falta original, la pérdida del paraíso maternal. La vida es un camino donde hay ganancias y pérdidas, perdemos personas y cosas que amamos.

¿Qué ocurre si no podemos perder?

“La sombra del objeto cae sobre el yo”

Freud

Según Duelo y Melancolía, de Sigmund Freud, un duelo puede problematizarse y convertirse en depresión. Supongamos una persona que desde pequeño ha recibido poco amor, si forma una pareja es posible que sus sentimientos de sí mismo necesiten demasiado del amor de su pareja. Si es dejado se sentirá abandonado, no puede destruir la identificación con su pareja, la natural agresividad que le despierta el rechazo puede dirigirse contra sí mismo. Decía Freud que es como si una sombra cayera sobre el yo.

La persona no puede tramitar la pérdida en falta. El sufrimiento será   inmenso, los sentimientos de sí mismo se verán atacados. Menosprecio, inferioridad, sentimientos de fracaso, incapacidad para sentir placer, inhibición en las actividades diarias, tristeza, vacío, incluso sentimientos de suicidio, pueden darse en grado sumo.

¿Qué estamos haciendo mal?

Lo primero que habría que decir en este punto es el problema de la sobremedicación y la falta de tratamientos adecuados. Según la OMS el 50% de las personas con depresión no reciben tratamiento. Pero aunque lo reciban, puede que no sea el adecuado. En depresiones exógenas, originadas por conflictos inconscientes, la medicación no surtirá ningún efecto beneficioso, pero sí puede crear dependencia.

¿Es útil referirnos a la depresión como una enfermedad?

¿Estaba Hamlet, el célebre personaje de la obra homónima de Shakespeare, deprimido? ¿Le habría servido de algo tomar medicación y salir más a hacer deporte? Más bien parece que estaba atrapado en una conflictiva edípica muy compleja.

Cada caso es único, en ocasiones la persona acude a consulta tan angustiada que recibir una etiqueta diagnóstica puede calmarle lo suficiente y prepararle para iniciar un tratamiento. Pero con frecuencia referirnos a la melancolía como una enfermedad -la depresión-, despersonaliza y elimina la subjetividad. Con frecuencia la persona acude a consulta pidiendo una cura para su depresión. La persona no se responsabiliza de su dolor, al cual no le dota de sentido subjetivo, sino que pide ser curado pasivamente. Esto en no pocas ocasiones cronifica el problema.

Es necesario permitir la tristeza para no deprimirnos

Por paradójico que parezca, es necesario permitir la tristeza para no deprimirnos. En nuestra sociedad actual parece haber una tendencia a negar esta falta originaria del ser humano, esta falta que permite aceptar la pérdida. La publicidad y el sistema de propaganda nos vende una ideología que, ilusoriamente, pretende sostener nuestros deseos de omnipotencia. Miles de productos y distracciones para negar el dolor de la pérdida. No se permite estar triste. Si no hacemos un duelo que permita renovar el deseo nos entregamos al consumismo o las adicciones. El poeta Baudelaire hablaba del spleen de París, una especie de sentimiento de hastío, un vacío que, tanto más se horada cuánto más negamos la pérdida con el consumo.

Epílogo

 En síntesis, no sabemos si la depresión aumenta en el mundo, pues los criterios diagnósticos están viciados, un duelo antaño normal, ahora supone medicación. La depresión tiene que ver con la pérdida y el duelo por esa pérdida, si este se problematiza podemos entrar en bucles de sufrimiento muy peligrosos. La sociedad española esta sobremedicada pudiendo generar relaciones de dependencia con la medicación y cronicidad del trastorno.

Hablando de melancolía recuperamos la subjetividad de los dolores humanos. Se ha identificado a Saturno como el dios de la melancolía, de la agricultura y las cosechas, que también necesitan su período de duelo. Para los griegos Saturno era el titán Cronos. Cronos lo tenía todo, copulaba con su hermana Rea y devoraba a todos sus hijos. No tenía falta, todo lo devoraba; pero tampoco permitía que algo creciera y le destronase de su omnipotencia. Quizás como sociedad empezamos a parecernos a Cronos, quizás necesitemos a un Zeus, que protegido por Rea y criado por Gea, la Madre Tierra, haga regurgitar a Cronos todo lo que ha devorado, para que desalojando todo el dolor que evitábamos sentir, aceptemos la falta, recuperemos el deseo y la capacidad de amar.

Fuentes

http://www.who.int/es/news-room/detail/13-04-2016-investing-in-treatment-for-depression-and-anxiety-leads-to-fourfold-return

http://www.rtve.es/noticias/20170407/depresion-sigue-aumento-encabeza-lista-causas-enfermedad/1519429.shtml

DSM III.

http://displus.sk/DSM/subory/dsm3.pdf

DSM IV.

http://www.psygnos.net/biblioteca//DSM/Dsm.htm

DSM V.

www.psicoaragon.es/wp-content/uploads/2017/06/DSM-5.pdf

Duelo y Melancolía. Sigmund Freud.

https://psicovalero.files.wordpress.com/2014/11/sigmund-freud-duelo-y-melancolc3ada-1915-1917-t14.pdf

Manuscrito G. Sigmund Freud.

http://psicopsi.com/Manuscrito_G_Melancolia_sin_fecha_7_de_enero_de_1895.asp

Libro VI de los aforismos de Hipócrates.

Imagen

Subway (1950). George Tooker.

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