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EL MALESTAR EN LA CULTURA HOY. El sufrimiento psíquico en la posmodernidad

Resumen

Si para Freud una de las consecuencias no deseadas de la cultura podía ser un aplastamiento de los instintos del sujeto por el sentimiento de culpa, lo que engendraría un exceso de insatisfacción neurótica; en el momento presente pareciera que nos encontramos en un lugar distinto, ya no se trata de reprimir los instintos sexuales y agresivos del sujeto, sino permitir un desarrollo sin límites de los mismos.

Caídas las grandes doctrinas universalistas (Cristianismo, Comunismo, Ilustración), estamos presenciando el auge de ideologías que suponen un ataque a la autoridad institucionalizada. Podríamos nombrar al menos los siguientes grandes discursos de la posmodernidad: Feminismo, Animalismo, Cambio Climático, Cientificismo y Nacionalismo.

Las nuevas ideologías funcionan como discursos Amo que cierran la pregunta sobre la responsabilidad personal. La erosión de toda forma de autoridad ha producido un borramiento del padre y una caída del Nombre del Padre (NP) con consecuencias clínicas manifiestas: problemas de identidad de género, aumento de las autolesiones entre los jóvenes, estructuras límite, etc.

Los profesionales alienados a los nuevos discursos Amo pueden tener dificultades para escuchar las subjetividades que contradicen el discurso, en especial el sufrimiento del varón borrado por la ideología de género. En el caso de Sara Winter, el catolicismo funcionó como identificación estructurante, mientras que el feminismo hegemónico alienaba su deseo. La práctica psicoanalítica es también un dispositivo ideológico de poder, pero, quizás precisamente por ofrecer el sostén de una doctrina estructurante, puede ser sanador.

Los discursos van minando la credibilidad de la autoridad establecida y los sentimientos de identidad comunes a todos los ciudadanos, lo que favorece intereses supranacionales, pues se rompe con las identificaciones a la patria, a la familia, al trabajo industrial… El resultado de este ataque a la autoridad es, inevitablemente, una subversión de valores y un nuevo orden social que, como veremos, tiene tintes totalitarios.

El hombre posmoderno que no cree en nada acaba creyendo en todo. En ausencia de referentes ¿No intentan buscar nuestros jóvenes modos de sentido, trascendencia o religión ante una realidad perversa y aplastante?

Palabras clave: Nombre del Padre (NP); ideología de género; feminismo; catolicismo; transgenerismo; esquizofrenia; totalitarismo; posmodernismo; estructuras límite.

 

“Cuando nació la generación a la que pertenezco, encontró al mundo desprovisto de apoyos para quien tuviera cerebro, y al mismo tiempo corazón. El trabajo destructivo de las generaciones anteriores había hecho que el mundo para el que nacimos no tuviese seguridad en el orden religioso, apoyo que ofrecernos en el orden moral, tranquilidad que darnos en el orden político. Nacimos ya en plena angustia metafísica, en plena angustia moral, en pleno desasosiego político”.

Fernando Pessoa. Libro del desasosiego.

Introducción

“El término <<cultura>> designa la suma de las producciones e instituciones que distancian nuestra vida de la de nuestros antecesores animales y que sirven a dos fines: proteger al hombre contra la Naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí” (Freud, 1930: 3033).

La cultura es para Freud sinónimo de civilización. Para que podamos convivir, la cultura impone pesados sacrificios a la sexualidad y la agresividad humanas. Debido a estos sacrificios “cada individuo es virtualmente un enemigo de la civilización”. “Así, pues, la cultura ha de ser defendida contra el individuo” (Freud, 1927: 143).

Si para Freud una de las consecuencias no deseadas de la cultura podía ser un aplastamiento de los instintos del sujeto por el sentimiento de culpa, lo que engendraría un exceso de insatisfacción neurótica; en el momento presente pareciera que nos encontramos en un lugar distinto, ya no se trata de reprimir los instintos sexuales y agresivos del sujeto, sino permitir un desarrollo sin límites de los mismos. Sin embargo, como veremos, la ausencia de límites puede tener consecuencias nefastas para la estructuración psíquica del sujeto.

Caídas las grandes doctrinas universalistas (Cristianismo, Comunismo, Ilustración), estamos presenciando el auge de ideologías que suponen un ataque a la autoridad institucionalizada que tuvieron las anteriores. Podríamos nombrar al menos los siguientes grandes discursos de la posmodernidad: Feminismo, Animalismo, Cambio Climático, Cientificismo y Nacionalismo. Todos ellos se desarrollan en el marco de un fundamentalismo democrático que oculta los poderes realmente existentes, aquellos que manejan dichos discursos a su antojo e interés.

Las ideologías son sistemas de conceptos e ideas socializadas y vinculadas a los intereses gremiales y particulares de un grupo concreto. Hay que entender entonces que todo discurso ideológico se fundamenta en el uso de una racionalidad acrítica y adulterada, y que por configurarse en oposición a otros grupos sociales suele tener como finalidad el escarnecimiento público del contrario y su destrucción (Hernández, 2018).

Lo paradójico es que, al tiempo que defienden intereses gremiales, los discursos van minando la credibilidad de la autoridad establecida y los sentimientos de identidad comunes a todos los ciudadanos, lo que favorece intereses supranacionales, pues se rompe con las identificaciones a la patria, a la familia, al trabajo industrial… No en vano, son los organismos internacionales los que obligan a implementar las medidas relacionadas con dichos intereses a los Estados miembros.

Se ataca la autoridad de los jueces, del padre de familia, de los profesores, etc. Sin embargo, no se repara en que sin autoridad no se puede habilitar un orden social, ya no digamos psíquico. Un juez no puede dictar sentencias si es inhabilitado por no adherirse a un credo ideológico, un profesor no es respetado si no tiene autoridad, un científico es humillado si no se adhiere al Cambio Climático como ideología, y lo mismo sucede con el padre de familia que es desprestigiado por machista. El resultado de este ataque a la autoridad es, inevitablemente, una subversión de valores y un nuevo orden social que, como argumentaré, tiene tintes totalitarios.

En este contexto, y en lo que respecta a la clínica, cabe hacernos las siguientes preguntas:

¿En qué están afectando las nuevas ideologías a la estructuración del sujeto, en qué afectan a la clínica psicoanalítica y a la práctica del psicoanalista? ¿Puede el analizante hacerse cargo de su deseo inmerso en la malla totalizadora de los nuevos discursos Amo? Es más, ¿puede el analista acompañar al paciente en el proceso analítico, inmerso, también, en dicha malla? ¿Podemos llegar a comprender el sufrimiento del sujeto actual alienados a discursos ideológicos idealistas, ajenos, en algunos casos, al contraste con la realidad?

El ataque a la autoridad tradicional afecta a la función del Nombre del Padre (NP). La desestructuración de la familia nuclear es un hecho, y cabe enfrentar cómo está afectando a la estructuración psíquica y a la identidad de los sujetos.
Si para Freud la religión podía evitar la caída en la neurosis (Freud, 1930), ¿sucede lo mismo con los nuevos discursos de la posmodernidad? Las ideologías, que, en el mejor de los casos, son una suerte de caniche propagandístico de las doctrinas, ¿sostienen el síntoma del sujeto en un equilibrio más vigorizante, o, por el contrario, lo debilitan? ¿Pueden las nuevas ideologías competir, por ejemplo, con el cristianismo, en concreto con la doctrina católica, en cuanto a configurar un NP que sostenga al sujeto? Y si no es así, ¿no estamos suicidando a una generación entera de jóvenes a los que dejamos sin el significante fundamental para protegerlos de la locura? ¿No intentan buscar nuestros jóvenes modos de sentido, trascendencia o religión, ante una realidad perversa y aplastante?

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Emigrante. De Bruno Catalano.

Niños transgénero y pin parental

El llamado pin parental viene a intentar defender el artículo 27.3 de nuestra Constitución, actualmente vulnerado, que dice así:

“Los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”.

Pero, más importante que la defensa de nuestros derechos es la protección del menor. Ni este gobierno ni el anterior han abierto la posibilidad de un debate público bien informado sobre los nuevos planes de enseñanza. El siguiente artículo viene a tratar de suplir esta carencia abordando las consecuencias clínicas de una de las aristas de este plan: el tratamiento sobre la identidad de género.

En enero de 2017 se lanzó, generando una gran polémica, Transgender Kids: Who Knows Best? El documental producido por la BBC sobre la disforia de género.

La disforia de género (el disgusto, desajuste o malestar con el sexo biológicamente dado), esta rodeada de una gran confusión, que a su vez genera un gran sufrimiento en las personas que la padecen. La película nos ofrece un atractivo marco de iniciación al análisis.

Dos enfoques sobre el tratamiento clínico chocan uno contra el otro:

  • El enfoque psicológico, representado por el Dr. Kenneth Zucker, parte de la premisa de que la identificación sexual es un proceso muy complejo. Ante la expresión de disforia se afirma el principio de neutralidad y aceptación incondicional del niño. Zucker escucha al niño en el juego infantil tratando de identificar sus conflictos o déficits. Podemos ver testimonios de casos en los que el niño estaba resolviendo sus conflictos a través de una disforia. Se ofrece el dato abrumador de que aproximadamente el 80% de estos niños resuelven su disforia y acaban aceptando su sexo biológico.

  • Por otro lado, el enfoque afirmativo, representado por colectivos LGTBI, consiste en afirmar al niño en su creencia de pertenecer a otro sexo, se niega que la misma pueda ser expresión de problemas psicológicos; se niega, a su vez, que se trate de un proceso, y se ofrece al niño un tratamiento para bloquear su pubertad, antes de que esta comience.

Cuando en marzo de 2015 se aprobó la Bill 77 (Nota 1), una ley canadiense que prohibía las terapias que pretendieran cambiar la orientación sexual o la identidad de género en menores, la clínica que dirigía Zucker (en Toronto) fue objeto de investigación, a consecuencia de la cual fue cerrada y Zucker despedido, concluyéndose que su abordaje terapéutico no estaba en consonancia con las líneas de trabajo más actualizadas. (Sierra, 2018: La prohibición de las terapias de conversión).

¿Quién está en lo correcto?

Para profundizar en la cuestión, hasta el nivel que me permita ser entendible por el lector que no tenga conocimientos previos, tengo que ampliar el marco inicial. Desde el punto de vista clínico me adentraré en el problema de la sexuación y el tratamiento del transexual, analizaré el papel de la ideología, nos asomaremos a la pequeña ventanita de otra cultura distinta a la occidental y finalizaré regresando al tratamiento de la disforia en los niños, junto con las implicaciones de la nueva legislación.

Pueden continuar leyendo el artículo en el siguiente enlace de La Razón Comunista.

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Katuzian, M. (Irán: 1998). Un pequeño de nuestra ciudad.

Joker, una película reaccionaria

En la época de subversión de valores en que vivimos, una película como Joker (Todd Phillips, 2019), se considera de izquierdas, mientras que El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008), se considera de derechas. ¿Por qué?

Es preocupante leer o escuchar algunas opiniones que se vierten sobre esta película, opiniones que tratan al Joker como un héroe de los oprimidos. En Taxi Driver (Scorsese, 1976), ocurrió un fenómeno parecido, parte del público ensalzaba a Travis por el crimen cometido (recordemos que en la aclamada película el personaje interpretado por el fulgente Robert De Niro se cargaba a unos proxenetas que explotaban sexualmente a una menor). Scorsese no dejó de manifestar su preocupación ante este fenómeno, pues lo que él pretendía mostrar era todo lo contrario, el horror de la violencia y lo execrable de un tipo que se toma la justicia por su mano. Como proponía Sartre ¿qué ocurriría si todos hiciéramos lo mismo? Pero era comprensible y literariamente coherente que las masas empatizasen con un tipo que pretendía eliminar a tipos tan execrables. Y en todo caso, la responsabilidad de Travis por sus actos no era eliminada del discurso, ni su personaje era victimizado.

En Taxi Driver había una coherencia, el guion de Paul Schrader era magistral. Un espectador sensible podía contactar con el infierno del personaje y horrorizarse en él, al tiempo que salía del cine espiritualmente fortalecido. Pero, mientras que en el cine de Scorsese siempre hay una estructura moral (que no moralina) que no exime de responsabilidad al personaje para con sus actos y el espectador, en Joker no existe nada de esto, o sencillamente esta estructura moral está subvertida. El personaje que interpreta Joaquin Phoenix es psicológicamente plano, sin conflictos de ningún tipo. Sólo unos apuntes de guion bastante ramplones sirven para tratar de justificar sus actos: sufrió abusos de pequeño, su madre los toleró, etc. Pero queda impostado, artificial, una caricatura y no un ser humano con la sangre puesta a hervir. Travis trataba de suicidarse después de cometer los asesinatos, en El Joker hay un claro guiño a Taxi Driver cuando ensaya su suicidio de la misma forma en que lo intentaba Travis. Pero finalmente El Joker no se suicida, en lo que es un giro de guion que hace aguas, que de nuevo solo se podría justificar, impostadamente, por el éxito de sus actos en el reflejo de la masa. Pero la estructura psicológica del Joker no tiene conflictos, ni pies ni cabeza, alguien que sufría de una personalidad disociada no puede eliminar de un plumazo su parte “Happy”, sin que quede rastro de ella. Esto es lo que sí resulta perturbador en la película, pero por estar mal hecha, por carecer de una visión humana sobre los personajes. Aquí estaría, a mi juicio, el pivote de la subversión moral de la que hablo.

En El caballero oscuro, a diferencia de Joker, sí hay un contacto, aunque sea al nivel de cómic, con la indefensión y la carencia de las masas, las masas aterrorizadas son manipuladas y pueden elegir malos líderes. Emociona su indefensión, sus tendencias violentas o reaccionarias, la sangre se pone un poquito a hervir. Batman se equivoca creyendo que, existiendo en Gotham un fiscal fuerte y honrado, su labor ya no tiene objeto. No puede existir Ley sin una fuerza coercitiva que la imponga. ¿Batman es de derechas? ¿El personaje que trata de llegar a un Estado de Derecho donde todos seamos iguales ante la ley, donde no se imponga la ley del más fuerte, incluida la suya propia, es de derechas? ¿Entonces qué narices es ser de izquierdas hoy día?

Películas de temáticas parecidas como El club de la lucha (David Fincher, 1999) o Network (Sidney Lumet, 1977), de las cuales sin duda también bebe Joker, no carecían de lo que sí carece Joker. Network profundizaba como pocas en la deshumanización de las relaciones en la posmodernidad, y El club de la lucha nos ofrecía una visión distópica en la que se daba rienda suelta a la más pura pulsión de muerte. Joker, por el contrario, no es ya una crítica al posmodernismo, sino que parece surgida del propio caldo ideológico de nuestros días. La rebelión de las masas en Joker no emociona, ni tiene coherencia. El Joker no es Travis, no ha matado a unos malditos explotadores de menores. Ni siquiera se han molestado en crear algún personaje que simbolice a las masas. Tanto El Joker como las masas son tratadas, en la visión de Todd Phillips, de la misma manera en que se trata hoy día a las llamadas minorías oprimidas: victimizándolas, y, por tanto, eximiéndolas de toda responsabilidad por sus actos. En definitiva, las deshumanizan, infantilizan y tutelan, sustituyendo la autoridad tradicional por otra peor. Es tan caricaturesco que no hay en Joker un verdadera comprensión del dolor humano, del origen de la violencia, o una perturbación emocional al contacto con algo que no entendemos pero que sentimos como propio, eso que a veces llamamos la condición humana. Sólo hay una mirada victimizadora que está a oscuras por la ideología.

Mientras que a Travis se le considera un personaje fascista, al Joker se le considera, bajo el paradigma ideológico actual en el cual se inscribe la película, una minoría oprimida. Travis parece tener cierta animadversión por las ahora llamadas minorías oprimidas, El Joker es sin embargo una minoría oprimida. Ambos sufren unas vidas terribles marcadas por la violencia, pero a uno se le considera un asesino fascista por matar a unos proxenetas, y al otro, que ha asesinado incluso a su propia madre, se le considera una víctima. Paradojas de la subversión de valores. Subversión que, como se puede comprobar, es no poco peligrosa y perversa.

Este constante ataque a la autoridad, a la Ley y el Orden, está desestructurando a los niños, pues se empieza a considerar que toda imposición paterna es opresión hacia el menor. La subversión perversa de valores llega a considerar como derechos del menor lo que en verdad es maltrato. Bajo esta ideología no se puede comprender el dolor humano ni ofrecer un bálsamo al mismo. Que Joker no es perturbadora lo demuestra su éxito de masas en taquilla. El ser humano tiende a cargarse al mensajero cuando este trae malas noticias del interior de su psique, no a hacerle rico mientras come palomitas. Joker tiene algunas bondades fílmicas, quizás se recuerde por la actuación de Joaquin Phoenix, pero no merece estar en el Olimpo si no queremos degradar peligrosamente nuestros criterios y nuestra visión moral del mundo. Parece que ahora ser un reaccionario ya no es casposo, es ser cool, estar en la honda.

Psicología de masas en el siglo XXI

El sistema de producción, por su propia lógica de crecimiento, va llenando con productos todos los huecos que angustian al ser humano. ¿Te angustia envejecer? Te ofrecemos cirugía. ¿Te angustia no tener éxito social? Te ofrecemos un coche. ¿Te angustia no pertenecer? Te ofrecemos diferentes ideologías identitarias. Y si no te angustias, te intentamos angustiar. ¿Cómo? Instaurando un Ideal inalcanzable, obligándote a ser feliz.

La caída de las grandes doctrinas universales ha dado paso al auge de ideologías sectarias.

“Las ideologías son sistemas de conceptos e ideas socializadas y vinculadas a los intereses gremiales y particulares de un grupo concreto. Hay que entender entonces que todo discurso ideológico se fundamenta en el uso de una racionalidad acrítica y adulterada, y que por configurarse en oposición a otros grupos sociales suele tener como finalidad el escarnecimiento público del contrario y su destrucción” (Hernández, 2018).

La ideología es un discurso que sostiene el síntoma (entendiendo por síntoma aquel efecto visible que remite a una posición inconsciente) y cierra la pregunta que abre todos los interrogantes angustiosos, la pregunta por la responsabilidad personal: ¿qué me pasa y qué puedo hacer con lo que me pasa?.

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El duelo. Dificultades actuales.

El sistema de salud mental forma parte del problema de la salud mental, y muy especialmente en la cuestión de elaboración de duelos. El mero hecho de hablar con este lenguaje clínico que impone patologías cierra, de algún modo, el discurso de la propia persona, eliminando su subjetividad. Muchos han llegado a creer que modificando pautas de conducta es suficiente para elaborar un duelo complicado y esto no es así. Abundando más, la ideología que subyace en los libros de autoayuda es, a mi juicio, represiva, pues nos hace creer que modificando el pensamiento consciente y determinadas pautas de conducta, nos sentiremos bien. ¿Qué ocurre cuando esto no se da así?

En el momento presente los tiempos de espera se han acortado o eliminado, vivimos en el tiempo de la inmediatez, se nos ha desacostumbrado a esperar. A una semana de la pérdida los pacientes ya vienen medicados con antidepresivos. El medicamento disminuye los síntomas, lo que nos permite seguir funcionando, seguir produciendo, pero también nos impide elaborar el duelo: sentir dolor, pensar en la persona amada, poder ligar la elaboración intelectual con la parte afectiva y crear un sentido.

La psiquiatría, y en parte también la psicología hegemónica, ha patologizado procesos normales que forman parte de la vida. En la tercera edición del Manual de Diagnósticos Psiquiátricos (DSM-III), del año 1980, el diagnóstico de depresión quedaba excluido si la persona padecía síntomas depresivos a consecuencia de un duelo. Este criterio se modificó arbitrariamente en la cuarta edición del manual, publicado en 1994, en este momento se considera depresión si los síntomas acaecidos por un duelo persisten más de dos meses. Es decir, si por ejemplo tu pareja ha fallecido y tu estado de ánimo depresivo dura más de dos meses, técnicamente tienes un trastorno depresivo mayor. Esto, que a todas luces es un disparate, no terminó aquí, pues en la última y más reciente edición del manual, la número V, ya no existe el criterio eximente por duelo. Es decir, que estar decaído por la muerte de una persona querida, no se considera normal y natural, sino un trastorno psicopatológico. Puedes ser diagnosticado y medicado solamente con padecer síntomas depresivos durante dos semanas.

A mi juicio, el sistema de salud mental forma parte del problema de la salud mental, y muy especialmente en la cuestión de elaboración de duelos. El mero hecho de hablar con este lenguaje clínico que impone patologías cierra, de algún modo, el discurso de la propia persona, eliminando su subjetividad. Muchos han llegado a creer que modificando pautas de conducta es suficiente para elaborar un duelo complicado y esto no es así. Abundando más, la ideología que subyace en los libros de autoayuda es, a mi juicio, represiva, pues nos hace creer que modificando el pensamiento consciente y determinadas pautas de conducta, nos sentiremos bien. ¿Qué ocurre cuando esto no se da así? La persona se culpabiliza y se hunde. Además, este pensamiento, ya tan extendido en nuestra sociedad, guarda cierta relación con la doctrina de la predestinación del irracionalismo calvinista, pues al final se concluye que cada cuál tiene lo que se merece, de tal forma que ya nadie escucha el sufrimiento del otro, sino que meramente se concluye que si esta mal es porque quiere. Esto es, sencillamente, atroz.

Muchos factores influyen en la elaboración del duelo, facilitándolo o haciéndolo más complicado.

El dolor del que se siente abandonado, sobre todo si el abandono es sorpresivo, (el duelo es más fácil si la pérdida no es inesperada), es como si volviera a sentir todos los rechazos de su vida. Si el abandono se produce por internet, sin dar la cara, sin permitir al rechazado replicar o preguntar lo que necesite, le deja en un lugar pasivo de incomprensión. Pueden surgir autorreproches, culpa y rumiaciones, que hacen muy difícil poner concentración en otras actividades.

A veces un duelo menor hace de anzuelo para un duelo más importante anterior, y la persona no se explica por qué tanto dolor.

Si el dolor nos desborda se produce un estancamiento de energías sin vía de salida, la carga aumenta, y puede haber carga de sucesivos duelos que no pudieron ser elaborados. Sencillamente puede ser algo insoportable que produce mucha angustia, se generan síntomas para tratar de canalizarlo. El duelo complicado puede dar lugar a la depresión, que sería el parón del deseo, del motor de la vida. En este punto sería absolutamente normal que se dieran ideaciones suicidas. Freud lo expresaba en Duelo y melancolía con su famosa cita “una sombra cae sobre el yo”.

Hay personas amadas que pueden ser insustituibles (o parecérnoslo), forman parte de nuestra identidad tan profundamente, que su falta nos produce una desgarradora herida narcisista. “La risa de mi hijo. He perdido la risa de mi hijo”, se lamentaba Francisco Umbral en Mortal y Rosa, su novela lírica sobre la pérdida física de su hijo pequeño. Idealizar a la persona que ya no está o culpabilizarnos por la pérdida, son formas de retener a la persona amada. Decía el poeta Antonio Machado en Yo voy soñando caminos:

En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día:
“ya no siento el corazón”.

Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.

En terapia tratamos de resignificar la experiencia, dotándola de sentido, hacemos un relato de lo sucedido, lo metaforizamos, esto permite desalojar dolor. En este sentido la experiencia del exfutbolista Santiago Cañizares me parece muy enriquecedora. Su relato completo se puede ver en el siguiente vídeo. El matrimonio perdió a un hijo pequeño, el sentido que le dieron a la pérdida no puede ser más bello y es indudable que les ayudó a sobrellevarlo.

Entramos aquí en la importancia de los recursos de los que dispone la persona sufriente: la disponibilidad y calidad de sus vínculos con seres queridos, con personas de apoyo con las que pueda resignificar, su nivel socioeconómico, su capacidad cognitiva, etc. La soledad, que en las sociedades occidentales crece enormemente, es, que duda cabe, un factor de riesgo.

Para Darian Leader el proceso de duelo está desapareciendo. No estamos dispuestos a escuchar. Muchas personas parecen volcar sus necesidades de amar y ser amados con sus mascotas, o con el nuevo ramillete de identidades políticas, que no dejan de ser vínculos de enorme fragilidad. Una mascota no podrá darles la comprensión y calidez de un ser humano. Sin la experiencia del vínculo se pierde el sentido de la vida. El ser humano no puede pretender reconocerse en el reflejo de una pantalla o en los ojos de un animal. Sólo un ser humano puede reconocer a otro.

La ausencia de ambivalencia, para la psicoanalista Pilar Nieto, complica el proceso. Por ambivalencia entendemos que la persona pueda sentir tanto las emociones de amor como las de odio. Especialmente preocupante es si el odio se vuelca contra uno mismo, con constantes auto-denigraciones. Es necesario poder expresar agresividad hacia fuera, de una manera no lesiva.

Cada experiencia personal es única, ¿qué pérdida original se está repitiendo? Toda ausencia nos remite a nuestras ausencias primordiales, a veces a aquello que nunca se tuvo, a los objetos que no pudieron interiorizarse, a las deprivaciones afectivas. Lo que para unos supone miedo, para otros supone terror. Lo que unos consiguen sobrellevar, a otros les impide seguir. Estamos constantemente elaborando duelos: por la pérdida de la inocencia, por la pérdida de amigos, por la pérdida de ilusiones, de trabajos, pero la peor pérdida es la del sentido, la de la capacidad de crear, de sentir. En una melancolía psicótica severa, precisamente, se deja de sentir. Ya no hay dolor, pero tampoco vida. Si la cosa se pone fea, como decía Sartre, a veces es necesario obrar sin esperanza, caminar a tientas, recomponerse con los restos del naufragio, pero sobre todo pedir ayuda, sublevarse contra los discursos del sistema, contra todo aquello que rompe vínculos, que desune a la gente.

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Adiós (1892), de Alfred Guillou.

Ingeniería social ¿Cómo nos manipulan? (vídeo)

La gente se siente culpable por estar mal, por estar triste, por necesitar cogerse una baja, por llorar, por tener un ataque de nervios, por decir algo políticamente incorrecto, incluso por enamorarse. Quizás deberíamos empezar a preguntarnos si las ideologías posmodernas, que tanto preconizan derechos y libertades, no están en realidad disfrazando, con sus palabras tan políticamente correctas, una novedosa ingeniería social para reprimir, de nuevo, a las masas.

Así como un pez no es consciente del medio acuoso que le rodea, el ser humano no repara en el maremágnum de identificaciones e influencias que le invaden insidiosamente.

Duración 15 minutos

Fuentes.

https://www.hoy.es/sociedad/realidad-suicidio-infantil-20180923222659-ntrc.html

https://www.mayoresudp.org/wp-content/uploads/2017/03/Informe-sobre-el-Estado-Social-de-la-Naci%C3%B3n.pdf

El estadio del espejo. Jacques Lacan.

El género en disputa. Judith Butler.

Manipulación periodística de la ocurrido en Puente Llaguno (11-04-2002)

 

Música.

Hang Massive. Once again (hang drum duo 2011)

Baba Zula. Abdülcanbaz

 

Imagen.

Daido Moriyama. Imitation (1995)

 

¿Cómo tratar a una persona que está sufriendo? El poder de la empatía (vídeo)

La empatía es una elección, y es una elección vulnerable, porque para poder conectarme contigo tengo que conectarme con algo en mí mismo que reconozca ese sentimiento.

El poder de la empatía es un cortometraje animado (de menos de 3 minutos), basado en una conferencia de Brené Brown sobre la empatía. Constituye, a mi juicio, una excelente guía para aquellos que desean ayudar a familiares o personas queridas que se encuentran en un momento de crisis del cual no pueden salir, pero también como pautas a tener en cuenta para poder comunicarnos entre nosotros, (estemos en crisis o no).

Es importante asimilar ciertas pautas porque la ayuda, si no se da bien, puede causar más daño. La regla número 1 es no pretender ayudar a quien no te lo está pidiendo, quizás el impulso corresponde a tu propia angustia, no a la suya, quizás puede sentir su amor propio herido. El corto muestra ejemplos cotidianos, pero, en ocasiones, las personas que más sufren, o cuyo sufrimiento es más complejo, se encuentran no sólo con la incomunicación sino con juicios severos o rechazo a su persona, lo que, lógicamente, empeora la situación.

 

Guión.

 

¿Qué es la empatía y por qué es muy diferente a la simpatía?

La empatía alimenta la conexión.

La simpatía lleva a la desconexión.

 

Theresa Wiseman es una erudita en enfermería que estudió varias profesiones en las que es importante la empatía.

Propuso 4 atributos de la empatía:

 

1.Tener perspectiva. Poder tomar la perspectiva de otra persona o reconocer esa perspectiva como la verdad de esa persona.

2. No emitir un juicio (No es fácil, con lo que disfrutamos haciéndolo).

3. Reconocer las emociones de la otra persona.

4. Comunicárselo.

 

La empatía es ser sensibles con las personas. Siempre pienso en la empatía como una especie de espacio sagrado. Cuando alguien está atrapado en un agujero profundo y grita desde el fondo, diciendo:

 

“Estoy atrapado, está oscuro, estoy abrumado”.

Bajamos, miramos y decimos:

“Oye, yo sé cómo es estar aquí abajo y no estás solo”.

 

La simpatía es:

 

“¡Uh…! Qué mal, ¿no? ¿Quieres un sándwich?”.

 

La empatía es una elección, y es una elección vulnerable, porque para poder conectarme contigo tengo que conectarme con algo en mí mismo que reconozca ese sentimiento. Casi nunca, o nunca, una respuesta empática comienza diciendo:

 

“Por lo menos…”.

 

Y lo hacemos todo el tiempo. ¿Saben por qué? Alguien acaba de compartir algo muy doloroso con nosotros y nosotros tratamos de ver lo positivo del caso:

 

– “Tuve un aborto espontáneo”.

– “Al menos sabes que puedes quedarte embarazada”.

– “Creo que mi matrimonio se está derrumbando”.

– “Al menos tienes un matrimonio”.

– “A John lo van a echar del colegio”.

– “Al menos Sara saca en todo diez”.

 

Pero una de las cosas que hacemos a veces ante conversaciones difíciles es tratar de mejorar la situación. Si comparto algo muy difícil contigo preferiría que digas:

 

“No se qué decir, pero gracias por contármelo”.

 

Porque la verdad es que casi nunca una respuesta puede mejorar la situación. Lo que mejora la situación es la conexión.

El dilema de “Hey Joe”, la canción popularizada por Hendrix, sobre la violencia de género y la destructividad humana

A mis colegas no les interesaba nada en absoluto tratar de comprender las causas de la violencia; por tanto, no les interesaba reducir la violencia, sino que parecían experimentar cierto placer imaginándose la soga en torno al cuello de Joe mientras predicaban contra la maldad humana.

Eran los años 60 y corrían tiempos más benévolos con la libertad de expresión, tanto es así que canciones que planteaban situaciones de violencia contra la mujer de una manera cruda, como Hey Joe, no suponían ningún conflicto para las feministas de entonces.

En la canción Joe mata a su mujer porque esta le engaña con otros hombres. Una vez perpetrado el crimen el Estado busca a Joe para colgarle.

Pueden escuchar la interpretación de Hey Joe que hizo Hendrix en el siguiente enlace, con la letra subtitulada al español.

A finales de los 90, siendo yo un adolescente, plantee a mis colegas de entonces el dilema que me sugería esta canción:

¿Qué es moralmente más reprobable, la mujer de Joe por engañarle con otros hombres, Joe por matar a su mujer, o el Estado por disponer que Joe debe ser colgado?

Sin dudarlo mis colegas señalaron a Joe como fuente de todo mal, y más que el acto, condenaron a la persona (en este caso personaje ficticio). Aquí comprendí, de forma cristalina, que mis compañeros, tan de izquierdas, eran una caterva de reaccionarios, como después el tiempo me demostró sobradamente.

La principal característica del reaccionario: el goce que experimenta dando rienda suelta a su pulsión de muerte.

Y es que, lo que se deduce aquí, son una serie de asuntos de no poca importancia. Para empezar, a mis colegas no les interesaba nada en absoluto tratar de comprender las causas de la violencia; por tanto, no les interesaba reducir la violencia, sino que parecían experimentar cierto placer imaginándose la soga en torno al cuello de Joe mientras predicaban contra la maldad humana. Esta es, a mi juicio, la principal característica del reaccionario, el goce que experimenta dando rienda suelta a su pulsión de muerte. El reaccionario suele ser una persona con escaso conocimiento de su mundo interior, por tanto, impermeable a la detección y autocrítica de sus impulsos violentos. Tal como indicaba el psicoanalista Wilhelm Reich en Psicología de masas del fascismo, las características reaccionarias están determinadas por la estructura de personalidad del individuo, y menos por su filiación política, a la izquierda o a la derecha. Se habla siempre de la educación, sin duda pieza básica de toda sociedad, pero nunca se habla de la crianza, y la crianza es la primera piedra de la personalidad.

La pulsión de muerte, conceptualizada por Freud en Más allá del principio del placer (1920), es un impulso destructivo que va más allá de una economía pulsional que busque placer e intente evitar el dolor. En la destrucción de la pulsión de muerte puede haber sufrimiento, mucho sufrimiento, pero también un goce inconsciente en ese sufrimiento.

Si nuestra sociedad no está preparada para el ateísmo, destruir el catolicismo, sin ofrecer nada mejor a cambio, es potencialmente destructivo.

Esto me lleva a pensar, desde mi ateísmo, sobre el papel que jugaba el catolicismo en España como freno a esta destructividad. No olvidemos que el pilar fundante del cristianismo, y sin embargo el más olvidado, es el dogma de la gracia divina: Cristo pagó con la crucifixión por nuestros pecados. Este mecanismo cultural de redención es no poco importante para equilibrar la destructividad humana. Y es que, si nuestra sociedad no esta preparada para el ateísmo, destruir la preponderancia del catolicismo sin ofrecer nada mejor a cambio, es potencialmente destructivo.

Los medios de comunicación, libres del freno moral de una cultura católica, han dado rienda suelta a ideologías posmodernas que canalizan la destructividad hacia instituciones fundantes de nuestra sociedad, como la familia o la nación. La primera nos provee de amor y estabilidad para construirnos como individuos, de la segunda emanan nuestros derechos ciudadanos.

Para terminar, no olvidemos tampoco, que la opinión pública está muy determinada por la opinión publicada.

Una reflexión poética sobre el odio (si no estás preparado)

El odio (si no estás preparado)

 

Si no estás preparado

si te hacen daño lo suficiente

acabas odiando

 

El odio es un susurro de carmín a la yugular

sin darte cuenta

te da placer, soberbio en tu rostro

que se tensa y deshace

y te atrapa, te caza y te esclaviza.

 

El odio se cuece en la intimidad de tu dormitorio,

es un aliento tórrido sobre tu nuca

es un iceberg de hielo punzando tu frente, se expande

desencaja tu cara.

 

La única forma de liberarte de él es haciendo daño.

Pero cada vez que haces daño él se ríe y sube otro escalón,

como un pequeño dictador a cuerda,

se hace más fuerte con tu irracionalidad, con tu debilidad y miseria.

Taladra el bloque de hielo y llena tu cerebro de escarcha.

 

Si no puedes hacer daño a aquel que te causó dolor

elegirás otra víctima asequible

y esculpirás en ella todo tu odio

 

Si odias en soledad, te sentirás despreciable

pero ay! si encuentras a más que odien como tú,

como yonqui desesperado los buscarás,

y te sentirás fuerte, seguro y justificado

en tu decorado de cartón piedra

con un enemigo claro como el alba.

 

Y como aprenderás a ser esclavo,

esclavo serás, y aquellos que te causaron sufrimiento

manipularán tu odio hacia sus propios trofeos de caza

y te usarán.

 

El odio es una puta a la que escupes todos tus errores

El odio es una mecedora de horca

El odio es un yonqui que vende a sus hijas por heroína

El odio es cocaína

El odio es un látigo coceando sin empuñadura

El odio es el ojo crispado del caballo desbocado

que demasiado tarde para reaccionar

se precipita a un abismo ignorado.

El odio es el miedo!

 

Iza ese harapo!

 

El odio hacia la inmigración

El odio hacia el raro

El odio hacia la mujer,

hacia el activista

El odio hacia el débil e ignorado

 

Pero no hacia el amo,

Nunca hacia el amo.

Porque el odio es el miedo

porque el odio es ciego

porque el odio es un yugo, que por tu miseria te aferra

 

Y en tu ceguera odias al libre

porque tú no eres libre

 

Y el odio te usará

Y te hará suyo,

Y te despedazará por dentro,

Si no estás preparado.

En defensa de la NEGATIVIDAD (vídeo)

Pueden ver el vídeo aquí (12 minutos), o leer la entrada.

Lo negativo nos indica que algo va mal, ya sea en un individuo, en una sociedad o en una familia. Somos una sociedad que no admite lo negativo, que pretende vivir en la demanda de que todo sea positivo. Veamos el sufrimiento psíquico que esta actitud genera.

Lo negativo se manifiesta en crisis. La palabra crisis viene del griego “Krinein”, que significa “separar” o “decidir”. De aquí se deriva el termino “crítica”, que significa análisis, y “criterio”, razonamiento. La crisis es algo que se rompe, una irrupción violenta de la negatividad que había sido desatendida y que obliga a pensar, a analizar.

En un sistema económico sostenido por ideologías que niegan las contradicciones y los límites, la crisis es inevitable. Los límites y contradicciones representan lo negativo, pero para que una empresa supranacional no entre en crisis, por el colapso de la demanda o la sobreproducción, necesita un crecimiento ilimitado. ¿Cómo pretende obtenerlo? Abarcando más nichos de mercado, absorbiendo otras empresas, conquistando otros mercados (a veces mediante la guerra), abaratando costes, generando explotación humana.

Sólo una negación enorme puede negar lo negativo, por más que lo negativo esté ahí, y sea real. Se necesitan fuertes estructuras ideológicas y múltiples altavoces propagandísticos para mantener la ideología.

Lo negativo, decía René Lourau, pone en marcha un analizador que revela la estructura de las instituciones, el inconsciente social que permanecía oculto.

  1. El amor como negatividad

Dice Byung-Chul Hang en su libro La agonía del Eros:

“El amor se positiva hoy para convertirse en una fórmula de disfrute. De ahí que deba engendrar ante todo sentimientos agradables. No es una acción, ni una narración, ni un drama, sino una emoción y excitación sin consecuencias. Está libre de la negatividad de la herida, del asalto o de la caída. Caer (en el amor) sería ya demasiado negativo. Pero, precisamente, esta negatividad constituye el amor: <<El amor no es una posibilidad, no se debe a nuestra iniciativa, es sin razón, nos invade y nos hiere>>. La sociedad del rendimiento, dominada por el poder, en la que todo es posible, todo es iniciativa y proyecto, no tiene ningún acceso al amor como herida y pasión”.

En una línea parecida decía Erich Fromm en El arte de amar, sobre el amor en el capitalismo:

“Dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio”.

Pero enamorarse no es lo mismo que amar, el enamoramiento es fusión e idealización, para amar necesitas reconocer al otro, con sus virtudes y defectos, no como objeto, sino como sujeto, y el reconocimiento de esa alteridad implica un reconocimiento de lo negativo.

Hoy cada día más, se tratan de borrar las diferencias sexuales, sin darnos cuenta de que el hombre y la mujer se atraen, precisamente, porque son diferentes y complementarios. Es deseable una igualdad de oportunidades, pero NO ser iguales.

  1. El consumo como negación de la falta, aniquila el deseo

El consumo masivo, además, en un intento de tapar la falta, nuestras carencias, lo negativo, en un atiborramiento de consumo positivo, sea del tipo que sea, no deja espacio para desear. Por lo tanto deviene en apatía y caída de la líbido.

Si el objeto falla, no se repara, se tira y se compra otro.

  1. Libros de autoayuda

Los libros de autoayuda, en su vertiente más ideológica, convierten el pensamiento positivo en pura metafísica. Por ejemplo, el psicólogo Wayne Dyer, uno de los autores de más ventas, llega a afirmar pensamientos como el siguiente: “Una vez que creas en ti mismo y ves tu alma divina y preciosa, automáticamente te convertirás en un ser que puede crear milagros”. Muchos de estos libros están repletos de frases en las que se insinúa que puedes cambiar tu realidad meramente cambiando tu pensamiento, como si tuvieses superpoderes. Además, se transmite un individualismo muy dañino, forma parte ya de la ideología de todos que para amar a otro debes amarte a ti mismo antes. Esto tiene importantes matices, ¿cómo vamos a amarnos si nadie nos ha amado antes, o si estamos dañados para poder recibir amor? Una vez el ser humano ha superado la etapa del narcisismo primario se nutre del amor que da a los demás y recibe de los demás. No existe individuo sin los demás. Decía Viktor Korman que lo psíquico es lo social subjetivado. Nuestra identidad se construye a base de identificaciones con los demás.

  1. Mamá, dime NO

El ser humano comienza a estructurarse psíquicamente con la negación, en el momento en que la persona que hace de figura materna dice NO al niño. Gracias a la irrupción de lo negativo el niño podrá ir conociendo los límites a sus demandas. Esto le permitirá generar recursos psíquicos para tolerar la frustración y la progresiva separación de la figura materna (ganancia de autonomía). Si este proceso, por no poder aceptar lo negativo, no se diera suficientemente, podría generar una falla, que más adelante degeneraría en el llamado Trastorno por déficit de atención (con o sin hiperactividad), popularmente conocido como TDAH. Sin lo negativo no hay individuación. Si no se llega a ser sujeto, los demás serán objetos para llenar nuestro narcisismo.

Esta escasa tolerancia a la frustración, esta no aceptación de lo negativo, de la pérdida de la omnipotencia infantil, ¿no puede estar en la base de la cultura del éxito sin esfuerzo, de la cultura de “lo quiero bueno, bonito, barato, breve y ahora”?.

  1. La presión por ser positivos

Decía Pessoa que un optimista es un tonto simpático y un pesimista un tonto antipático. ¿Exceso de positividad el primero y exceso de negatividad el segundo? Mejor sería tratar de ser realistas. No son pocas las empresas que fracasan, porque por un exceso de positividad, no se vieron las amenazas que las hacían zozobrar.

A muchas personas les va bien un poco de pensamiento positivo, por ejemplo decirse a sí mismo que todo va a ir bien, en un momento bajo. Pero ¿qué ocurre, si en este clima de negación de lo negativo, una persona fracasa una y otra vez tratando de ser positivo? Lo que suele ocurrir es que la persona se culpa a sí misma. Al no permitir la entrada de lo negativo no se dispara el analizador, la persona puede entrar en círculos viciosos peligrosísimos.

La presión por lo positivo, por ser feliz, por tener éxito, puede llevar a muchas personas con dificultades para aceptar lo negativo, a la parálisis. El fracaso sería un golpe demasiado duro para su amor propio.

La negación de nuestra falta, de nuestras carencias, nos hace esclavos de los mensajes de un mundo cada vez más artificial. El sistema de propaganda y la publicidad están orientados a infantilizarnos, a negar esta falta constitutiva del ser humano, nos venden ilusiones de completud, de omnipotencia, de éxito sobre los demás, de elitismo. Negamos hasta la vejez, con liposucciones o liftings, vivimos como si la muerte no existiera, y nos hacemos esclavos también de ella. Y cuanto más vulnerables nos hacen más nos atrapan por estos goces secundarios, sustitutivos del deseo, de la libertad personal.

  1. La negatividad de la diferencia sexual anatómica

El niño comienza su proceso fundante, el complejo de Edipo, con el trabajo de reconocer la diferencia sexual anatómica. El reconocimiento rompe su ilusión de completud. Las políticas que promueven la androginia, la no diferenciación, que todos seamos iguales o pensemos igual, ponen en riesgo los procesos estructurantes del niño. Sin la negatividad de lo diferente no puede haber individuación. Caídas las grandes doctrinas universales, caída la estabilidad familiar, la persona se verá abocada a una precaria búsqueda de falsas identidades en los grupos políticos identitarios.  En la masa desaparecerá como individuo, será dependiente de la identidad del grupo, una identidad paranoica basada en un enemigo común.

Para la dialéctica hegeliana la negatividad era el límite que permitía diferenciar al ser y darle sentido. El análisis racional sólo puede darse mediante una negatividad. La clase explotada, el trabajo excesivo, las guerras, la pobreza, son la negatividad, la contradicción que permite la racionalidad. Sin la irrupción de lo negativo no puede haber cambios, ni revoluciones, sino estancamiento o retroceso.

  1. La soberbia cientificista

Una sociedad que pretende negar los límites con la ciencia es una sociedad en la que el ser humano está desconociéndose a sí mismo, olvidando los clásicos. Recordemos a Ícaro, cuando con sus alas se elevó tan alto que los rayos del sol las derritieron, recordemos a Sísifo.

  1. Victimismo

Sin la irrupción de lo negativo no habría aprendizaje. El victimismo sustituye la responsabilidad, las identidades son débiles y nos aferramos a sectas, haciendo rígido nuestro pensamiento y severo nuestro juicio. Se persigue la disidencia, se reduce la libertad de expresión.

  1. ¿Cómo podríamos saber…?

¿Cómo podríamos saber que estamos rotos, si no sintiéramos angustia? ¿Cómo podríamos saber que amamos, si no se nos encogiera el corazón ante el ser amado? ¿Cómo podríamos saber del llanto y del socorro, si taponásemos nuestros oídos y nuestra humanidad? ¿Cómo podríamos saber que estamos perdidos, si no se nos dejase andar?.

Fuentes

El análisis institucional (1970). René Lourau. Amorrortu.

La agonía del Eros. Byung-Chul Hang

El arte de amar. Erich Fromm

http://etimologias.dechile.net/?crisis

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