¿Por qué aceptamos y justificamos el autoritarismo, la pérdida de nuestras economías y libertades?

¿Por qué aceptamos y justificamos el autoritarismo, la pérdida de nuestras economías y libertades?

El golpe traumático constante puede romper las costuras psíquicas del individuo, golpeando su estructura. Puede producir una regresión a nuestros fantasmas infantiles y a nuestros traumas históricos como sujetos colectivos.

(lo siguiente es solo un escrito breve de batalla, no una tesis. La realidad siempre es más amplia y compleja)

Contexto previo

Partimos de un contexto en que se han venido perdiendo los principales referentes que sostenían al sujeto en identificaciones estructurantes: la religión, la patria, la nación política, la familia…

Vivimos en una ilusión de invulnerabilidad y omnipotencia que niega la falta y lo negativo de la vida. El miedo a la muerte es intenso porque no se acepta la finitud de la vida.

Los clínicos reportan un aumento de estructuras de personalidad narcisistas, lo que quiere decir, sujetos con una menor capacidad para reconocer, escuchar y sostener a los demás, con una mayor fragilidad identitaria, y, por tanto, más propensos a la alienación, en este caso al ramillete de identificaciones no estructurantes (alienantes) que el mercado capitalista ofrece. Sujetos que tendrán mayor dificultad para establecer vínculos afectivos protectores.

No es esta la primera vez que nuestra generación sufre un golpe traumático que diera lugar a la aceptación de “nuevas normalidades”. Pero nos centraremos en el golpe actual.

Contexto traumático actual

Estamos expuestos a un contexto traumático. Un trauma es una realidad externa que golpea y supera nuestros recursos psíquicos.

Me baso aquí parcialmente en lo que Albert Biderman (1)  expuso como métodos de tortura:

Medidas de aislamiento y deprivación de estímulos necesarios para la estabilidad psíquica: confinamientos masivos, mascarillas, distancia social, aislamientos individuales…

Autoritarismo y amenaza: medidas absurdas, arbitrarias e ilegales que pueden ser aplicadas aleatoriamente y en cualquier momento produciendo una amenaza constante que escapa a nuestro control.

Degradación y amenaza de la disidencia: degradación de las personas críticas. Amenazas a médicos, periodistas u otras profesiones relevantes para que reproduzcan el discurso oficial. La propia masa insulta y degrada a quien opina distinto.

– Exposición mediática constante al elemento de peligro: sobredimensión del peligro y su gravedad. Manipulación de la información. Culpabilización de las personas.

Viñeta del cómic “Tú puedes ser el culpable”, de Laura Marchal

El golpe traumático constante puede romper las costuras psíquicas del individuo, golpeando su estructura. Puede producir una regresión a nuestros fantasmas infantiles y a nuestros traumas históricos como sujetos colectivos. Traumas históricos que los españoles tenemos pendientes de resolver y cuyos efectos se perciben a diario: sentimientos de inferioridad, indefensión, culpa y autofustigamiento, etc.

Algunos mecanismos etiológicos

Para protegerse el psiquismo formara síntomas. Se me ocurren algunos mecanismos etiológicos que podrían estar operando. Como hipótesis:

Fobia por desplazamiento: el contexto actual puede activar angustias primitivas no simbolizadas. El activador podría ser la real amenaza de derrumbe económico, la incertidumbre ante el futuro. El afecto se desplaza a un objeto concreto más manejable y generamos una fobia al coronavirus. De este modo nos sometemos a las medidas sanitarias y nos volvemos hipervigilantes. Esto explicaría por qué algunas personas exageran el elemento de peligro: exageran el número de fallecidos, el número de enfermos en UCIs, utilizan la mascarilla indiscriminadamente en todo contexto, se exponen más aún a las noticias que les angustian, etc.

Identificación con el agresor y desmentida de la realidad: de nuevo, ante esta realidad traumática que nos desborda, nos identificamos con el agresor y adoptamos el discurso oficial. Para defendernos de la realidad la desmentimos produciéndose una escisión en nuestra personalidad. Podemos pasar a formar parte del grupo que insulta y degrada a las personas críticas.

– Escisión por el “doble vínculo” con las autoridades: previa identificación con las autoridades, recibimos mensajes contradictorios; por un lado se nos exige responsabilidad, pero por otro lado se nos castiga como a niños. De nuevo, se pueden reproducir aquí escenas fantasmáticas de nuestra propia infancia. El doble vínculo daña nuestra autoestima, nos genera indefensión y dependencia hacia la figura que nos está maltratando.

– Trastornos obsesivos-compulsivos: el conflicto nuclear que la persona arrastra con las figuras de autoridad primordiales (las figuras parentales) puede desplazarse y enlazar con las autoridades y el discurso oficial del COVID-19. La agresividad reprimida se transforma en pensamientos invasivos de culpa o angustia innombrable. La persona para liberarse necesita hacer actos compulsivos: lavarse las manos, desinfectar las estancias, obedecer a las autoridades, etc.

– Hipocondría: todos expresamos malestar psíquico en nuestro cuerpo. Es fácil que ante cualquier síntoma creamos tener el covid-19 y nos angustiemos.

Formaciones sintomáticas hay tantas como sujetos. Cada formación es única. Se pueden desplazar y ampliar a motivos que ya poco o nada tienen que ver con un peligro de infección (por ejemplo, el acto de desinfectar playas).

¿Qué podemos hacer?

Poder identificar lo que nos está haciendo daño nos permitirá protegernos mejor.

Entender que todo esto es normal, que cada otoño-invierno regresan enfermedades como la gripe o los coronavirus, entre muchas otras. Es saludable vivir de forma tranquila, llevar una vida sana y fortalecer nuestro sistema inmunológico. Lo que no es saludable es estar expuestos a un sistema de propaganda que centra constantemente nuestra atención en amenazas. El estrés, la bajada del estado de ánimo y el miedo constante pueden producir, por agotamiento, una pérdida de eficacia de nuestro sistema inmunitario o incluso un síndrome de inmunodeficiencia.

Dejar de dar credibilidad al terrorismo mediático y sus manipulaciones; reducir lo máximo posible el tiempo que estamos expuestos a esos estímulos; informarnos por nosotros mismos, investigar, contrastar (el saber es poder y tranquiliza); reafirmar y cuidar nuestras amistades, parejas, familia (los vínculos son factores de protección); fortalecer todo aquello que nos estabiliza (el trabajo en algunos casos, las actividades de ocio y deporte, etc); buscar espacios donde se pueda hablar libremente (aún los hay); luchar contra el silenciamiento de los que más están sufriendo las consecuencias de estas políticas (el silencio agranda el trauma).

En definitiva, cada persona, responsablemente, tiene que encontrar su camino, luchar ya es una manera de dar sentido a lo que nos sucede. Y el sentido es otro factor de protección. Un abrazo a todos.

(1) https://www.amnesty.org/download/Documents/204000/act400011975eng.pdf?fbclid=IwAR0SnOGL7R41U3PMmv_KLWyjsVskiAgd6MJJUCMH5Vlb6sRfbN-Cf8ikPYo

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PedroHoyos

PedroHoyos administrator

Graduado en Psicología por la Universidad Nacional de Educación a Distancia; Maestría en Psicoterapia Psicoanalítica por la Universidad Complutense de Madrid. Formación en Psicopatología Clínica e Intervención Comunitaria por la Asociación Española de Neuropsiquiatría. Escribo en varios medios digitales sobre psicología, cine y sociedad. Para saber más visite la sección "Sobre mí" en el menú principal, suscríbase en "Para suscribirse" del mismo menú, o sígame en redes sociales.

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