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PorPedroHoyos

Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock. Análisis psicoanalítico (video y película online)

Vértigo (1958), de Alfred Hitchcock, considerada como una de las mejores películas de la historia del cine, es también una de las más enigmáticas. La historia da comienzo con un hecho traumático. El detective Scottie (James Stewart), persigue a un presunto criminal por los tejados de San Francisco, al saltar a otro edificio queda colgado de la cornisa. Su compañero trata de ayudarlo pero cae en el intento. Su compañero muere y Scottie sobrevive, pero traumatizado, desarrolla una acrofobia con un intenso vértigo. La sombra que cae al vacío de una espiral, el cartel de la película, nos abre a lo enigmático del inconsciente.

Ver video (duración: 8 minutos)

Para ver la película online.

PorPedroHoyos

Solaris (1972), de Tarkovski. El ser humano ante el cosmos (análisis y película online)

Pocas películas tienen tal poder hipnótico y de fascinación ante el misterio como Solaris.

Allí donde Interstellar (2014), de Christopher Nolan, hace el ridículo, porque coloca a la ciencia en el lugar de Dios, clásicos como 2001 o Solaris recuperan las grandes preguntas del ser humano ante el cosmos. Tal como decía la hermana del director, Andréi resolvía problemas morales en sus películas.

Les invito a que lean mi artículo sobre este filme de culto, con un análisis psicológico, en El Cine en la Sombra.

Pueden ver la película completa, con excelente calidad y subtitulada, en el canal de la propia productora, que la disfruten:

Parte 1

Parte 2

Para ver online más películas de Tarkovski pinchen aquí.

PorPedroHoyos

En defensa de la NEGATIVIDAD (vídeo)

Pueden ver el vídeo aquí (12 minutos), o leer la entrada.

Lo negativo nos indica que algo va mal, ya sea en un individuo, en una sociedad o en una familia. Somos una sociedad que no admite lo negativo, que pretende vivir en la demanda de que todo sea positivo. Veamos el sufrimiento psíquico que esta actitud genera.

Lo negativo se manifiesta en crisis. La palabra crisis viene del griego “Krinein”, que significa “separar” o “decidir”. De aquí se deriva el termino “crítica”, que significa análisis, y “criterio”, razonamiento. La crisis es algo que se rompe, una irrupción violenta de la negatividad que había sido desatendida y que obliga a pensar, a analizar.

En un sistema económico sostenido por ideologías que niegan las contradicciones y los límites, la crisis es inevitable. Los límites y contradicciones representan lo negativo, pero para que una empresa supranacional no entre en crisis, por el colapso de la demanda o la sobreproducción, necesita un crecimiento ilimitado. ¿Cómo pretende obtenerlo? Abarcando más nichos de mercado, absorbiendo otras empresas, conquistando otros mercados (a veces mediante la guerra), abaratando costes, generando explotación humana.

Sólo una negación enorme puede negar lo negativo, por más que lo negativo esté ahí, y sea real. Se necesitan fuertes estructuras ideológicas y múltiples altavoces propagandísticos para mantener la ideología.

Lo negativo, decía René Lourau, pone en marcha un analizador que revela la estructura de las instituciones, el inconsciente social que permanecía oculto.

  1. El amor como negatividad

Dice Byung-Chul Hang en su libro La agonía del Eros:

“El amor se positiva hoy para convertirse en una fórmula de disfrute. De ahí que deba engendrar ante todo sentimientos agradables. No es una acción, ni una narración, ni un drama, sino una emoción y excitación sin consecuencias. Está libre de la negatividad de la herida, del asalto o de la caída. Caer (en el amor) sería ya demasiado negativo. Pero, precisamente, esta negatividad constituye el amor: <<El amor no es una posibilidad, no se debe a nuestra iniciativa, es sin razón, nos invade y nos hiere>>. La sociedad del rendimiento, dominada por el poder, en la que todo es posible, todo es iniciativa y proyecto, no tiene ningún acceso al amor como herida y pasión”.

En una línea parecida decía Erich Fromm en El arte de amar, sobre el amor en el capitalismo:

“Dos personas se enamoran cuando sienten que han encontrado el mejor objeto disponible en el mercado, dentro de los límites impuestos por sus propios valores de intercambio”.

Pero enamorarse no es lo mismo que amar, el enamoramiento es fusión e idealización, para amar necesitas reconocer al otro, con sus virtudes y defectos, no como objeto, sino como sujeto, y el reconocimiento de esa alteridad implica un reconocimiento de lo negativo.

Hoy cada día más, se tratan de borrar las diferencias sexuales, sin darnos cuenta de que el hombre y la mujer se atraen, precisamente, porque son diferentes y complementarios. Es deseable una igualdad de oportunidades, pero NO ser iguales.

  1. El consumo como negación de la falta, aniquila el deseo

El consumo masivo, además, en un intento de tapar la falta, nuestras carencias, lo negativo, en un atiborramiento de consumo positivo, sea del tipo que sea, no deja espacio para desear. Por lo tanto deviene en apatía y caída de la líbido.

Si el objeto falla, no se repara, se tira y se compra otro.

  1. Libros de autoayuda

Los libros de autoayuda, en su vertiente más ideológica, convierten el pensamiento positivo en pura metafísica. Por ejemplo, el psicólogo Wayne Dyer, uno de los autores de más ventas, llega a afirmar pensamientos como el siguiente: “Una vez que creas en ti mismo y ves tu alma divina y preciosa, automáticamente te convertirás en un ser que puede crear milagros”. Muchos de estos libros están repletos de frases en las que se insinúa que puedes cambiar tu realidad meramente cambiando tu pensamiento, como si tuvieses superpoderes. Además, se transmite un individualismo muy dañino, forma parte ya de la ideología de todos que para amar a otro debes amarte a ti mismo antes. Esto tiene importantes matices, ¿cómo vamos a amarnos si nadie nos ha amado antes, o si estamos dañados para poder recibir amor? Una vez el ser humano ha superado la etapa del narcisismo primario se nutre del amor que da a los demás y recibe de los demás. No existe individuo sin los demás. Decía Viktor Korman que lo psíquico es lo social subjetivado. Nuestra identidad se construye a base de identificaciones con los demás.

  1. Mamá, dime NO

El ser humano comienza a estructurarse psíquicamente con la negación, en el momento en que la persona que hace de figura materna dice NO al niño. Gracias a la irrupción de lo negativo el niño podrá ir conociendo los límites a sus demandas. Esto le permitirá generar recursos psíquicos para tolerar la frustración y la progresiva separación de la figura materna (ganancia de autonomía). Si este proceso, por no poder aceptar lo negativo, no se diera suficientemente, podría generar una falla, que más adelante degeneraría en el llamado Trastorno por déficit de atención (con o sin hiperactividad), popularmente conocido como TDAH. Sin lo negativo no hay individuación. Si no se llega a ser sujeto, los demás serán objetos para llenar nuestro narcisismo.

Esta escasa tolerancia a la frustración, esta no aceptación de lo negativo, de la pérdida de la omnipotencia infantil, ¿no puede estar en la base de la cultura del éxito sin esfuerzo, de la cultura de “lo quiero bueno, bonito, barato, breve y ahora”?.

  1. La presión por ser positivos

Decía Pessoa que un optimista es un tonto simpático y un pesimista un tonto antipático. ¿Exceso de positividad el primero y exceso de negatividad el segundo? Mejor sería tratar de ser realistas. No son pocas las empresas que fracasan, porque por un exceso de positividad, no se vieron las amenazas que las hacían zozobrar.

A muchas personas les va bien un poco de pensamiento positivo, por ejemplo decirse a sí mismo que todo va a ir bien, en un momento bajo. Pero ¿qué ocurre, si en este clima de negación de lo negativo, una persona fracasa una y otra vez tratando de ser positivo? Lo que suele ocurrir es que la persona se culpa a sí misma. Al no permitir la entrada de lo negativo no se dispara el analizador, la persona puede entrar en círculos viciosos peligrosísimos.

La presión por lo positivo, por ser feliz, por tener éxito, puede llevar a muchas personas con dificultades para aceptar lo negativo, a la parálisis. El fracaso sería un golpe demasiado duro para su amor propio.

La negación de nuestra falta, de nuestras carencias, nos hace esclavos de los mensajes de un mundo cada vez más artificial. El sistema de propaganda y la publicidad están orientados a infantilizarnos, a negar esta falta constitutiva del ser humano, nos venden ilusiones de completud, de omnipotencia, de éxito sobre los demás, de elitismo. Negamos hasta la vejez, con liposucciones o liftings, vivimos como si la muerte no existiera, y nos hacemos esclavos también de ella. Y cuanto más vulnerables nos hacen más nos atrapan por estos goces secundarios, sustitutivos del deseo, de la libertad personal.

  1. La negatividad de la diferencia sexual anatómica

El niño comienza su proceso fundante, el complejo de Edipo, con el trabajo de reconocer la diferencia sexual anatómica. El reconocimiento rompe su ilusión de completud. Las políticas que promueven la androginia, la no diferenciación, que todos seamos iguales o pensemos igual, ponen en riesgo los procesos estructurantes del niño. Sin la negatividad de lo diferente no puede haber individuación. Caídas las grandes doctrinas universales, caída la estabilidad familiar, la persona se verá abocada a una precaria búsqueda de falsas identidades en los grupos políticos identitarios.  En la masa desaparecerá como individuo, será dependiente de la identidad del grupo, una identidad paranoica basada en un enemigo común.

Para la dialéctica hegeliana la negatividad era el límite que permitía diferenciar al ser y darle sentido. El análisis racional sólo puede darse mediante una negatividad. La clase explotada, el trabajo excesivo, las guerras, la pobreza, son la negatividad, la contradicción que permite la racionalidad. Sin la irrupción de lo negativo no puede haber cambios, ni revoluciones, sino estancamiento o retroceso.

  1. La soberbia cientificista

Una sociedad que pretende negar los límites con la ciencia es una sociedad en la que el ser humano está desconociéndose a sí mismo, olvidando los clásicos. Recordemos a Ícaro, cuando con sus alas se elevó tan alto que los rayos del sol las derritieron, recordemos a Sísifo.

  1. Victimismo

Sin la irrupción de lo negativo no habría aprendizaje. El victimismo sustituye la responsabilidad, las identidades son débiles y nos aferramos a sectas, haciendo rígido nuestro pensamiento y severo nuestro juicio. Se persigue la disidencia, se reduce la libertad de expresión.

  1. ¿Cómo podríamos saber…?

¿Cómo podríamos saber que estamos rotos, si no sintiéramos angustia? ¿Cómo podríamos saber que amamos, si no se nos encogiera el corazón ante el ser amado? ¿Cómo podríamos saber del llanto y del socorro, si taponásemos nuestros oídos y nuestra humanidad? ¿Cómo podríamos saber que estamos perdidos, si no se nos dejase andar?.

Fuentes

El análisis institucional (1970). René Lourau. Amorrortu.

La agonía del Eros. Byung-Chul Hang

El arte de amar. Erich Fromm

http://etimologias.dechile.net/?crisis

PorPedroHoyos

Los que fracasan al triunfar. El caso de Franz Kafka

Ver vídeo aquí 

(Tiempo de visionado: 9 minutos)

Es fácil entender la inhibición que le puede sobrevenir a una persona como consecuencia de una serie de fracasos continuos, pero más difícil parece dilucidar qué le ocurre a una persona cuando se boicotea a sí misma para no ver cumplido un deseo de éxito; o que enferma, de alguna manera, cuando el éxito se consuma.

Freud, en su texto Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico, nos explica que cuando la frustración exterior cede al cumplimiento del deseo surge una frustración interior, un conflicto con los poderes de la conciencia moral impiden disfrutar del éxito. En otras palabras, un conflicto inconsciente nos genera culpa. Estas fuerzas de la conciencia moral se entraman íntimamente con el complejo de Edipo, como quizás lo hace nuestra conciencia de culpa en general.

Pero para profundizar un poco vamos a conocer el caso real del célebre escritor Franz Kafka

Franz Kafka, nacido en Praga en 1883, escribió obras como El proceso o La metamorfosis, que supusieron un enorme impacto en la literatura universal. Un aspecto fundamental que marcó su vida y su escritura fue la relación que tuvo con su padre. En noviembre de 1919 Kafka escribe una carta a su padre, publicada póstumamente en 1952 con el título Carta al padre.

Carta al padre

En este texto Kafka, con una valentía, lucidez y sinceridad excepcionales, relata el carácter maltratador que su padre tuvo con él desde la infancia, y las consecuencias psíquicas que le dejó esta relación. Escribe Kafka:

“Tú estabas dotado para mí de eso tan enigmático que poseen los tiranos, cuyo derecho está basado en la propia persona, no en el pensamiento…

Yo estaba bajo tu enorme peso, en todo mi pensar, incluido el que no coincidía con el tuyo, y sobre todo en ése. Todos esos pensamientos aparentemente autónomos estaban hipotecados desde un principio por tu juicio desfavorable; soportar eso hasta la realización completa y duradera del pensamiento era casi imposible. No hablo aquí de ningún pensamiento elevado sino de cualquier pequeña empresa de la infancia. Sólo hacía falta ser feliz por cualquier cosa, estar encantado con ella, llegar a casa y decirlo, y la respuesta era un suspiro irónico, un sacudir la cabeza, un tamborileo sobre la mesa…

Esos desengaños del niño no eran desengaños de la vida corriente sino que, por tratarse de tu persona, medida de todas las cosas, llegaban hasta la médula. El coraje, la decisión, el optimismo, la alegría por esto o por aquello no se mantenían hasta el final cuando tú estabas en contra o incluso cuando uno sólo suponía que tú estabas en contra; y eso se podía suponer en casi todo lo que yo hacía”.

Este padre no adopta un papel de autoridad, sino un papel autoritario. El padre, el espejo idealizado donde todo niño construye su identidad y sus sentimientos de sí mismo, lo encuentra Kafka convertido en un tirano que le devuelve gestos burlones y desprecio. El niño necesita su aprobación pero nada de lo que hace le sirve, el conflicto fundamental que persiste en el Kafka adulto es expresado por el propio autor de la siguiente manera:

“Vivía bajo unas leyes que sólo habían sido inventadas para mí y que además, sin saber por qué, nunca podía cumplir del todo…

Yo vivía en perpetua ignominia: o bien obedecía tus órdenes, y eso era ignominia, pues tales órdenes sólo tenían vigencia para mí; o me rebelaba, y también era ignominia, pues cómo podía yo rebelarme contra ti; o bien no podía obedecer, por no tener, por ejemplo, tu fuerza, ni tu apetito ni tu habilidad, y tú sin embargo me lo pedías como lo más natural; ésa era, por supuesto, la mayor ignominia. De este género eran, no las reflexiones, sino los sentimientos de aquel niño”.

Kafka ha recibido un llenado narcisista tan insuficiente que se aferra a la identificación paterna, quedando atrapado en un conflicto donde haga lo que haga sentirá el duro juicio de su conciencia moral. Una conciencia moral muy primitiva y precariamente construida, y por tanto cruel en extremo. Las consecuencias son explicadas también por el propio autor:

“Cuando yo empezaba a hacer algo que no te gustaba y tú me amenazabas con el fracaso, mi respeto a tu opinión era tan grande que ese fracaso, aunque tal vez viniese más tarde, ya era inevitable. Perdí la confianza en lo que hacía. Era inseguro, dubitativo. Cuantos más años iba teniendo, tanto mayor era el material que tú podías presentarme como prueba de mi nulidad; poco a poco empezaste a tener realmente razón, en cierto sentido”.

En varias ocasiones insiste en que no puede liberarse de su padre. El autor sólo puede canalizar este conflicto nuclear, aparentemente irresoluble, desarrollando una neurosis obsesiva que se manifiesta, sobre todo, en una enorme inhibición de su vida pulsional, en una evasión de la vida y sus grandes decisiones. Tanto es así, que Kafka podría haber obtenido éxito con su literatura y con su futuro matrimonio, pero abortó ambos proyectos, no se casó y apenas quiso publicar en vida, poco antes de morir pidió que se destruyera su obra.

“La opinión que tenía de mí dependía de ti mucho más que de ninguna otra cosa, de un éxito exterior por ejemplo. Eso era un estímulo que duraba un instante, y fuera de eso, nada; pero en el otro lado, tu peso empujaba cada vez con más fuerza hacia abajo”.

Finalmente aborta su proyecto de matrimonio:

“El matrimonio es, sin duda, garantía de la más radical autoliberación e independencia. Yo tendría una familia, lo máximo que se puede alcanzar según mi opinión, o sea, también lo máximo que has alcanzado tú, yo sería igual a ti, toda la antigua y perpetuamente nueva ignominia y tiranía habrían pasado a la historia. Eso sería en efecto maravilloso, pero ahí está también el problema. Es demasiado, tanto no se puede alcanzar…

Para llegar a eso habría que invalidar todo lo sucedido, o sea, tendríamos que eliminarnos a nosotros mismos”.

“Tengo que renunciar”.

“Tengo que elegir la nada”.

La carta nunca fue entregada a su padre. La culpa pareció perseguir a Kafka toda su vida. Josef K., el personaje protagonista de El proceso, amanece un día con dos funcionarios de justicia al pie de su cama anunciándole que ha sido acusado en un proceso judicial. El señor K. es culpable de algo y no sabe de qué, a partir de ahí comenzará un proceso truculento donde nada parece tener sentido, donde haga lo que haga es inútil. ¿Hasta qué punto la vida de Franz Kafka se asemejó a esta pesadilla?.

Con un sufrimiento como el de Kafka, la terapia cognitivo-conductual, en teoría, chocaría frontalmente, pues el propio autor ha llegado él solito a la expresión de la creencia nuclear distorsionada de su neurosis, y sin embargo la neurosis persiste. Expresar el conflicto no supone resolverlo, Kafka habría necesitado atravesar sus fantasmas de completud, conectar con las emociones desplazadas, en especial el odio y la agresividad volcada sobre sí mismo, habría necesitado jugar su relación fantasmática con su padre en la seguridad de una relación honesta. Recordar para dejar de repetir, conectar con su agresividad para liberarla.

No pudo ser pero creo que sin duda Kafka es un buen ejemplo de los que fracasan al triunfar.

Fuentes

Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico. Sigmund Freud. Obras Completas Editorial Amorrortu vol. 14. 1916.

Carta al padre. Franz Kafka.

PorPedroHoyos

Depresión. ¿Qué estamos haciendo mal?

Según la OMS el número de personas en el mundo con depresión o ansiedad aumentó en cerca de un 50% entre 1990 y 2013. Más recientemente, entre 2005 y 2015, los casos de depresión han aumentado un 18%. La depresión encabeza la lista de causas de enfermedad. ¿Qué esta pasando?

¿Realmente esta aumentando el número de personas deprimidas?

Es posible que el número de diagnósticos haya crecido debido a la progresiva laxitud de los criterios diagnósticos.

En la tercera edición del Manual de Diagnósticos Psiquiátricos (DSM-III), del año 1980, el diagnóstico de depresión quedaba excluido si la persona padecía síntomas depresivos a consecuencia de un duelo. Este criterio se modificó arbitrariamente en la cuarta edición del manual, publicado en 1994, en este momento se considera depresión si los síntomas acaecidos por un duelo persisten más de dos meses. Es decir, si por ejemplo tu pareja ha fallecido y tu estado de ánimo depresivo dura más de dos meses, técnicamente tienes un trastorno depresivo mayor. Esto, que a todas luces es un disparate, no terminó aquí, pues en la última y más reciente edición del manual, la número V, ya no existe el criterio eximente por duelo. Es decir, que estar decaído por la muerte de una persona querida, no se considera normal y natural, sino un trastorno psicopatológico. Puedes ser diagnosticado solamente con padecer síntomas depresivos durante dos semanas.

¿Qué es una depresión?

Si la tristeza y el llanto dura largo tiempo, tal estado es melancólico” (aforismo 23 del libro VI de los aforismos de Hipócrates (460-370 a.C)).

Desde tiempos de Hipócrates lo que hoy conocemos por depresión se nombraba como melancolía.

Decía Freud en el Manuscrito G:

“El afecto correspondiente a la melancolía es el del duelo […]; es decir, el anhelo de algo perdido”

Ese algo perdido puede ser una persona, un pilar que te sostenía, una posibilidad de satisfacción del deseo, etc. Pueden ser personas, objetos externos o internos.

  • La depresión puede venir como un duelo del deseo, no hay posibilidad de satisfacción, lo que la persona ha perdido es insustituible. No deseamos, no obtenemos placer, nos inhibimos.
  • La depresión puede venir por un conflicto inconsciente con el deseo. El deseo está prohibido por tu sistema moral.
  • La depresión puede venir por un sentimiento de culpa abrumador y una necesidad de castigo.

En todos los casos la depresión esta relacionada con una pérdida que no puede, o que no pudo, tramitarse.

Al no poder tramitarse seguimos sintomáticamente adheridos a esa pérdida que no soltamos. Sólo cuando podemos soltar es cuando la pérdida se convierte en falta, y la falta nos impele a volver a desear.  “Toda la actividad humana está motivada por el deseo o el impulso”, decía el filósofo Bertrand Russell.

Por tanto, el deseo se renueva si el duelo se procesa adecuadamente, tenemos que permitirnos estar tristes un tiempo, recogernos en nosotros mismos. Decía Flaubert que la melancolía es un recuerdo que se ignora. Una falta remite a otra y a otra y a otra, llegando así a la falta original, la pérdida del paraíso maternal. La vida es un camino donde hay ganancias y pérdidas, perdemos personas y cosas que amamos.

¿Qué ocurre si no podemos perder?

“La sombra del objeto cae sobre el yo”

Freud

Según Duelo y Melancolía, de Sigmund Freud, un duelo puede problematizarse y convertirse en depresión. Supongamos una persona que desde pequeño ha recibido poco amor, si forma una pareja es posible que sus sentimientos de sí mismo necesiten demasiado del amor de su pareja. Si es dejado se sentirá abandonado, no puede destruir la identificación con su pareja, la natural agresividad que le despierta el rechazo puede dirigirse contra sí mismo. Decía Freud que es como si una sombra cayera sobre el yo.

La persona no puede tramitar la pérdida en falta. El sufrimiento será   inmenso, los sentimientos de sí mismo se verán atacados. Menosprecio, inferioridad, sentimientos de fracaso, incapacidad para sentir placer, inhibición en las actividades diarias, tristeza, vacío, incluso sentimientos de suicidio, pueden darse en grado sumo.

¿Qué estamos haciendo mal?

Lo primero que habría que decir en este punto es el problema de la sobremedicación y la falta de tratamientos adecuados. Según la OMS el 50% de las personas con depresión no reciben tratamiento. Pero aunque lo reciban, puede que no sea el adecuado. En depresiones exógenas, originadas por conflictos inconscientes, la medicación no surtirá ningún efecto beneficioso, pero sí puede crear dependencia.

¿Es útil referirnos a la depresión como una enfermedad?

¿Estaba Hamlet, el célebre personaje de la obra homónima de Shakespeare, deprimido? ¿Le habría servido de algo tomar medicación y salir más a hacer deporte? Más bien parece que estaba atrapado en una conflictiva edípica muy compleja.

Cada caso es único, en ocasiones la persona acude a consulta tan angustiada que recibir una etiqueta diagnóstica puede calmarle lo suficiente y prepararle para iniciar un tratamiento. Pero con frecuencia referirnos a la melancolía como una enfermedad -la depresión-, despersonaliza y elimina la subjetividad. Con frecuencia la persona acude a consulta pidiendo una cura para su depresión. La persona no se responsabiliza de su dolor, al cual no le dota de sentido subjetivo, sino que pide ser curado pasivamente. Esto en no pocas ocasiones cronifica el problema.

Es necesario permitir la tristeza para no deprimirnos

Por paradójico que parezca, es necesario permitir la tristeza para no deprimirnos. En nuestra sociedad actual parece haber una tendencia a negar esta falta originaria del ser humano, esta falta que permite aceptar la pérdida. La publicidad y el sistema de propaganda nos vende una ideología que, ilusoriamente, pretende sostener nuestros deseos de omnipotencia. Miles de productos y distracciones para negar el dolor de la pérdida. No se permite estar triste. Si no hacemos un duelo que permita renovar el deseo nos entregamos al consumismo o las adicciones. El poeta Baudelaire hablaba del spleen de París, una especie de sentimiento de hastío, un vacío que, tanto más se horada cuánto más negamos la pérdida con el consumo.

Epílogo

 En síntesis, no sabemos si la depresión aumenta en el mundo, pues los criterios diagnósticos están viciados, un duelo antaño normal, ahora supone medicación. La depresión tiene que ver con la pérdida y el duelo por esa pérdida, si este se problematiza podemos entrar en bucles de sufrimiento muy peligrosos. La sociedad española esta sobremedicada pudiendo generar relaciones de dependencia con la medicación y cronicidad del trastorno.

Hablando de melancolía recuperamos la subjetividad de los dolores humanos. Se ha identificado a Saturno como el dios de la melancolía, de la agricultura y las cosechas, que también necesitan su período de duelo. Para los griegos Saturno era el titán Cronos. Cronos lo tenía todo, copulaba con su hermana Rea y devoraba a todos sus hijos. No tenía falta, todo lo devoraba; pero tampoco permitía que algo creciera y le destronase de su omnipotencia. Quizás como sociedad empezamos a parecernos a Cronos, quizás necesitemos a un Zeus, que protegido por Rea y criado por Gea, la Madre Tierra, haga regurgitar a Cronos todo lo que ha devorado, para que desalojando todo el dolor que evitábamos sentir, aceptemos la falta, recuperemos el deseo y la capacidad de amar.

Fuentes

http://www.who.int/es/news-room/detail/13-04-2016-investing-in-treatment-for-depression-and-anxiety-leads-to-fourfold-return

http://www.rtve.es/noticias/20170407/depresion-sigue-aumento-encabeza-lista-causas-enfermedad/1519429.shtml

DSM III.

http://displus.sk/DSM/subory/dsm3.pdf

DSM IV.

http://www.psygnos.net/biblioteca//DSM/Dsm.htm

DSM V.

www.psicoaragon.es/wp-content/uploads/2017/06/DSM-5.pdf

Duelo y Melancolía. Sigmund Freud.

https://psicovalero.files.wordpress.com/2014/11/sigmund-freud-duelo-y-melancolc3ada-1915-1917-t14.pdf

Manuscrito G. Sigmund Freud.

http://psicopsi.com/Manuscrito_G_Melancolia_sin_fecha_7_de_enero_de_1895.asp

Libro VI de los aforismos de Hipócrates.

Imagen

Subway (1950). George Tooker.

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