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PorPedroHoyos

Psicología de masas en el siglo XXI

INTRODUCCIÓN

El sistema de producción, por su propia lógica de crecimiento, va llenando con productos todos los huecos que angustian al ser humano. ¿Te angustia envejecer? Te ofrecemos cirugía. ¿Te angustia no tener éxito social? Te ofrecemos un coche. ¿Te angustia no pertenecer? Te ofrecemos diferentes ideologías identitarias. Y si no te angustias, te intentamos angustiar. ¿Cómo? Instaurando un Ideal inalcanzable, obligándote a ser feliz.

La caída de las grandes doctrinas universales ha dado paso al auge de ideologías sectarias.

“Las ideologías son sistemas de conceptos e ideas socializadas y vinculadas a los intereses gremiales y particulares de un grupo concreto. Hay que entender entonces que todo discurso ideológico se fundamenta en el uso de una racionalidad acrítica y adulterada, y que por configurarse en oposición a otros grupos sociales suele tener como finalidad el escarnecimiento público del contrario y su destrucción” (Hernández, 2018).

La ideología es un discurso que sostiene el síntoma (entendiendo por síntoma aquel efecto visible que remite a una posición inconsciente) y cierra la pregunta que abre todos los interrogantes angustiosos, la pregunta por la responsabilidad personal: ¿qué me pasa y qué puedo hacer con lo que me pasa?

“La identidad en el contexto de la posmodernidad es la retórica del gremio… La identidad es el síntoma que singulariza a un gremio, y lo singulariza bien para enfrentarlo contra individuos que no forman parte de él, o que incluso se le oponen, bien contra Estados…

Los gremios posmodernos así configurados son insolidarios por naturaleza y a-estatales por necesidad… Son insolidarios, y por lo tanto incompatibles con una izquierda marxista, porque rechazan a los individuos que disienten de los fundamentos del gremio… Sólo una izquierda indefinida puede ser soluble en un gremio insolidario; y son a-estatales porque consideran al Estado [político] su principal enemigo… [El Estado] regula y normaliza la vida pública mediante el establecimiento de leyes que, al menos teóricamente, son iguales para todos, leyes que por lo tanto clausuran cualquier pretensión foral o diferente, de la que el gremio pretenda apropiarse…

[El gremio es] el analgésico del que disponen sus miembros frente a una sociedad política que les disgusta o incomoda, y fuera de la cual el gremio es por completo imposible… No hay gremios sin Estado… El gremio es sin duda el mejor sucedáneo de la sociedad. El individuo se siente allí dentro psicológicamente protegido a cambio de entregar su libertad, su personalidad y su persona, a las disposiciones y estructuras del grupo. El gremio es siempre un refugio para quienes profesan un fundamentalismo, una excentricidad, una anomia, una diferencia que ninguna sociedad tolera a menos que el gremio se imponga en el seno mismo de esa sociedad… Así se explica el poder de las minorías en el seno de la posmodernidad…

La única identidad de la que dispone el gremio es la identidad formal, retórica, sofística… Esa es la materialidad de la identidad posmoderna, un puro formalismo. Los miembros del gremio disfrutan de cuanto les ofrece el Estado…, pero simultáneamente se enfrentan al Estado y pretenden sentirse diferentes de los individuos no alineados, o no alienados, en su gremio. De este modo la identidad se convierte en una cuestión de sentimientos. Así uno puede sentirse Napoleón sin dejar de ser funcionario del Estado”. (Maestro, 2018).

En la sociedad política capitalista han persistido gremios, o lobbies de presión, que han empujado contra la autoridad para aflojar, derribar, o controlar instituciones que ponían límites a su ganancia, explotación o dominio. Por eso a veces se ha considerado que estas fuerzas de empuje han sido revolucionarias, y en otras ocasiones reaccionarias, según el contexto histórico, o según el juicio de quien las tuviera en cuenta.

Vamos a tratar de desentrañar hacia donde se dirige en el momento actual esta presión, y qué resultados está obteniendo.

 

LA CAÍDA DEL NOMBRE DEL PADRE

En psicoanálisis, por caída del Nombre del Padre (NP) entendemos el ocaso de la autoridad simbólica del padre (o de la figura, masculina o femenina, que hiciese las veces del mismo), en la familia.

Hay una crisis de autoridad en las familias y el padre no sabe, o no puede, ocupar su rol de autoridad y de Ideal que orienta, está tan perdido como sus hijos.

“En una época de declive del Otro simbólico, de naufragio del Ideal, de su encenagamiento sin retorno, el goce mortífero no parece encontrar ya diques simbólicos adecuados”. (Recalcati, 2014: 29). El goce entendido aquí como una satisfacción pulsional sintomática, sin límites, y por tanto, destructiva.

“El goce como fin en sí mismo es una forma radical del espíritu más reaccionario. Es mucho más transgresivo jurar amor eterno que pasar de un cuerpo a otro sin vínculo amoroso alguno. Es mucho más transgresiva la experiencia de la fidelidad a lo Mismo que el culto aleatorio a lo Nuevo. Es mucho más transgresiva la aparición del sentido del pudor que su extinción” (Recalcati 2014: 29).

¿Qué significa aceptar la Ley del NP?

“La Ley de la palabra introduce un intercambio que está en la base de todo posible pacto social: la renuncia al goce de todo, a quererlo todo, a serlo todo, a disfrutar de todo, a saberlo todo, hace posible la obtención de un Nombre, volverme humano, la inscripción en el cuerpo de la comunidad a la que pertenezco”. (Recalcati, 2014: 33). Me viene a la memoria uno de los lemas del Movimiento 15-M, que pudimos ver en pancartas: “Nos habéis quitado demasiado, ahora lo queremos TODO y lo queremos YA”.

Como he dicho en la Introducción, la ideología sostiene el síntoma, y en este sentido, el mito capitalista del hombre hecho a sí mismo, sostiene la ilusión de omnipotencia infantil. El infante, en su momento de máxima dependencia hacia sus cuidadores, desarrolla la ilusión de que ejerce sobre su entorno, que aún no ha podido construir psíquicamente, un poder omnipotente. Sorprende que, desde determinadas ideologías, tanto de derechas como de izquierdas, que abogan por el fin del Estado, se crea en esta ilusión de omnipotencia y no se reconozcan los vínculos dependientes que tenemos con nuestras personas significativas, o con la sociedad en general. Pero lo que se niega es, con frecuencia, lo que a uno le domina.

Sin la filiación a esta Ley simbólica, tejida de amor y límites, no podemos contactar con nuestra propia necesidad y carencia; y, por tanto, tampoco con nuestro deseo. Esta vulnerabilidad, al no estar delimitada por lo simbólico, que construye una falta en donde había un vacío, se vive de forma intolerable. La falta simbólica permite encauzar nuestro deseo. En nuestra sociedad “los objetos de consumo han tomado el lugar del signo del amor del Otro” (Wechsler, 2008: 119). Entre estos objetos de consumo encontramos también los movimientos sociales, que vienen a intentar suplir esta falta de referentes y de protección.

Recalcati nos pone el ejemplo de un padre con una hija anoréxica. El padre colma ilimitadamente de objetos a esta hija, pero sólo puede llegar hasta ella cuando él también ofrece su carencia, señal de amor que ella sí pudo recibir. El padre no sabe cuál es el sentido del mundo, lo que es justo o injusto, pero su capacidad para aceptar la Ley de la palabra, el signo del amor y del límite, da un sentido a la vida y una sensación de pertenencia.

“Todos hemos sido gritos que se pierden en la noche. Pero ¿qué es un grito? En el ámbito humano, expresa la exigencia de la vida de entrar en el orden del sentido, expresa la vida como llamada dirigida hacia el Otro. El grito busca en la soledad de la noche una respuesta en el Otro… La vida sólo puede entrar en el orden del sentido si el grito es aceptado por el Otro, por su presencia y por su capacidad de escucha” (Recalcati 2014: 41).

Sólo puede heredar quien ha pasado por el corte, por la experiencia de la pérdida, perder para poder ganar. Es un desgarro hacia adelante, que permite una reconquista (Recalcati, 2014).

Quien no ha pasado por esta experiencia de pérdida, es como un recipiente con agujeros, nada le llena, es como un adicto que siempre necesita mayor dosis, o un capitalista que necesita mayores ganancias. Demasiado, pero nunca suficiente. Las experiencias pseudo libertarias del posmodernismo, son experiencias reaccionarias donde se goza del síntoma, legitimado socialmente en la ideología, sin afrontar la angustia de la responsabilidad. Es una rebeldía contra todo orden o autoridad, porque no se ha podido asumir ninguna herencia. Más que transgredir una Ley, a la que nunca se han filiado, parecen querer inconscientemente convocarla porque están perdidos sin ella. Una generación a la que echamos la culpa por haberla abandonado.

Encontramos ya la ideología que legitima el síntoma en obras como El Anti-Edipo (1972), de Gilles Deleuze y Félix Guattari. Estos autores reprochan al psicoanálisis estar al servicio del poder.

“Para Deleuze y Guattari la palabra sujeto, al igual que la palabra responsabilidad, es, en efecto, digna de proscripción, al igual que, de hecho, las de Ley, castración, carencia, Nombre del Padre. El hijo-Anti-Edipo elogia en sentido único la fuerza acéfala del instinto, lo que provoca, sin embargo, que resbale fatalmente hacia una perspectiva de naturalización vitalista (y algo fascista) de la condición humana” (Recalcati, 2014: 113-114).

No debe sorprender que a un adolescente le seduzca la rebeldía desprovista de Ley, máxime si son estas ideologías las que más fácilmente llegan a sus sentidos. Wilhelm Reich llegó a decir que “no hay un solo hombre vivo que en su estructura no lleve los elementos del sentir y pensar fascistas (..) El fascismo es una amalgama entre emociones rebeldes e ideas sociales reaccionarias (..) La rebeldía fascista se origina siempre allí donde una emoción revolucionaria es convertida en ilusión por miedo a la verdad”. (Reich, 1980: 12-13).

Para transgredir hay que estar inscripto en la Ley, pero lo que vemos hoy día por doquier no es una rebeldía sana contra una norma que se considera injusta, sino un goce mortífero y destructivo, sostenido en ideologías perversas que, lejos de ser el sostén del Nombre del Padre, someten al sujeto en una anomia y en un paradigma que se asemeja a un mensaje de doble vínculo, altamente psicotizante. Doble vínculo porque afirman una cosa y la contraria, “somos demócratas pero nos saltamos las leyes democráticas”. No es rebeldía, por tanto, sino sumisión a un goce mortífero, destructivo, reaccionario.

Para Recalcati heredar es reconocer que mi palabra viene siempre de la palabra del Otro, asumir nuestra constitución como carente, el reconocimiento de nuestra dependencia constituyente, atribuir valor a la Ley de la palabra, se hereda la posibilidad del deseo, se hereda una pasión, un testimonio, un ejemplo.

Se pueden producir dos fracasos al heredar:

– Quedar sometido al pasado. Sería más propio de las ideologías de derecha.

– Quedar en una pseudo-libertad sin vínculos ni deudas simbólicas. Más propio de las izquierdas. (Recalcati, 2014).

La caída de las grandes doctrinas coloca a los padres precisamente en un lugar de máxima responsabilidad. Pero los padres están tan perdidos como los hijos, y dejan de servir como sostén, referente o pilar.

Hace poco tiempo leí el comentario de una mujer en una famosa red social, a propósito de la crianza de los menores, que decía: “No le ensenes, déjalo a su bola, un bebé marca su propia trayectoria, la que a él le gusta, basta de marcar caminos”. Una muestra de la ideología pretendidamente libertaria, pero liberticida en verdad, que se extiende hoy día en nuestra sociedad, de forma insidiosa e imparable.

 

EL PROBLEMA DE LA SEXUACIÓN

Remito en este punto a mi artículo titulado Niños transgénero ¿Quién sabe lo correcto?, publicado en La Razón Comunista, el 7 de noviembre de 2019, del cual extraigo a continuación un resumen, sin dejar de recomendar su lectura completa para una mejor comprensión.

Para Lacan, interpretado por Millot, el síntoma transexual guarda relación con una falta de Nombre del Padre (NP). En la teoría lacaniana el inconsciente está estructurado de forma similar a un lenguaje (Lacan 1987). Para significarse un significante, como en un diccionario, debe remitirse a otro significante. El significante fundamental que da orden a nuestra psique sería este NP, que a su vez metaforiza el deseo materno. Es la función paterna la que, como he dicho, ejerce esta función de corte, de límite, al deseo materno, permitiendo la sexuación, la separación psíquica y también física, del infante y su figura materna. El infante se pregunta sobre qué desea su madre, quiere ser el objeto de su deseo, pero cuando la madre empieza a mirar hacia otros lugares que no son él (hacia su marido, hacia su trabajo, hacia sus hobbies…), permite que dé comienzo esta función paterna que rompe, por decirlo así, el idilio.

Siguiendo a Millot, la falta de NP en el caso del varón puede tener un efecto de feminización. Niño y madre quedan en una relación dual dejando al primero sin desarrollar su sexuación.

A su vez, se observan casos en que hay una merma en las posibilidades identificatorias del varón al padre, una inconsistencia imaginaria de la virilidad. En esta falta de sexuación por carencia de NP, hay un sostenimiento imaginario de la masculinidad, tan frágil que, como en el caso Schreber (Freud 1911), podría dar lugar a experiencias delirantes de emasculación.

En casos de psicosis la identificación a La Mujer puede poner límites a esa falta de límites que experimenta el sujeto. El síntoma transexual podría funcionar, precisamente, como una suplencia de la psicosis dando estabilidad.

Las identificaciones de género no son suficientes para sexuarse, pero pueden facilitar o dificultar el proceso. Desde que las nuevas políticas de género se vienen aplicando ya tenemos algunas cifras y son alarmantes: según el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, entre 2010 y 2015 los casos de niños transgénero han aumentado un 1000% (Fuentes 2017).

Judith Butler, el referente mundial de la ideología queer, dice en su libro El género en disputa: “La posición feminista argumenta que el género debería ser derrocado, suprimido o convertido en algo ambiguo, precisamente porque siempre es un signo de subordinación de la mujer…”. (Butler, 2007: 15).

Para Butler el orden de género establece una jerarquía que, en sí misma, oprime a la mujer y a los individuos de géneros o conductas sexuales no normativas. Por tanto, su propuesta es eliminarlo.

La ONU ha llegado a afirmar que existen 112 géneros distintos (Nota 4). Este dato, que la propaganda vende como un aumento de la inclusividad o de la libertad de elección, es en verdad un indicativo de las dificultades de sexuación, y ante las dificultades sólo queda el recurso de sostenerse en identidades líquidas.

[Si] ojeamos las guías educativas de la UNESCO, en su Educación de la sexualidad y prevención de las ITS y el VIH/sida desde los enfoques de género, de derechos y sociocultural de 2011, encontramos una persistente obsesión en eliminar las posibles identificaciones de género, por ejemplo: “Tener en cuenta las características de algunos juguetes…, la no existencia de “juguetes sexuados”, puesto que la esencia está en el rol que el niño o la niña desarrolle con él, se juega con todos por igual” (p. 27) (Nota 7).

Pero si por un lado observamos una serie de directrices que podrían dificultar la sexuación, debido a la confusión de géneros que podrían generar, por otro lado observamos directrices que podrían sexualizar prematuramente a los menores, como la recomendación de juegos eróticos infantiles del Plan Skolae. Una sexualización prematura, cuando los niños aún no pueden comprender ni tienen recursos para afrontar la sexualidad, puede ser traumática. (Hoyos, 2019).

El síntoma transexual, entendiendo por síntoma aquello consciente que remite a una configuración inconsciente, puede darse en cualquier estructura psíquica, pero las formas que pueden generar más sufrimiento podrían tener que ver con una caída del NP, en su función de corte, de sexuación. La ideología, la legislación y los nuevos planes educativos, no respondiendo al conocimiento científico, podrían estar dificultando el proceso de maduración (sexuación), de los menores.

 

EL POLO DEPRESIVO Y EL POLO PARANOICO EN LA ESTRUCTURA DE LAS MASAS.

“Para desterrar la religión de nuestra civilización europea sería preciso sustituirla por otro sistema de doctrinas, y este sistema adoptaría desde un principio todos los caracteres psicológicos de la religión, la misma santidad, rigidez e intolerancia, e impondría al pensamiento, para su defensa, idénticas prohibiciones” (Freud, 1927: 188).

Así como el psiquismo del individuo se funda en la Ley, análogamente ocurre con las primeras civilizaciones. Si la Ley ha aplastado demasiado al individuo, los sentimientos hostiles y la culpa se dan de forma concomitante. Siguiendo la hipótesis freudiana en Tótem y Tabú, todas las religiones posteriores al totemismo son ensayos de solucionar el problema de la culpa, o de la ambivalencia de sentimientos hacia el complejo paterno (Freud, 1913). En ese sentido el cristianismo pareció encontrar una solución relativa al conflicto con el relato del sacrificio de Cristo y el sacramento de la eucaristía. O, al menos, puso fin a los sacrificios humanos que tenían como fin primordial expiar la culpa.

Para Freud la religión responde a una necesidad de protección paternal. Cumple, entre otras funciones psíquicas, la de espantar los terrores de la naturaleza, el Destino y la muerte, compensarle por las privaciones y las injusticias de la civilización, o del daño infligido por otros hombres (Freud, 1927: 155). La esencia de la religiosidad no está en la conciencia de la pequeñez e impotencia humanas, sino en la reacción que busca auxilio contra ella (Freud, 1927: 170). En este sentido el cientificismo pareciera haber tomado el relevo tras la caída de la religión, proveyendo de sentimientos de omnipotencia ante el Destino inexorable; pero va aún más allá, pues ha creado su propio apocalipsis, y su propio sistema para lavar pecados (Nota 1). El problema es que el cientificismo carece de la riqueza de representaciones, de la doctrina ética, de reminiscencias históricas transfiguradas, de símbolos, de mitos esclarecedores sobre el deseo, la condición humana y su conciencia de pequeñez con respecto al padre primordial, la naturaleza y el cosmos, de las religiones avanzadas. El cientificismo es enemigo de la ciencia, síntoma que inhibe la pulsión de saber, es el hijo prepotente sin filiación, como le sucede a Chris Kelvin, el personaje de la película Solaris, de Andrei Tarkovsky (Nota 2).

La falta de referentes, la anomia de la sociedad actual, las crecientes dificultades para estructurarse psíquicamente por la carencia de vínculos familiares sólidos, dejan al individuo en la inestabilidad de una identidad imaginaria, sin el forjado simbólico que conferiría estabilidad y capacidad de tolerar la diferencia. El capitalismo le ofrece aquí al individuo un amplio catálogo de ideologías para identificarse y sostenerse. Pero se trata de pseudo identidades que cubren la falta de maduración, en un entramado que no ofrece vínculos humanos fuertes (que sí podrían estabilizar), pues no tolera la alteridad, sino que permanece en el infierno de lo igual, sin posibilidad de tomar responsabilidad sobre uno mismo.

Para autores como J.M. Álvarez o F. Colina, una dimensión psíquica fundamental del ser humano oscila entre el polo paranoico y el polo depresivo (Álvarez y Colina, 2016). Desde el punto de vista ideal y patológico del concepto, el depresivo tiende a culparse por lo que sucede a su alrededor. Por el contrario, el paranoico se saca la culpa de encima, él es inocente y la maldad está en el otro. Ambos polos juegan un papel defensivo fundamental contra las angustias humanas más primitivas y también en la estructura psíquica de las masas.

El sentimiento de culpa tiene que ver con una instancia moral interiorizada. Llamamos superyó a la instancia psíquica que comprende dos estructuras: el ideal del yo, y un observatorio crítico. El superyó como identificación con la instancia parental, encarna la Ley y prohíbe su transgresión (Laplanche y Pontalis, 1996). Como nos indica Freud en El malestar en la cultura, la frustración exterior, como puede ser la producida por una crisis económica, el fracaso o la desgracia…, intensifica la severidad del juicio del superyó (Freud, 1930), como si nos retirase el amor. El resultado es un aumento del sentimiento de culpabilidad. La severidad del superyó, nos indica Freud, corresponde a nuestra propia agresión contra el objeto. En la clínica adolescente actual es habitual observar una agresividad exacerbada hacia los padres, que a veces se vuelca contra uno mismo.

Si hemos dicho que las ideologías ofrecen pseudo identidades, también ofrecen una canalización de la culpa. El individuo anómico atrapado en el polo depresivo, aplastado por la culpa, carente de deseo, de pasión, encuentra en el grupo un Ideal al cual se identifica. Los miembros del grupo se convierten paranoicamente en víctimas inocentes de un enemigo concreto, u opresión abstracta exterior, que les oprime. El Ideal del grupo ofrece satisfacción narcisista en la experiencia colectiva, sentimientos de superioridad moral con respecto a los miembros del exterior, que son despreciados, perseguidos, silenciados o difamados. Se castiga la disidencia y la libertad de opinión.

Pero ¿qué busca inconscientemente un grupo así conformado? Si un denominador común puede establecerse en este tipo de gremios es su rechazo a la Ley. Sienten una fascinación completamente idealista por formas de organización más primitivas que, vistas hoy, supondrían un profundo atraso.

“El sueño de toda forma de totalitarismo es encontrar la pureza de un Origen (la Raza, la Naturaleza, la Historia) que preceda a la Ley de la palabra” (Recalcati, 2014: 53).

 

EL INDIVIDUO DESAPARECE EN LA MASA

Según Freud, la formación colectiva atenúa la neurosis o la hace desaparecer. De entre estas formaciones, la ilusión religiosa sería la más enérgica protección frente a la neurosis. El neurótico se ve obligado a sustituir las formaciones colectivas por formaciones sintomáticas. (Freud, 1921: 79).

Para el individuo tomar conciencia de su posición material como explotado o peón en el engranaje capitalista, es una afrenta a su narcisismo. Como hemos venido diciendo, el psiquismo se funda en la Ley, pero esta Ley, necesaria para humanizarnos, nos convierte en neuróticos. El animal sacia sus instintos aquí y ahora, o cuando encuentra oportunidad; sin embargo, el animal humano debe reprimirse para que podamos convivir en sociedad. El problema es que esta represión genera síntomas. Es precisamente en el momento en que el individuo no consigue sostenerse en sus síntomas, cuando se genera angustia. En la clínica actual observamos las dificultades crecientes que tiene el sujeto para estructurarse psíquicamente, precisamente para conseguir hacer síntomas neuróticos que le confieran estabilidad. La hipótesis que planteo consiste en que, a una menor estructuración psíquica, en ausencia de vínculos de amor fuertes y estables, el sujeto se puede ver arrojado, en su indigencia psíquica, a buscar amparo en la masa. A este respecto nos puede servir de ilustración el testimonio de Sara Winter, ex lideresa de Femen Brasil. Sobrecoge escuchar su valiente y duro relato sobre una infancia de violencia, y su lucha contra un profundo sentimiento de abandono. ¿Encontró refugio en la organización Femen?

Si algo sabemos los psicólogos es que no se puede atacar directamente el síntoma del paciente, pues nos encontraríamos con una oposición frontal, e incluso violenta. Los medios de comunicación, mostrando un mundo caótico, sin orden ni Ley, golpean incansablemente el edificio del sujeto en busca del trauma original, de nuestros sentimientos de miedo e indefensión infantiles. Apelan a nuestras primitivas angustias psicóticas depresivas-paranoicas. El individuo así golpeado diariamente, en el maremágnum angustioso de un sistema económico en el cual nada está asegurado y todo es profundamente inestable, se somete en busca de refugio o protección.  El individuo atenúa el golpe a su narcisismo identificándose con el Ideal de la clase dominante, desaparece en la masa junto a su espíritu crítico, y se contenta con las migajas que le caen del festín de los de arriba.

Chesterton, el escritor inglés, en una de las famosas citas que se le recuerdan, dijo: “Lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en cualquier cosa” (Nota 3).

En occidente declinó el predominio de la religión, pero no así el hombre religioso que busca consuelo en un padre espiritual. El paternalismo del cristianismo, fundado en el amor al prójimo, es sustituido por la tutela del Estado, en forma de grupos identitarios que se pelean entre sí, rompen y dividen la sociedad, atacando, incluso, los cimientos del Estado de Derecho.

 

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Los medios de comunicación han convertido la política en una escenificación y la sociedad en un espectáculo donde la tragedia humana se consume como cualquier otro producto. Basta pasearse un rato por programas como Al rojo vivo, de La Sexta, para observar que utilizan el formato thriller para repasar la actualidad política. Antonio García Ferreras destaca por su maestría a la hora de crear suspense, como si de un Hitchcock de la televisión se tratase.

Al igual que han confundido las categorías y el orden de género, lo mismo han hecho con las categorías políticas que, aunque limitadas, servían para ordenar lo que ahora consiguen confundir. Las categorías desde las que pensamos la realidad están viciadas y sirven para enfrentarnos entre izquierda y derecha constantemente por asuntos que, las más de las veces, sólo existen en la ideología. La ideología, como sostén neurótico, actúa como unas gafas que distorsionan y reducen el ángulo de realidad que somos capaces de aprehender. El ser humano piensa y ve el mundo a través del lenguaje, y el lenguaje mediático es perverso. Basta solamente observar que a los ejércitos que utilizan para invadir países los nominan como fuerzas de paz.

Si una dimensión filosófica domina en los mensajes mediáticos, es la dimensión idealista, con un desprecio exacerbado por la realidad. Alberto Garzón, el líder de IU, llegó a decir en un tweet sobre la cuestión catalana: “Que España es un país plurinacional no es una opinión, es una constatación. La nación existe en tanto que haya un amplio grupo de personas que crean que existe” (Nota 4).

Por esa misma regla de tres, si un grupo amplio de personas (habría que ver cómo se define la cantidad suficiente), creen que viven en Marte, quiere decir, impepinablemente, que viven en Marte.

El que primero inscribe en el psiquismo humano es quien tiene todas las de ganar, pues el individuo queda aferrado a su discurso en su parte más vulnerable. Cualquier medio de comunicación (informativos, series, películas, movimientos sociales, ONGs, redes sociales, etc) es herramienta susceptible de transmitir ideología y manipular. La ideología es problemática porque se interioriza sin darnos cuenta vehiculizada en mensajes sensacionalistas o alarmistas. En ningún momento se da una toma de conciencia previa, una discusión argumentada sobre las ideas. Simplemente se absorbe sin pasar por ningún tamiz consciente o racional. La propaganda nos afecta a todos e invade todos los aspectos de nuestra vida. Cuando vemos un anuncio de Coca-cola, no vemos solamente el anuncio de un refresco, estamos comprando la chispa de la vida; hay toda una ideología en este concepto que funciona a nivel inconsciente. La campaña de Adidas, Impossible is Nothing (Nota 5), también esconde una insidiosa ideología. Los mensajes publicitarios apelan a los sentimientos infantiles de omnipotencia, apelan a no renunciar a la totalidad, a pretender seguir queriendo todo, teniendo todo, satisfaciéndonos en todo, ser todo o saberlo todo. El capitalismo es un tren desbocado que para no descarrilar debe eliminar todo límite. Esto es, sencillamente, enloquecedor.

El tratamiento del discurso es siempre sensacionalista, la impronta emocional que deja, a veces incluso traumática, hace difícil el acceso a la palabra y la racionalidad. El ser humano piensa la realidad a través del lenguaje, y lo que no ha sido siquiera nombrado, se absorbe o se expulsa sin pensar.

La actualidad es utilizada como escenario para transmitir ideología. Si el escenario no interesa será silenciado. Si interesa se vehiculiza. Así, por ejemplo, de la guerra en Yemen apenas han dedicado espacio alguno. Sabemos que el grupo terrorista Boko Haram en Nigeria secuestra varones adolescentes, la cifra asciende a 10.000 varones; sin embargo esto no fue noticia hasta que no decidieron secuestrar a 276 mujeres, momento en el cual la noticia inundó todas las televisiones (Jiménez, 2019). ¿Les interesa informar o les interesa transmitir una ideología?

Los medios ofrecen figuras identificatorias, profesionales, generadores de opinión o intelectuales, que se conforman como el Ideal de toda una sociedad. La bajeza moral y la decadencia intelectual que destilan los personajes que pululan por los platós de televisión es de sobra conocida por todos. Los debates se reducen a un griterío histérico mediante el cual se conduce al espectador a trincheras dicotómicas, donde los proyectiles biliosos jamás dejan ver el marco completo de la cuestión. El espectáculo no puede ser más degradante. La política se reduce a un eslogan que pretende llamar la atención y los políticos aplican las decisiones que se generan en los despachos de los poderosos; el nombre del partido político Podemos, es, directamente, un eslogan (Nota 6).

El Ideal es la instancia psíquica que nos observa críticamente, y el Ideal capitalista cada vez se parece más a un niño malcriado y con ínfulas, que tras una máscara de cinismo esconde a un ser sumamente desvalido encerrado en un armario con siete candados.

 

EPÍLOGO

Vivimos una época de desestructuración psíquica del individuo, nos tienen agarrados, dicho en plata, por los huevos, y la mente humana tiene eficaces mecanismos para protegerse de su angustiosa verdad. El individuo reaccionario es aquel que combina sentimientos rebeldes con una enorme sumisión. Todos los individuos llevamos un reaccionario en nuestro interior, y nos debatimos entre pulsiones de ternura y pulsiones agresivas. “La cultura ha de ser defendida contra el individuo” (Freud, 1927: 143) Y hoy especialmente vivimos tiempos destructivos. Tiempos de anomia, desunión y narcisismo, de incapacidad de amar, de anemia del deseo, de individualismo sin individualidad, de cinismo, ignorancia y confusión, de caída de toda torre moral, de ideologías que se interiorizan sin darnos cuenta y legitiman nuestros síntomas. Tiempos en los que se empuja al individuo a la satisfacción egoísta de sus pulsiones, y al hedonismo y la felicidad como fines en sí mismos. Tiempos en los que el sufrimiento se vive de forma especialmente dolorosa bajo el imperativo de ser felices y expulsar lo negativo, pero es lo negativo lo que hay que poner en primera línea.

La moderna ingeniería social utiliza los movimientos sociales para hacer golpes de Estado de falsa bandera. Genera problemas donde no los había para después ofrecer soluciones que van contra el interés de la amplia mayoría social.

La esperanza está en la decisión de tomar la responsabilidad de lo que a cada uno le toca, de afrontar lo que cada uno pueda afrontar, de coger el timón del conocimiento frente al naufragio humanista de las ideologías y el infierno de lo igual, de ese ser humano disminuido agrediéndose frente al espejo.

A nuestros jóvenes hoy, para nuestra vergüenza, sólo se les insulta y se les culpa porque nosotros les hemos abandonado. Tenemos que estar con nuestros jóvenes, protegerles del sistema educativo, advertirles del sistema de propaganda que nubla su juicio, ofrecerles un ejemplo de fe, pasión y esperanza. Un pilar que no pueda ser derribado. De nosotros depende.

 

NOTAS

  1. PREDICCIONES | MEJOR QUE NO SE CUMPLAN. 2020: El Mediterráneo sin playas Y EL NORTE de España está salpicado de palmeras; la gente no lleva abrigo en invierno ante la subida de las temperaturas….Así será la vida si se cumple el informe de la ONU. Recuperado de El Mundo (25 de febrero de 2001): https://www.elmundo.es/cronica/2001/CR280/CR280-13.html
  2. Puede visionar la película Solaris, de Andrei Tarkovsky, junto con un artículo sobre la misma, en el siguiente enlace: https://hoyospsicologo.com/solaris-1972-de-andrei-tarkovski-el-ser-humano-ante-el-cosmos-y-su-conciencia/
  3. Recuperado de: https://www.revistadelibros.com/resenas/podemos-vivir-sin-dios
  4. Alberto Garzón. Recuperado de: https://twitter.com/iunida/status/984495940567478273?fbclid=IwAR1Kk6lT8A9YAcU0hkN0kYqLQapy4Xv3Hzuu8N5Ewlwgg56nyA1oxuJEkX8
  5. Recuperado de: http://theorangemarket.com/impossible-is-nothing-de-adidas/
  6. El eslogan de <<Podemos>> se utilizó anteriormente en la campaña presidencial de 2008 de Barack Obama, bajo la forma de “Yes We Can”.

 

REFERENCIAS

Álvarez, J. M., Colina F. (2016). Las voces de la locura. España: Xoroi.

Freud, S. (1913). Obras completas Vol. XIII. Tótem y tabú y otras obras. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1921). Psicología de las masas. Más allá del principio del placer. El porvenir de una ilusión. España (1984): Alianza Editorial.

Freud, S. (1927). Psicología de las masas. Más allá del principio del placer. El porvenir de una ilusión. España (1984): Alianza Editorial.

Freud, S. (1930) Obras completas. Volumen 17: Ensayos CLIII-CLXV. El porvenir de una ilusión, El malestar en la cultura y otros ensayos. España: Orbis.

Hernández, P. (2018, diciembre 3). Corrupción ideológica en las artes. Fundación Gustavo Bueno. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=iq6RWrAf9is&feature=share

Hoyos, P. (2019, noviembre 7). Niños transgénero ¿Quién sabe lo correcto?. La razón comunista.

Jiménez, D. (2019). La deshumanización del varón. Pasado, presente y futuro del sexo masculino. España: Psimática.

Laplanche, J., Pontalis, J-B. (1996). Diccionario de psicoanálisis. España: Paidos.

Maestro, J. G. (2018, enero 12). Teoría de la «Identidad»: gremios, lobbies y sociedades humanas no gubernamentales. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=gXxmJHTpThU&feature=youtu.be

Recalcati, M. (2014). El complejo de Telémaco. Padres e hijos tras el ocaso del progenitor. España: Anagrama.

Wechsler, E. (2008). Arrebatos femeninos, obsesiones masculinas. Clínica psicoanalítica hoy. Argentina: Letra Viva.

 

IMAGEN

1. Brueghel el Viejo, P. (1568). La parábola de los ciegos.

2. El Roto.

PorPedroHoyos

El dilema de “Hey Joe”, la canción popularizada por Hendrix, sobre la violencia de género y la destructividad humana

A mis colegas no les interesaba nada en absoluto tratar de comprender las causas de la violencia; por tanto, no les interesaba reducir la violencia, sino que parecían experimentar cierto placer imaginándose la soga en torno al cuello de Joe mientras predicaban contra la maldad humana.

Eran los años 60 y corrían tiempos más benévolos con la libertad de expresión, tanto es así que canciones que planteaban situaciones de violencia contra la mujer de una manera cruda, como Hey Joe, no suponían ningún conflicto para las feministas de entonces.

En la canción Joe mata a su mujer porque esta le engaña con otros hombres. Una vez perpetrado el crimen el Estado busca a Joe para colgarle.

Pueden escuchar la interpretación de Hey Joe que hizo Hendrix en el siguiente enlace, con la letra subtitulada al español.

A finales de los 90, siendo yo un adolescente, plantee a mis colegas de entonces el dilema que me sugería esta canción:

¿Qué es moralmente más reprobable, la mujer de Joe por engañarle con otros hombres, Joe por matar a su mujer, o el Estado por disponer que Joe debe ser colgado?

Sin dudarlo mis colegas señalaron a Joe como fuente de todo mal, y más que el acto, condenaron a la persona (en este caso personaje ficticio). Aquí comprendí, de forma cristalina, que mis compañeros, tan de izquierdas, eran una caterva de reaccionarios, como después el tiempo me demostró sobradamente.

La principal característica del reaccionario: el goce que experimenta dando rienda suelta a su pulsión de muerte.

Y es que, lo que se deduce aquí, son una serie de asuntos de no poca importancia. Para empezar, a mis colegas no les interesaba nada en absoluto tratar de comprender las causas de la violencia; por tanto, no les interesaba reducir la violencia, sino que parecían experimentar cierto placer imaginándose la soga en torno al cuello de Joe mientras predicaban contra la maldad humana. Esta es, a mi juicio, la principal característica del reaccionario, el goce que experimenta dando rienda suelta a su pulsión de muerte. El reaccionario suele ser una persona con escaso conocimiento de su mundo interior, por tanto, impermeable a la detección y autocrítica de sus impulsos violentos. Tal como indicaba el psicoanalista Wilhelm Reich en Psicología de masas del fascismo, las características reaccionarias están determinadas por la estructura de personalidad del individuo, y menos por su filiación política, a la izquierda o a la derecha. Se habla siempre de la educación, sin duda pieza básica de toda sociedad, pero nunca se habla de la crianza, y la crianza es la primera piedra de la personalidad.

La pulsión de muerte, conceptualizada por Freud en Más allá del principio del placer (1920), es un impulso destructivo que va más allá de una economía pulsional que busque placer e intente evitar el dolor. En la destrucción de la pulsión de muerte puede haber sufrimiento, mucho sufrimiento, pero también un goce inconsciente en ese sufrimiento.

Si nuestra sociedad no está preparada para el ateísmo, destruir el catolicismo, sin ofrecer nada mejor a cambio, es potencialmente destructivo.

Esto me lleva a pensar, desde mi ateísmo, sobre el papel que jugaba el catolicismo en España como freno a esta destructividad. No olvidemos que el pilar fundante del cristianismo, y sin embargo el más olvidado, es el dogma de la gracia divina: Cristo pagó con la crucifixión por nuestros pecados. Este mecanismo cultural de redención es no poco importante para equilibrar la destructividad humana. Y es que, si nuestra sociedad no esta preparada para el ateísmo, destruir la preponderancia del catolicismo sin ofrecer nada mejor a cambio, es potencialmente destructivo.

Los medios de comunicación, libres del freno moral de una cultura católica, han dado rienda suelta a ideologías posmodernas que canalizan la destructividad hacia instituciones fundantes de nuestra sociedad, como la familia o la nación. La primera nos provee de amor y estabilidad para construirnos como individuos, de la segunda emanan nuestros derechos ciudadanos.

Para terminar, no olvidemos tampoco, que la opinión pública está muy determinada por la opinión publicada.

PorPedroHoyos

Los que fracasan al triunfar. El caso de Franz Kafka

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Es fácil entender la inhibición que le puede sobrevenir a una persona como consecuencia de una serie de fracasos continuos, pero más difícil parece dilucidar qué le ocurre a una persona cuando se boicotea a sí misma para no ver cumplido un deseo de éxito; o que enferma, de alguna manera, cuando el éxito se consuma.

Freud, en su texto Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico, nos explica que cuando la frustración exterior cede al cumplimiento del deseo surge una frustración interior, un conflicto con los poderes de la conciencia moral impiden disfrutar del éxito. En otras palabras, un conflicto inconsciente nos genera culpa. Estas fuerzas de la conciencia moral se entraman íntimamente con el complejo de Edipo, como quizás lo hace nuestra conciencia de culpa en general.

Pero para profundizar un poco vamos a conocer el caso real del célebre escritor Franz Kafka

Franz Kafka, nacido en Praga en 1883, escribió obras como El proceso o La metamorfosis, que supusieron un enorme impacto en la literatura universal. Un aspecto fundamental que marcó su vida y su escritura fue la relación que tuvo con su padre. En noviembre de 1919 Kafka escribe una carta a su padre, publicada póstumamente en 1952 con el título Carta al padre.

Carta al padre

En este texto Kafka, con una valentía, lucidez y sinceridad excepcionales, relata el carácter maltratador que su padre tuvo con él desde la infancia, y las consecuencias psíquicas que le dejó esta relación. Escribe Kafka:

“Tú estabas dotado para mí de eso tan enigmático que poseen los tiranos, cuyo derecho está basado en la propia persona, no en el pensamiento…

Yo estaba bajo tu enorme peso, en todo mi pensar, incluido el que no coincidía con el tuyo, y sobre todo en ése. Todos esos pensamientos aparentemente autónomos estaban hipotecados desde un principio por tu juicio desfavorable; soportar eso hasta la realización completa y duradera del pensamiento era casi imposible. No hablo aquí de ningún pensamiento elevado sino de cualquier pequeña empresa de la infancia. Sólo hacía falta ser feliz por cualquier cosa, estar encantado con ella, llegar a casa y decirlo, y la respuesta era un suspiro irónico, un sacudir la cabeza, un tamborileo sobre la mesa…

Esos desengaños del niño no eran desengaños de la vida corriente sino que, por tratarse de tu persona, medida de todas las cosas, llegaban hasta la médula. El coraje, la decisión, el optimismo, la alegría por esto o por aquello no se mantenían hasta el final cuando tú estabas en contra o incluso cuando uno sólo suponía que tú estabas en contra; y eso se podía suponer en casi todo lo que yo hacía”.

Este padre no adopta un papel de autoridad, sino un papel autoritario. El padre, el espejo idealizado donde todo niño construye su identidad y sus sentimientos de sí mismo, lo encuentra Kafka convertido en un tirano que le devuelve gestos burlones y desprecio. El niño necesita su aprobación pero nada de lo que hace le sirve, el conflicto fundamental que persiste en el Kafka adulto es expresado por el propio autor de la siguiente manera:

“Vivía bajo unas leyes que sólo habían sido inventadas para mí y que además, sin saber por qué, nunca podía cumplir del todo…

Yo vivía en perpetua ignominia: o bien obedecía tus órdenes, y eso era ignominia, pues tales órdenes sólo tenían vigencia para mí; o me rebelaba, y también era ignominia, pues cómo podía yo rebelarme contra ti; o bien no podía obedecer, por no tener, por ejemplo, tu fuerza, ni tu apetito ni tu habilidad, y tú sin embargo me lo pedías como lo más natural; ésa era, por supuesto, la mayor ignominia. De este género eran, no las reflexiones, sino los sentimientos de aquel niño”.

Kafka ha recibido un llenado narcisista tan insuficiente que se aferra a la identificación paterna, quedando atrapado en un conflicto donde haga lo que haga sentirá el duro juicio de su conciencia moral. Una conciencia moral muy primitiva y precariamente construida, y por tanto cruel en extremo. Las consecuencias son explicadas también por el propio autor:

“Cuando yo empezaba a hacer algo que no te gustaba y tú me amenazabas con el fracaso, mi respeto a tu opinión era tan grande que ese fracaso, aunque tal vez viniese más tarde, ya era inevitable. Perdí la confianza en lo que hacía. Era inseguro, dubitativo. Cuantos más años iba teniendo, tanto mayor era el material que tú podías presentarme como prueba de mi nulidad; poco a poco empezaste a tener realmente razón, en cierto sentido”.

En varias ocasiones insiste en que no puede liberarse de su padre. El autor sólo puede canalizar este conflicto nuclear, aparentemente irresoluble, desarrollando una neurosis obsesiva que se manifiesta, sobre todo, en una enorme inhibición de su vida pulsional, en una evasión de la vida y sus grandes decisiones. Tanto es así, que Kafka podría haber obtenido éxito con su literatura y con su futuro matrimonio, pero abortó ambos proyectos, no se casó y apenas quiso publicar en vida, poco antes de morir pidió que se destruyera su obra.

“La opinión que tenía de mí dependía de ti mucho más que de ninguna otra cosa, de un éxito exterior por ejemplo. Eso era un estímulo que duraba un instante, y fuera de eso, nada; pero en el otro lado, tu peso empujaba cada vez con más fuerza hacia abajo”.

Finalmente aborta su proyecto de matrimonio:

“El matrimonio es, sin duda, garantía de la más radical autoliberación e independencia. Yo tendría una familia, lo máximo que se puede alcanzar según mi opinión, o sea, también lo máximo que has alcanzado tú, yo sería igual a ti, toda la antigua y perpetuamente nueva ignominia y tiranía habrían pasado a la historia. Eso sería en efecto maravilloso, pero ahí está también el problema. Es demasiado, tanto no se puede alcanzar…

Para llegar a eso habría que invalidar todo lo sucedido, o sea, tendríamos que eliminarnos a nosotros mismos”.

“Tengo que renunciar”.

“Tengo que elegir la nada”.

La carta nunca fue entregada a su padre. La culpa pareció perseguir a Kafka toda su vida. Josef K., el personaje protagonista de El proceso, amanece un día con dos funcionarios de justicia al pie de su cama anunciándole que ha sido acusado en un proceso judicial. El señor K. es culpable de algo y no sabe de qué, a partir de ahí comenzará un proceso truculento donde nada parece tener sentido, donde haga lo que haga es inútil. ¿Hasta qué punto la vida de Franz Kafka se asemejó a esta pesadilla?.

Con un sufrimiento como el de Kafka, la terapia cognitivo-conductual, en teoría, chocaría frontalmente, pues el propio autor ha llegado él solito a la expresión de la creencia nuclear distorsionada de su neurosis, y sin embargo la neurosis persiste. Expresar el conflicto no supone resolverlo, Kafka habría necesitado atravesar sus fantasmas de completud, conectar con las emociones desplazadas, en especial el odio y la agresividad volcada sobre sí mismo, habría necesitado jugar su relación fantasmática con su padre en la seguridad de una relación honesta. Recordar para dejar de repetir, conectar con su agresividad para liberarla.

No pudo ser pero creo que sin duda Kafka es un buen ejemplo de los que fracasan al triunfar.

Fuentes

Algunos tipos de carácter dilucidados por el trabajo psicoanalítico. Sigmund Freud. Obras Completas Editorial Amorrortu vol. 14. 1916.

Carta al padre. Franz Kafka.

PorPedroHoyos

Depresión. ¿Qué estamos haciendo mal?

Según la OMS el número de personas en el mundo con depresión o ansiedad aumentó en cerca de un 50% entre 1990 y 2013. Más recientemente, entre 2005 y 2015, los casos de depresión han aumentado un 18%. La depresión encabeza la lista de causas de enfermedad. ¿Qué esta pasando?

¿Realmente esta aumentando el número de personas deprimidas?

Es posible que el número de diagnósticos haya crecido debido a la progresiva laxitud de los criterios diagnósticos.

En la tercera edición del Manual de Diagnósticos Psiquiátricos (DSM-III), del año 1980, el diagnóstico de depresión quedaba excluido si la persona padecía síntomas depresivos a consecuencia de un duelo. Este criterio se modificó arbitrariamente en la cuarta edición del manual, publicado en 1994, en este momento se considera depresión si los síntomas acaecidos por un duelo persisten más de dos meses. Es decir, si por ejemplo tu pareja ha fallecido y tu estado de ánimo depresivo dura más de dos meses, técnicamente tienes un trastorno depresivo mayor. Esto, que a todas luces es un disparate, no terminó aquí, pues en la última y más reciente edición del manual, la número V, ya no existe el criterio eximente por duelo. Es decir, que estar decaído por la muerte de una persona querida, no se considera normal y natural, sino un trastorno psicopatológico. Puedes ser diagnosticado solamente con padecer síntomas depresivos durante dos semanas.

¿Qué es una depresión?

Si la tristeza y el llanto dura largo tiempo, tal estado es melancólico” (aforismo 23 del libro VI de los aforismos de Hipócrates (460-370 a.C)).

Desde tiempos de Hipócrates lo que hoy conocemos por depresión se nombraba como melancolía.

Decía Freud en el Manuscrito G:

“El afecto correspondiente a la melancolía es el del duelo […]; es decir, el anhelo de algo perdido”

Ese algo perdido puede ser una persona, un pilar que te sostenía, una posibilidad de satisfacción del deseo, etc. Pueden ser personas, objetos externos o internos.

  • La depresión puede venir como un duelo del deseo, no hay posibilidad de satisfacción, lo que la persona ha perdido es insustituible. No deseamos, no obtenemos placer, nos inhibimos.
  • La depresión puede venir por un conflicto inconsciente con el deseo. El deseo está prohibido por tu sistema moral.
  • La depresión puede venir por un sentimiento de culpa abrumador y una necesidad de castigo.

En todos los casos la depresión esta relacionada con una pérdida que no puede, o que no pudo, tramitarse.

Al no poder tramitarse seguimos sintomáticamente adheridos a esa pérdida que no soltamos. Sólo cuando podemos soltar es cuando la pérdida se convierte en falta, y la falta nos impele a volver a desear.  “Toda la actividad humana está motivada por el deseo o el impulso”, decía el filósofo Bertrand Russell.

Por tanto, el deseo se renueva si el duelo se procesa adecuadamente, tenemos que permitirnos estar tristes un tiempo, recogernos en nosotros mismos. Decía Flaubert que la melancolía es un recuerdo que se ignora. Una falta remite a otra y a otra y a otra, llegando así a la falta original, la pérdida del paraíso maternal. La vida es un camino donde hay ganancias y pérdidas, perdemos personas y cosas que amamos.

¿Qué ocurre si no podemos perder?

“La sombra del objeto cae sobre el yo”

Freud

Según Duelo y Melancolía, de Sigmund Freud, un duelo puede problematizarse y convertirse en depresión. Supongamos una persona que desde pequeño ha recibido poco amor, si forma una pareja es posible que sus sentimientos de sí mismo necesiten demasiado del amor de su pareja. Si es dejado se sentirá abandonado, no puede destruir la identificación con su pareja, la natural agresividad que le despierta el rechazo puede dirigirse contra sí mismo. Decía Freud que es como si una sombra cayera sobre el yo.

La persona no puede tramitar la pérdida en falta. El sufrimiento será   inmenso, los sentimientos de sí mismo se verán atacados. Menosprecio, inferioridad, sentimientos de fracaso, incapacidad para sentir placer, inhibición en las actividades diarias, tristeza, vacío, incluso sentimientos de suicidio, pueden darse en grado sumo.

¿Qué estamos haciendo mal?

Lo primero que habría que decir en este punto es el problema de la sobremedicación y la falta de tratamientos adecuados. Según la OMS el 50% de las personas con depresión no reciben tratamiento. Pero aunque lo reciban, puede que no sea el adecuado. En depresiones exógenas, originadas por conflictos inconscientes, la medicación no surtirá ningún efecto beneficioso, pero sí puede crear dependencia.

¿Es útil referirnos a la depresión como una enfermedad?

¿Estaba Hamlet, el célebre personaje de la obra homónima de Shakespeare, deprimido? ¿Le habría servido de algo tomar medicación y salir más a hacer deporte? Más bien parece que estaba atrapado en una conflictiva edípica muy compleja.

Cada caso es único, en ocasiones la persona acude a consulta tan angustiada que recibir una etiqueta diagnóstica puede calmarle lo suficiente y prepararle para iniciar un tratamiento. Pero con frecuencia referirnos a la melancolía como una enfermedad -la depresión-, despersonaliza y elimina la subjetividad. Con frecuencia la persona acude a consulta pidiendo una cura para su depresión. La persona no se responsabiliza de su dolor, al cual no le dota de sentido subjetivo, sino que pide ser curado pasivamente. Esto en no pocas ocasiones cronifica el problema.

Es necesario permitir la tristeza para no deprimirnos

Por paradójico que parezca, es necesario permitir la tristeza para no deprimirnos. En nuestra sociedad actual parece haber una tendencia a negar esta falta originaria del ser humano, esta falta que permite aceptar la pérdida. La publicidad y el sistema de propaganda nos vende una ideología que, ilusoriamente, pretende sostener nuestros deseos de omnipotencia. Miles de productos y distracciones para negar el dolor de la pérdida. No se permite estar triste. Si no hacemos un duelo que permita renovar el deseo nos entregamos al consumismo o las adicciones. El poeta Baudelaire hablaba del spleen de París, una especie de sentimiento de hastío, un vacío que, tanto más se horada cuánto más negamos la pérdida con el consumo.

Epílogo

 En síntesis, no sabemos si la depresión aumenta en el mundo, pues los criterios diagnósticos están viciados, un duelo antaño normal, ahora supone medicación. La depresión tiene que ver con la pérdida y el duelo por esa pérdida, si este se problematiza podemos entrar en bucles de sufrimiento muy peligrosos. La sociedad española esta sobremedicada pudiendo generar relaciones de dependencia con la medicación y cronicidad del trastorno.

Hablando de melancolía recuperamos la subjetividad de los dolores humanos. Se ha identificado a Saturno como el dios de la melancolía, de la agricultura y las cosechas, que también necesitan su período de duelo. Para los griegos Saturno era el titán Cronos. Cronos lo tenía todo, copulaba con su hermana Rea y devoraba a todos sus hijos. No tenía falta, todo lo devoraba; pero tampoco permitía que algo creciera y le destronase de su omnipotencia. Quizás como sociedad empezamos a parecernos a Cronos, quizás necesitemos a un Zeus, que protegido por Rea y criado por Gea, la Madre Tierra, haga regurgitar a Cronos todo lo que ha devorado, para que desalojando todo el dolor que evitábamos sentir, aceptemos la falta, recuperemos el deseo y la capacidad de amar.

Fuentes

http://www.who.int/es/news-room/detail/13-04-2016-investing-in-treatment-for-depression-and-anxiety-leads-to-fourfold-return

http://www.rtve.es/noticias/20170407/depresion-sigue-aumento-encabeza-lista-causas-enfermedad/1519429.shtml

DSM III.

http://displus.sk/DSM/subory/dsm3.pdf

DSM IV.

http://www.psygnos.net/biblioteca//DSM/Dsm.htm

DSM V.

www.psicoaragon.es/wp-content/uploads/2017/06/DSM-5.pdf

Duelo y Melancolía. Sigmund Freud.

https://psicovalero.files.wordpress.com/2014/11/sigmund-freud-duelo-y-melancolc3ada-1915-1917-t14.pdf

Manuscrito G. Sigmund Freud.

http://psicopsi.com/Manuscrito_G_Melancolia_sin_fecha_7_de_enero_de_1895.asp

Libro VI de los aforismos de Hipócrates.

Imagen

Subway (1950). George Tooker.

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